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Opinión

Un temblor sacude las conciencias y la inercia de la corrupción

Tal vez lo más valioso de la llegada de este grupo al poder es que ha servido para hacer temblar la conciencia de actores democráticos y ajenos

06-05-2019, 5:15:36 AM
Un temblor sacude las conciencias y la corrupción

Dicen por ahí que estamos peor, pero estamos mejor, porque antes estábamos bien, pero era mentira… No como ahora, que estamos mal, pero es verdad. A más de 150 días de la llegada al poder de un “nuevo” grupo político, la irracionalidad en la toma de decisiones ha prevalecido; ha sido el sello de la gestión de la presente administración.

Pero no solo ha sido el vendaval de ese tipo de toma de decisiones lo que ha cimbrado el sistema, sino también la intención de demoler el edificio institucional que hemos venido construyendo a lo largo de más de 30 años. La realidad es que no ha llegado un nuevo conserje, lo que ha llegado es un destructor del edificio. 

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Esa construcción que realizamos durante todo ese tiempo, ciertamente con defectos, se erigió bajo una serie de criterios basados en derechos y responsabilidades, parámetros basados en libertades y obligaciones. Evidentemente no todo ha funcionado, debido a que dicha edificación tiene problemas estructurales y problemas cosméticos, pero todos ellos, a todas luces, no merecen derrumbarla. No obstante, como la nueva institucionalidad, que es premoderna, no sigue la racionalidad antecedente, la que está basada en el bien debido, entonces hoy en día se pretende construir otro inmueble basado en el clientelismo personalista y el populismo autoritario. 

Depositphotos.com

Tal vez lo más valioso de la llegada de este grupo al poder es que ha servido para hacer temblar la conciencia de aquellos actores democráticos (empresarios socialmente responsables, líderes sociales, políticos, ciudadanos) y ajenos bien intencionados. Lo que ha logrado crear conciencia sobre aquello que se hizo o que se dejó de hacer y que, a su vez, ha provocado lo que actualmente vivimos y estaremos por vivir.

Quizás era necesaria esta sacudida como la que estamos viviendo, y que posiblemente llegue a ser un terremoto, para romper la inercia de la corrupción en todo el sistema y no solamente en las élites, también en el llamado pueblo bueno, de la indolencia y de la irresponsabilidad social. Hubo muchos llamados de alerta en el camino y no quisimos verlos ni aceptarlos; tampoco decidimos salir de nuestra zona de confort, no participamos y ni delegamos.

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Depositphotos. La corrupción es el gran pendiente del próximo presidente de México.

Por un lado, nuestra responsabilidad social y política con una élite corrupta que dejamos de denunciar y, por el otro, nos volvimos cómplices de esa situación por omisión o por comisión. Hasta el día de hoy es que comenzamos a ver cómo ese edificio llamado democracia, defectuosa ciertamente, no era tan sólida como se creía; tenía fallas estructurales que pensábamos que con resanes seguiría en pie.

Pero no todo está perdido. En este tiempo no han podido, por ahora, inventar esa realidad paralela, ni aniquilar los espacios de racionalidad que prevalecen en el sistema. Tampoco han podido, todavía, enclaustrar al dato duro y, a la verdad, por más que tuiteen medias verdades o mentiras completas. Los espacios apegados a la verdad sobreviven y, con ellos, una sociedad responsable; empresarios comprometidos y liderazgos de todo tipo que verdaderamente creen que esto que vivimos es pasajero y que lo estructural permanecerá, una vez que reconozcamos nuestra responsabilidad y corrijamos el rumbo. Por el bien de los demócratas y de la democracia, el edificio seguirá en pie.

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Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel