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Lex Greensill: Hijo de granjeros, hizo negocios con Pemex y protagonizó el escándalo financiero de 2021

14-12-2021, 11:01:08 AM Por:

Hoy el futuro de Lex Greensill es incierto. Él mismo se declaró responsable del colapso de su firma, pero niega haber cometido fraude.

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Es común que los medios especializados en negocios hagan un recuento de los escándalos financieros y fraudes corporativos cada año. Pero 2021 probablemente sea recordado por uno en especial, uno de los más grandes de este incipiente siglo dada su complejidad, por los poderosos personajes involucrados, y por los grandes gigantes financieros que cayeron en este timo.

Y este escándalo es protagonizado por un joven australiano, hijo de granjeros de sandías, que llegó a ser asesor del gobierno del Reino Unido con oficina propia en Downing Street 10 y que fue visto como un gran innovador en el sector financiero.

Alexander David, mejor conocido como Lex, Greensill nació en 1976 en Bundaberg, una ciudad de Queensland, Australia. Su familia tenía una granja de sandías y caña de azúcar, pero el granjero se volvió banquero a partir de 2001, cuando fue a Londres, el corazón financiero de Inglaterra y Europa, a trabajar en Citigroup y Morgan Stanley.

Fue en este segundo banco en el que conoció a Jeremy Heywood, un personaje que sería determinante para el éxito de Lex Greensill en los negocios. Heywood era un reputado funcionario de la administración pública británica.

En 2011, Lex fundó su compañía, Greensill Capital, mientras que Heywood fue nombrado en 2012 secretario de gabinete, el puesto más alto en Reino Unido, solo por debajo de la Reina y el primer ministro, en el gobierno de David Cameron. Heywood no dudó en llevar a su compañero de trabajo a ser asesor del gobierno conservador de Cameron y le entregó una oficina.

“Creo que mi único derecho a la fama es ser el único chico de Bundaberg que ha tenido una oficina en el número 10 de Downing Street aquí en Londres”, diría una vez Lex Greensill.

¿Y qué hacía Greensill Capital?

Su conexión con el corazón del poder británico le dio una posición privilegiada para que su compañía prosperara en un negocio antiguo y nada ‘sexy’: el financiamiento a proveedores.

Por ejemplo, una empresa provee un servicio a otra más grande, por la que recibirá un pago; sin embargo, dicho pago puede demorarse más de lo que puede tolerar el proveedor, y ahí es cuando entra un tercero: ‘compra’ la cuenta por cobrar, da el dinero al proveedor con un descuento y este cobra la factura que la empresa se comprometió a pagar.

Este esquema se conoce en México como factoraje y es recurrido por las empresas cuando tienen cuentas por cobrar y necesitan liquidez rápidamente, por lo que no pueden esperar al plazo de pago y van con una de estas empresas de factoraje, les ceden la factura y obtienen su dinero con una comisión, descuento o tasa de interés pactada.

Para ser un negocio bastante aburrido, Lex Greensill lo supo vender muy bien. Lo llamaba “programas de financiamiento a cadenas de suministro” y aseguraba que usaba tecnologías emergentes como inteligencia artificial y análisis de datos para analizar los riesgos y decidir a quién otorgar financiamiento.

La mayor parte de mi equipo viene de bancos comerciales y de compañías de tecnología. Es lo que somos como compañía”, dijo Greensill en una entrevista a este reportero en 2016.

Dos años antes, Lex compró un banco alemán en bancarrota por la crisis de 2008 y lo rebautizó como Greensill Bank. Además de obtener dinero para el negocio de cadenas de suministro, utilizó este banco para comprar sus jets privados.

El nuevo rey del acero

Otra persona clave para que el negocio de Lex Greensill volara fue Sanjeev Gupta, un joven emprendedor inglés de ascendencia india que se convirtió en una especie de rey del acero. Gupta fundó GFG Alliance (Gupta Family Group) y estaba comprando acereras, fundiciones de aluminio y otros activos relacionados con la industria siderúrgica. Gupta necesitaba dinero para comprar y Greensill, un cliente a quien financiar, así que la asociación entre ambos se convirtió en una relación simbiótica.

Greensill Capital recaudó miles de millones de dólares en préstamos y créditos para GFG Alliance para que pudiera comprar acerías y fundidoras. Las instalaciones que poseía daban trabajo a más de 35,000 personas, por lo que fue visto como un salvador en la industria y erigido el nuevo rey del acero.

Estos grandes volúmenes de negocio llevaron a Greensill Capital de ser una empresa emergente a jugar en las grandes ligas del sector financiero. Empezaron a llegar grandes clientes, como Airbus, Ford y Vodafone. Lex comenzó a labrar su imagen de un disruptor que tenía una solución innovadora para los negocios.

Al ‘rescate’ de Pemex

En 2015, el consejo de administración de Pemex aprobó ampliar el plazo de pago a proveedores hasta 180 días. Los precios del petróleo habían caído, la empresa estatal cayó en su enésima crisis de falta de liquidez y tomó la decisión drástica de demorar pagos, aunque significara asfixiar más a sus contratistas.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) facilitó un esquema de factoraje a través de Nacional Finan­ciera (Nafin) para los proveedores que no pueden aguantar seis meses sin cobrar sus facturas, pero no todas las empresas podían asumir el costo financiero.

Ya con su fama de exitoso financiero, Greensill llegó con la solución: Un esquema similar al factoraje pero que no era factoraje; solamente se aplicaba un descuento sobre la factura por cobrar y no se aplicaban costos de apertura o administración. Además, se aseguraba que el contratista no asumía riesgos en caso de impago de Pemex.

De esta forma, Pemex y Greensill firmaron en 2016 un acuerdo con el que se estableció un programa de financiamiento para permitir a sus proveedores el pago anticipado de sus facturas en dólares.

Lo cierto es que ese riesgo de impago era mínimo o nulo, porque Pemex siempre ha tenido el respaldo del gobierno federal para cumplir sus obligaciones financieras, por lo que este era un gran negocio para Greensill.

“Estamos muy felices de apoyar a los proveedores de cualquier tamaño, sean locales o extranjeros. Pemex ha dado un paso muy grande trayendo capital extranjero para ase­gurar que los proveedores sean pagados. En este momento, Pemex pasa por una situación difícil, y por esto está modificando sus contratos, lo que ha sido doloroso para varios proveedores. Sin embargo, nosotros estamos ahí para asegurar que su pago sea rápido”, dijo Greensill en aquella entrevista.

La firma aseguraba que contaba con 5 mil millones de dólares para financiar a proveedores de la petrolera estatal y que había 160 contratistas interesados en participar en el programa.

Se buscó a Pemex para preguntar si aún tenían registrado a Greensill Capital en su programa de cadenas productivas y cuántos proveedores habían recibido financiamiento a través de este, pero al cierre de este artículo no se había tenido respuesta.

Un ex primer ministro como empleado

Lex Greensill estaba en el momento cumbre de su carrera. En 2017 el Príncipe Carlos le otorgó el título de Comandante de la Orden del Imperio Británico por sus servicios a la economía. Recibía elogios del stablishment británico y seguía haciendo negocios alrededor del mundo. Por si fuera poco todo lo anterior, también tuvo a nada más y nada menos que a un ex primer ministro como empleado.

David Cameron renunció en 2016 a su cargo después de que el referéndum del Brexit dijo sí a la salida de la Unión Europea, aunque el político conservador, quien permitió la realización de la consulta, apostaba a que ganaría la decisión de permanecer en el bloque europeo.

En 2018 se unió a Greensill Capital, contratado por sus contactos e influencia en el circuito político de Londres. De este modo, Cameron trabajaba para quien antes fue su asesor, por un sueldo mucho más jugoso del que percibía como primer ministro, confesaría después.

Los grandes clientes y respaldos del sector financiero siguieron llegando. En 2018 la firma de equity capital General Atlantic invirtió 250 millones de dólares en Greensill Capital, que para entonces afirmaba haber ayudado a millón y medio de proveedores de 50 países con 40 mil millones de dólares en financiamiento. Entonces la firma estaba valuada en 1,640 millones de dólares.

Credit Suisse compró 10,000 millones de dólares en activos respaldados por las facturas por pagar que tenía Greensill y en 2019 SofBank, el gigante financiero japonés, invirtió 1,500 millones de dólares en la firma de Lex.

El inicio del colapso

El momento que vivía Lex Greensill y su firma era inmejorable, tenía acceso a financiamiento de distintas partes, era elogiado en la prensa como el nuevo genio de las finanzas y grandes conexiones con la política británica. Inclusive la firma tenía planes de salir a Bolsa.

En 2019, el regulador bancario británico comenzó a investigar silenciosamente un banco propiedad de Sanjeev Gupta, el empresario que lo ayudó a despegar en su carrera meteórica. Las autoridades encontraron que el banco de Gupta no estaba financiando empresas independientes, sino a las de su propio grupo. El regulador bancario británico alertó a su homólogo alemán, que comenzó a investigar en 2020 a Greensill Bank, y encontró algo más grave.

Greensill Bank prestaba dinero a GFG Alliance respaldado en cuentas por cobrar, pero también le prestaba por “cuentas por cobrar futuras” o ventas futuras “previstas”. El financiamiento a cadenas de suministro es a corto plazo y cuando hay de por medio una factura por pagar. Pero el banco de Lex daba dinero a su socio por ventas que no se habían hecho, ni siquiera se tenía certeza de si se iban a hacer.

El regulador alemán recomendó cerrar el banco y presentar cargos penales por posible fraude. Fue cuando los demás empezaron a preocuparse por lo que podría pasar. Credit Suisse congeló los 10,000 millones de dólares que metió en Greensill y una aseguradora retiró una cobertura que tenía con la firma; las llaves del financiamiento empezaron a cerrarse para Lex.

Luego, llegó la pandemia de Covid-19. Con la economía global paralizada y sin acceso a dinero fresco. Greensill intentó obtener un crédito del gobierno británico con David Cameron como intermediario. Los funcionarios, que estaban dando préstamos a empresas en problemas por la pandemia, sospechaban de la poca transparencia de la firma y de que estuviera demasiado expuesta a un solo grupo, como GFG Alliance. David Cameron intentó presionar a los funcionarios sin éxito y, finalmente, el 8 de marzo de 2021, Greensill Capital se declaró en insolvencia para no pagar sus obligaciones financieras.

Hoy el futuro de Lex Greensill es incierto. Él mismo se declaró responsable del colapso de su firma, pero niega haber cometido fraude. Enfrenta múltiples demandas y la empresa está tomada por los administradores que evalúan las ventas de sus activos.

Lo que parece muy obvio ahora, no lo era tanto antes. ¿Cómo alguien pudo construir una compañía basada en deuda sin que nadie sospechara de un colapso inminente? ¿Cómo encantó Greensill a tantos genios de las finanzas con un modelo de negocio tan viejo, como lo son los préstamos contra facturas?

Aún no ocurre el desenlace de la historia de asenso y caída de Lex Greensill, pero sin duda se ganó su sitio como el escándalo financiero más grande de 2021.

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