Opinión

El maestro y el problema de educar a las nuevas generaciones

Las nuevas generaciones ponen en una encrucijada al educador frente a sus alumnos: cómo educar en estos tiempos y qué papel debe tener el profesor para no inhibir la innovación.

15-05-2018, 6:05:47 AM

No hace mucho tuve una buena plática con un profesor que me dio clase en la universidad, del cual ahora soy compañero de trabajo, y dentro de esta charla debatíamos sobre los muchos cambios que existen en estas “nuevas generaciones”. Obviamente, la plática fue tomando camino más hacia una crítica a los “Millennials” y de los innumerables defectos que poseen en cuanto atención, resiliencia, puntualidad, y otros más.

Así como esta conversación, he tenido varias con profesores educación básica, media y superior, donde las preguntas en común son el cómo educar en estos tiempos y qué papel debe tener el profesor ahora.

Si hablamos en términos de manufactura, la educación por medio de los profesores es la que toma a los alumnos como materia prima, los va desarrollando, y tiene como producto final a profesionistas o emprendedores, así ha sucedido desde siempre y así sigue sucediendo ahora. Aquí es donde radica el gran error: en estos tiempos, hay que entender, para empezar, que NO es la misma materia prima de siempre, porque el producto terminado es otro y también muy diferente.

Los programas y procesos educativos tradicionales están diseñados para satisfacer necesidades actuales que probablemente no existan ya en el corto plazo, para trabajos que probablemente irán desapareciendo o no serán necesarios. Es más, me atrevería a decir que todo esto que comenté anteriormente genera un círculo vicioso que corta la innovación y la creatividad, para un mundo que va corriendo a una velocidad impresionante.

Ken Robinson, el gran educador y escritor, comenta que “la educación se basa en preparar a los niños y jóvenes para el futuro, pero no tenemos idea de cómo será el mundo en los siguientes 5 años y se supone que los estamos educando para ello”. De nueva cuenta, con esto que menciona Ken, insisto que seguimos viendo a la educación como la sustancia que sigue alimentando a los mismos trabajos, y no partimos de observar las problemáticas y competencias a desarrollar para ver la manera de enseñar y de aprender.

Respecto a los trabajos y necesidades, nada más echemos un ojo que las empresas con mayor valor de capitalización en 2001 eran General Electric, Microsoft, Exxon, Citi y Walmart, en ese orden, para dar paso en 2017 a Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook. Nada más a ojo de buen cubero, comparen la “edad” que tienen las empresas más valiosas ahora: son jóvenes, no tienen mucho de haberse creado, todas están basadas en tecnología y son las más valiosas ahora. De nueva cuenta, los cambios surgen cada vez más rápido y se sigue enseñando igual.

No todo es fatalidad y muchos han entendido la necesidad de este cambio, por lo que se ha ido adoptando la Educación basada en Competencias como una manera de afrontar estos eventos. Este es un modelo educativo que integra al aprendizaje con el mercado laboral para hacer frente a la constante transformación de la sociedad, así como también parte de la idea de que la educación debe surgir de diferentes experiencias de vida, con un enfoque sistemático y del desarrollo de habilidades.

Actualmente, la educación gira en torno al conocimiento, este nuevo modelo define a la competencia no únicamente como conocimiento, sino también como valores, habilidades y actitudes.

Y en todo esto ¿dónde queda el profesor? Sin duda, su papel va a cambiar y debe cambiar. Los nuevos profesores que se estarán integrando a este mundo tendrán mucho más en común con sus estudiantes en cuanto a la transformación tecnológica, porque ellos han ido creciendo con la evolución de ella.

En el estilo tradicional, el profesor es una entidad toda poderosa que solo se limita a trasmitir conocimiento, es lo más importante en el salón de clases; en los nuevos modelos, este protagonismo es compartido con los alumnos, los dos aportarán, los dos se equivocarán y por ende aprenderán. Esto no significa que el profesor perderá autoridad, simplemente compartirá experiencias con el alumno y fungirá como mentor y guía gracias a la experiencia ya acumulada que tiene el propio maestro, por lo que el trabajo colaborativo es de vital importancia y, aceptémoslo, a muchos no se les da esto o no fuimos educados para esto, teniendo un choque al egresar.

Muchos mencionan que con esto la educación será más fácil, que todo mundo irá pasando los grados, y que se irán graduando personas incapaces. No es un tema de facilidad, porque al emitir ese juicio lo estamos haciendo con la métrica del sistema tradicional, recordemos que este modelo es un gran cambio, por lo que el profesor debe capacitarse en cómo evaluar la obtención de las competencias establecidas dentro de un plan estratégico acordado por un “plan de educación nacional” que al momento no existe.

Sócrates mencionó que “la juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros”. Con esto me queda muy claro que este famoso problema de la educación con las generaciones nuevas siempre ha existido, incluso ese discurso sonaría a algo de esta época. A lo que voy es que simplemente hay que ser capaces de adaptarse más rápido a los nuevos tiempos, porque sí, como dirían por ahí, lo único constante es el cambio y con la tecnología, este se ha acelerado.

P.D.: Por cierto. la sociedad ha generalizado el término millennial para todas las nuevas generaciones, cuando los que están actualmente tomando clases son Centennials. Lo que pasa es que no es tan grande la diferencia generacional entre costumbres y hábitos entre estos, como la que hay entre la de nuestros padres y la de nosotros.

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Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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