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Los seguros como instrumento de inversión

Para muchos es un gasto, para otros inversión pero… ¿qué tipo de seguro te permite invertir en el largo plazo? Conoce las distinciones y los riesgos.

10-01-2014, 9:12:59 AM
Los seguros como instrumento de inversión
Alejandra Palomares Barrios

¿Los seguros sirven para invertir? He sostenido largas discusiones con agentes de seguros al respecto –de hecho, vengo de una familia de aseguradores– y la respuesta siempre es la misma: puede ser. Empecemos por entender qué es un seguro. Como su nombre lo dice, un seguro es un servicio financiero que una empresa nos brinda en caso de una contingencia; es decir, nosotros nos comprometemos a ahorrar un dinero con ella y en caso de que suframos un siniestro, esta compañía cubre nuestros gastos y, en algunos casos, actúa con nosotros, ya sea con la asesoría de un abogado, un médico o un taller mecánico.

Como ese ahorro que mantenemos con la aseguradora lo compartimos con otros clientes de la misma, se crea un fondo conjunto que la compañía invierte bajo reglas estrictas estipuladas por ley con el único fin de mantener el poder adquisitivo y así cubrir las eventualidades de los asegurados.

Entonces, hasta aquí, quien invierte es la compañía y no nosotros. Seguros como el de casa, automóvil o gastos médicos, entre otros, son en realidad un gasto, por mucho que les cueste admitirlo a los agentes. Lo ideal es no utilizarlos, pues eso quiere decir que estamos sanos y salvos, por lo que se convierten en un dinero que en ocasiones podemos nunca ver de regreso, pero al menos estaremos protegidos.

Y esa seguridad, por supuesto, tiene un costo en el que vale la pena destinar nuestro dinero, pues de otra manera tendríamos que solventar los incidentes por nuestra propia cuenta, y en ocasiones, en los peores momentos, cuando menos lo esperamos.

Por lo tanto, y resumiendo, los seguros son fondos de contingencias que debemos contemplar en nuestros presupuestos, pero hasta aquí no son un instrumento en el que podamos invertir nuestro dinero como tal.

Seguros para invertir

Ahora bien, no todos los seguros operan igual y sirven para lo mismo. Existe un grupo al que suelen llamarle patrimonial, donde caben los seguros de vida, dotales y con inversión, entre los más comunes. La característica que comparten es que el dinero que se destina en ellos sí tiene un retorno de alguna manera; es decir, son una cobertura en caso de que fallezcamos o quedemos impedidos para trabajar. También existen los que protegen la educación de nuestros hijos o nos ayudan a sumar para nuestro retiro.

Todos ellos, además de tener un retorno (en vida o para nuestros beneficiarios), también permiten invertir, pues el dinero que recibimos al término del seguro tiene un componente de interés compuesto (esos que se van sumando en el tiempo).

Entonces, aunque estos seguros también pueden representar un gasto, principalmente de administración del dinero por parte de la aseguradora, en realidad sí son instrumentos que nos permiten invertir. Además, al ser instrumentos estrictamente regulados por la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas, suelen manejar estrategias de riesgo medio o bajo (similar a lo que sucede con las afores).

Esto es así porque las aseguradoras no pueden “jugarse” el dinero de sus fondos tan libremente como lo haría un inversionista particular, pues su fin último no es ese, sino proteger en caso de contingencias. Por lo tanto, los instrumentos en los que invierten deben tener cierta liquidez y suficiente seguridad (bajo riesgo) para no perderlo todo y soportar minusvalías.

Pero ojo: nuevamente, en estos seguros patrimoniales, tú no decides en qué debe invertir la aseguradora (como lo harías con un contrato de intermediación en una casa de bolsa).

Tú solo compras un servicio financiero que te ofrece una protección con un rendimiento determinado.

Los seguros con un componente de inversión, generalmente son coberturas en las que una parte de ellas se puede manejar con mayor libertad. Por lo regular, las aseguradoras arman portafolios de inversión que adhieren a estos seguros para poderlos ofrecer a sus clientes. Los clasifican de acuerdo con la aversión al riesgo de sus clientes: moderados o agresivos.

Estos seguros son similares a los Planes Personales de Retiro, en los que dejas protegidos a tus beneficiarios en caso de que fallezcas, pero tienen un plazo determinado (por lo regular hasta que cumplas entre 50 y 65 años) para que puedas gozar de los rendimientos obtenidos.

Recomendaciones generales

Cualquiera que sea la opción que elijas, algo que es imprescindible cuando compras un seguro –además de entender su funcionamiento y cobertura– es conocer las condiciones y restricciones que pueden tener.

Mucha gente desconfía de los seguros, porque cuando quiere cobrarlos o hacer uso de ellos no lo logra, debido a que desconocía las condiciones pactadas en que podía hacerlo.

Como en cualquier contrato o recibo que adquirimos es muy importante leer completos los documentos, incluidas las letras pequeñas.

Cualquier duda nunca está demás, por muy básica o obvia que parezca, debemos aclararla con nuestro agente de seguros, pues ese es su trabajo. Otro consejo es no dejarte presionar. Un buen promotor te dejará revisar todos los documentos e información que te brinda el tiempo que sea que necesites y sabrá esperar y asesorarte para que tomes la decisión que más te conviene a ti y no a él. Esto último nunca lo olvides. Si tu agente de seguros no te brinda ese servicio, pídele a la aseguradora que te asigne otro y reporta cualquier irregularidad.

¿Usas tu seguro como inversión de largo plazo?

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