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¿Quién paga los efectos de la contaminación?

Los gobiernos han diseñado instrumentos económicos para combatir la contaminación, sin embargo todavía se duda de su efectividad.

09-08-2011, 4:12:41 PM
¿Quién paga los efectos de la contaminación?
Tania García López, Coordinadora de la Maestría en Derecho y Políticas Públicas Ambientales de la Escuela Jacobea de Posgrado

Durante
los últimos años se han ido desarrollando en muchos países instrumentos económicos en materia ambiental. Dichos instrumentos
parten de la idea de que es necesario, no sólo decirle a los individuos y a las
empresas lo que pueden o no pueden hacer en relación al medio ambiente, sino también incentivar o desincentivar
económicamente determinadas actividades o conductas con impacto sobre el medio
natural.

Así,
los instrumentos económicos son considerados como parte de una estrategia de control indirecto de la contaminación y
la diferencia fundamental de estos con los instrumentos tradicionales de
control directo (regulaciones de emisiones, de procesos, delitos ambientales,
autorizaciones…) radica en que los instrumentos económicos no obligan a hacer
algo o a dejar de hacer algo, sino que influyen en “el bolsillo” de la gente
para que ésta adopte conductas “deseables” para con el medio ambiente o evite
aquéllas “indeseables”, no porque estén prohibidas, sino porque le salen
demasiado caras.

Ejemplos
de instrumentos económicos en materia ambiental los encontramos desde hace
tiempo en nuestro país, si bien es cierto que durante los últimos años han
ganado un protagonismo desdeñable para unos y esperanzador para otros.

El
pago por servicios ambientales a zonas forestales o el mecanismo de desarrollo
limpio, son algunos de estos instrumentos recientemente desarrollados, al igual
que los fondos o fideicomisos establecidos con fines ambientales; otros, como
es el caso de los derechos o tasas, son bien conocidos por todos nosotros,
especialmente la verificación vehicular obligatoria. También existen en México,
desde hace tiempo, incentivos para las empresas que invierten en equipo menos
contaminante.

Los
economistas ambientales insten en que no es lo mismo diseñar un instrumento
económico que recaiga sobre el consumidor, que hacerlo en el sentido contrario,
esto es, plantearlo como subsidio o ayuda pública.

En
el primero de los supuestos nos encontramos con instrumentos que se basan en la
idea de que “quien contamina paga”, dicho en otras palabras, el que contamina o
va a contaminar asume los costes de la prevención y el control de la
contaminación; mientras que, en el segundo caso (los subsidios), es la sociedad
en su conjunto la que asume el coste de las acciones para prevenir y controlar
la contaminación, toda vez que el subsidio
o la ayuda pública se financia con el dinero de todos, distrayendo, entonces,
recursos públicos que podrían ser destinados a otros gastos quizá más
prioritarios, como la salud , la enseñanza o la seguridad pública.

Por
su parte, los detractores de los instrumentos basados en “quien contamina paga”
señalan, a su vez, que estos generan inflación, ya que aumentan el precio final
de los productos y servicios y que realmente debería hablarse de que “quien
consume paga” puesto que, a mayor nivel de consumo, mayor pago.

En
la Unión Europea
lo tienen claro: los que contaminan (consumidores y usuarios) deben pagar proporcionalmente
al número de productos que consuman; de ahí los impuestos ambientales que han diseñado, especialmente dirigidos al
sector “atmósfera” y que se traducen en un fuerte encarecimiento del transporte
y de todo lo que ello conlleva.

La
OCDE, en esa misma línea, anima constantemente a México a eliminar gradualmente
los subsidios, pero… ¿y las necesidades de los sectores menos favorecidos
económicamente?

Para
capacitar a los profesionales en el área ambiental, la Escuela Jacobea de Posgrado
ofrece la Maestría
en Derecho y Políticas Públicas Ambientales. Puedes enviar un correo para recibir mayor información.

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