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Lecciones para los CEO desde la fama

Algunos emprendimientos surgen de la cruda realidad, otros, de un sueño, mientras algunos utilizan la popularidad como palanca.

30-04-2012, 1:16:39 PM
Lecciones para los CEO desde la fama
Rodrigo Mora | Fotos Olga Laris

“La fama es caprichosa y lo sé. Tiene sus enormes
beneficios, pero también se desvanece; así, de la nada”, dijo  en alguna ocasión la célebre Marilyn Monroe,
la mujer que lo tuvo todo, lo desaprovechó y murió en la decadencia absoluta. Y
es que cuando una persona se convierte en figura pública, no hay vuelta atrás:
la prensa asesta el golpe mortal si fracasa.

Ese es un motor que, a diferencia de otros empresarios, los
denominados “famosos”,  tienen. Ellos no
se pueden equivocar en silencio. Y quienes por error caen, no recuperarán la
fama que por muchos años cultivaron.

Por ello, los más precavidos empiezan una carrera paralela
como empresarios, invirtiendo sus ganancias en compañías que les aseguren un
futuro con rendimientos y emplean su imagen pública, su acceso a medios y su
poder de convocatoria a favor de sus negocios personales.

Cuna del show business, Estados Unidos nos ha dado grandes lecciones
acerca de celebridades que han explorado exitosamente el mundo de los negocios
para convertir su imagen, su nombre y su creatividad en marcas multimillonarias
que les pagan, en muchas ocasiones, mucho más que sus proyectos de índole
artística.

Algunos ejemplos son: Jennifer López, quien ha desarrollado
un enorme negocio dentro de la celosa industria de la moda, cuyas facturas
anuales rebasan por mucho los 130 millones de dólares (mdd). Por otro lado, la
rockera Gwen Stefanni creó una  marca de
ropa que, ante el escepticismo de los especialistas, hoy genera cerca de 90
mdd. El actor de Melrose Place, Andrew Shue, canjeó la pantalla chica por su
estabilidad financiera: un portal de internet para mamás, que hoy tiene más de
2 millones de suscriptores y genera cerca de 6.7 millones de dólares, según la
publicación Business Insiders. Las Gemelas Olsen se convirtieron en las
adolescentes menores de 16 años más ricas del mundo. Les bastó una popular
serie de televisión (Tres por tres) y dirigir sus subsecuentes productos a un
mercado cautivo (las niñas) para que hoy, según Forbes, posean una firma de
accesorios cotizada en más de 1,000 mdd.

El impacto de estas marcas es enorme.

De hecho, su verdadero mérito es que generan una importante
derrama de impuestos, importaciones, exportaciones, flujo interbancario,
cadenas de valor, sueldos y empleos en diferentes niveles y para diversos
perfiles: maquiladores, empacadores, cocineros, diseñadores,
administradores,  contadores, elementos
de seguridad, modistas, empleados, creativos, publicistas, inversionistas y
muchas personas.

Todos viven de estas empresas, cuyo éxito recae en el nombre
de una sola persona con un rostro que es exhibido en todos lados.

¿Y en México? Aquí son pocos son los visionarios que han
logrado combinar su profesión ante la cámara o en los escenarios con una vida
empresarial exitosa.

Algunos, por falta de tiempo; otros, por falta de visión y
muchos más por escepticismo y dudar de sus capacidades como jóvenes
emprendedores. Sin embargo, Alan  Estrada
(actor y host de un show de variedades), Carla Medina (conductora), Erika  Zaba (cantante), Mariana Ochoa (cantante y
actriz) y Samo (cantante y compositor) son claras muestras de que el
histrionismo no está peleado con el éxito empresarial.

 

 

¿Qué consejos le darías a los CEO de México?

Para saber más:

.Cómo llegar a CEO

.Decálogo del CEO sobre ‘cloud computing’

.Los mejores 20 CEOs de los últimos 20 años

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