Tras las sedes de la Eurocopa…

Este año los equipos europeos ‘corretearán el balón’ en dos países del Este, Ucrania y Polonia, donde no se había organizado un campeonato importante de balompié.

04-06-2012, 8:15:01 AM

Lo primero que me vino a la mente cuando me mencionaron que
viajaríamos a Ucrania fue León Trotsky, político que encabezó la revolución
bolchevique, y El quinto elemento, una de las tantas películas de Milla
Jovovich (también ucraniana).

Pero este país y, en específico, su capital Kiev –que dicho
sea de paso, ahí se ubica el estadio de futbol donde se llevarán a cabo la
mayoría de las contiendas de la Eurocopa 2012–, sorprenden hasta al viajero más
experto. Y es que, kilómetros antes de que el avión aterrizara, nos ofrecieron
como aperitivo unos varéniki, que no es otra cosa que una empanada de harina de
trigo rellena de queso, ¡deliciosa!

La sobrecargo nos explicó que esta es considerada como uno
de los platillos tradicionales de Ucrania; que si nos había gustado, no nos
preocupáramos, pues en  todos los
restaurantes no los convidarían.

A lado del varéniki, había una mezcla de aceite con cebolla
frita donde debíamos sumergir la empanada para después comerla. Así nos recibió
la ciudad ubicada en la Europa Oriental, la de los más de 3 millones de habitantes.

Nos quedamos cinco días, el mínimo de tiempo recomendadopor
los expertos guías para conocer el lugar. Y aunque estábamos agotados por el
viaje de más de 20 horas desde la ciudad de México, eso no impidió que nos
colocáramos los tenis y tomáramos el mapa para iniciar la exploración.…

Edificaciones de ensueño

¡Deslumbrante! fue el calificativo que dimos a nuestro
primer encuentro con el arte bizantino. No tuvimos que caminar más que un par
de cuadras desde nuestro hotel para encontramos con la catedral de Santa Sofía,
que –tal como lo indica el mapa de atractivos de Kiev– es el número uno de lo
que un visitante debe conocer. La catedral fue edificada en el siglo xv y está
considerada como la más antigua de la ciudad.

Es como un palacio árabe con sus torres blancas y cúpulas
verde esmeralda.

Pero lo mejor está en su interior, más de 50 mosaicos
bizantinos perfectamente bien conservados, no podrás dejar de fotografiarlos:
es como estar en Roma sin serlo.… Entonces,
al vernos tan absortos, se nos acercó uno de los guías que explican la historia
de los mosaicos y nos dijo que subiéramos con mucho cuidado por unas
escaleritas localizadas en la parte trasera izquierda de la iglesia.

Al tocar el último escalón nos dimos cuenta de que estábamos
subiendo por una de las torres, una que servía como mirador y desde la cual se
podía observar una panorámica más
detallada de la ciudad.

Justo desde allí nos percatamos que estábamos en el centro
de una plaza y, sobre ella, varios localitos y restaurantes que alimentarían
nuestro apetito. ¡Increíble descubrimiento!

Sin más preámbulo y después de varias fotos, bajamos para
entrar a uno de los tantos restaurantes que desde las alturas nos habían
atraído. El restaurante Belvedere.

Al leer su nombre, caí en la cuenta de por qué me era tan
familiar la ciudad. ¡Sí! Es como si estuviera en Praga o en alguna ciudad de la
República Checa: sus casitas de ladrillo, sus colores pastel, en fin…

Dentro del restaurante pedimos nuestros varéniki y el mesero
nos sugirió que si nos gustaba la cerveza, bebiéramos las locales, como la
Chernigovsky o la Obolon.

Mientras degustábamos los manjares, una mujer tocaba la
flauta, a la vez que un hombre le marcaba el ritmo con su guitarra, ambos
ataviados con trajes típicos de la cultura ucraniana y, por supuesto,
interpretaban música tradicional. Como de plato fuerte nos sirvieron un
borshch, platillo nacional, que es una sopa de carne, pollo y papas bañadas con
crema.

El mesero nos dio información útil. Comentó que en Ucrania
existen los llamados O’Panas, que son lugares que ofrecen cocina tradicional,
servida en varios platillos y para compartir; o sea, como un buffet, en los que
también –como en México– se paga una cantidad por lo que consumas.

Al salir del restaurante, la temperatura  ya era más intensa, estábamos como a 25°C y
debíamos de ir hasta el Monasterio de las Cuevas, que –según los guías del
sitio– fue edificado por los monjes Antonio y Teodosio en el siglo xi. Hoy es
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Como teníamos poco tiempo, decidimos tomar un taxi, pero no
cualquier taxi:  era una especie de
motocicleta con dos asientos traseros y techo de plástico que nos llevó por 20
minutos entre avenidas de concreto y nos mostró la otra cara de Kiev: la
moderna, con un par de rascacielos de vidrio deslumbrante y jardines donde los
oficinistas hacían pícnic para después regresar a sus labores. Al cabo de unos
minutos, llegamos a las orillas del río Dnipro, donde está el monasterio.

Para poder entrar, si –como yo– eres mujer, debes llevar una
pashmina o pañuelo que te cubra la cabeza y los hombres no pueden entrar con
pantalones cortos ni con gorras.

Si antes ya nos había conquistado la catedral, el monasterio
nos dejó pasmados, y es que por fuera es casi un castillo con un montón de
columnas cubiertas de oro, pero por dentro las paredes y techos son rocas
amontonadas, literalmente como si estuvieras en una cueva. La decoración es de
retablos y pinturas también bizantinas.

Camino de regreso al hotel, hicimos un paseo por la calle
principal de Kiev, la Khreschatyk: en ella está el Mercado de Bessarabska,
donde el colorido no tienefin. Hay cientos de frutas, desde fresas y melones
hasta naranjas y unas bolitas verdes que saben como a guayaba, pero que ellos
las nombran granadas, ¡muy ricas!

Al final del mercado hay bares y cafés, así como tiendas de
artesanías en donde compramos cajitas de madera y figuritas de cerámica como
las mamushkas (muñequitas que se meten una bajo la otra).

Al siguiente día decidimos salir temprano y visitar el Museo
de Chernobyl, que recrea el fatídico hecho que tuvo lugar en esta central
nuclear en 1986. Posteriormente viajamos una hora y media en autobús para
visitar la catedral de San Vladimir.

De regreso al corazón de Kiev, decidimos hacer una caminata
por el Puente Dorado, que es lo único que queda de las murallas construidas en
el siglo x para defender la ciudad de los ataques rusos.

 

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