Opinión

El Día Cero es una realidad: ¿sabes cuándo te quedarás sin agua?

El Día Cero se acerca para Ciudad del Cabo, una de las ciudades más prósperas del continente africano. Pero el Día Cero es ya una realidad en muchos lugares, ¿qué podemos hacer? Advertencia: el autor de se ha dejado llevar por su lado reflexivo, y, por tanto, espera no ofender a nadie con sus palabras.

05-04-2018, 3:35:15 PM
Día Cero, sequía en las ciudades

La inminente llegada del primer Día Cero en Ciudad del Cabo, marcada por algunos para el 9 de julio, por otros en mayo y, para los más pesimistas, el muy cercano 12 de abril, ha activado las alertas sobre la cruenta realidad que el futuro, no muy lejano, puede traer para todas las ciudades y sus habitantes.

Poético y fatídico nombre para la cruda sequía urbana extrema, el Día Cero es ya una realidad en muchos lugares, pero, su llegada a Ciudad del Cabo, una de las más prósperas ciudades africanas actuales hace que esto tenga especial resonancia a nivel mundial, pues después de Ciudad del Cabo, grandes urbes como Londres, Pekín, Tokio, Moscú y Miami tendrán su Día Cero.

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Así, el crecimiento a pasos agigantados, sin planeación ni consciencia, de Ciudad del Cabo ha derivado en un complicado panorama. A partir del Día Cero, sus habitantes tendrán que verse obligados a consumir sólo 25 litros de agua diariamente (el promedio del mexicano son 366 litros al día, del estadounidense 350).

Junto con la llegada del Día Cero, la noticia de que ha muerto el último rinoceronte blanco es otra de las inminentes señales que nos alertan, llaman nuestra atención y hacen que sea imposible no tomar consciencia del panorama futuro.

En el siglo XXI muchos hablan de todo lo que hemos evolucionado, pero ¿cuál ha sido el costo? Y, ¿para qué?

Construir sin consciencia, la factura

Hace 35 años, el escritor Italo Calvino llevó al papel sus bellas Ciudades Invisibles, narraciones de las urbes que Marco Polo encontraba a su paso en sus múltiples viajes por el mundo: Tamara la ciudad que se definía a sí misma, Anastasia, la ciudad que esclavizaba a sus habitantes, Zora la urbe que fue olvidada por la tierra, Zirma la ciudad que se repetía eternamente e Isaura, la ciudad que fue construida sobre un lago subterráneo y que sólo sabía crecer hacia lo alto.

Hoy, 35 años después, retomo el texto en un ejercicio que busca la consciencia, que busca golpear la indiferencia, que busca a la otredad pues estoy convencido de que, si no vemos al otro, no podemos ver a la ciudad y, por tanto, ¿qué estamos construyendo? ¿Cuál es nuestra huella? ¿Se trata acaso de sólo consumir, vivir el presente y no preocuparnos por nuestra herencia? ¿No preocuparnos por el otro?

A ratos, cuando uno vive en una ciudad como la CDMX, pareciera que sí y tengo la impresión de que es lo mismo en cualquier otra ciudad, o en cualquier otro entorno que crece sin tomar en cuenta la inclusión, la diversidad, al otro.

Pasa en las ciudades, en los entornos laborales, en los familiares. La falta de consciencia,y la indiferencia nos dañan. Sin darnos cuenta, nos maltratamos los unos a los otros; la CDMX golpea a la periferia, pero, en el día a día, el automovilista golpea al ciclista y el ciclista golpea al peatón que, si es hombre, golpea a la mujer y, si es mujer, al niño, al anciano y, discapacitados, indígenas y gente en situación de calle.

Sólo existe el “yo” y “yo quiero tener éxito y ser grande”, sin importar a quien me coma.

El maltrato se ha vuelto el pan nuestro de cada día, nos acostumbramos a vivir en ciudades llenas de llagas: baches, basura, inundaciones, fugas.

El Sistema de Aguas de la Ciudad de México estima que el 40% del suministro de agua potable citadino se tira debido a la falta de una infraestructura apropiada y así, delegaciones como Iztapalapa llevan años viviendo su Día Cero, dos millones de personas resultan afectadas directamente en su calidad de vida por esto. Mientras, en Polanco, los coches se lavan con manguera.

Seamos indiferentes pues, aunque la Organización de las Naciones Unidas estime que para 2030 el Día Cero de la CDMX llegará; aunque la ONU nos alerte de que, para 2050 la demanda de agua potable superará en 40% la oferta. Sigamos pensando en que a nosotros no nos afecta, en que nosotros estamos bien y que eso es lo importante, sigamos consumiendo, sigamos en la indiferencia.

Al borde del precipicio urbano y humano, ¿qué nos queda?

Resiliencia Urbana y Humana

Reconstruirnos.

Mirar al pasado y tomar las lecciones que nos ha dejado, volver a las Ciudades Invisibles de Calvino para concientizarnos y reconocer que, si bien, nadie es indispensable, todo ente viviente es único e irremplazable.

Darnos cuenta de que feminismo y humanismo van de la mano, de que construir equidad e igualdad es una tarea social.

Ver al otro, ver a la ciudad como un conjunto indivisible, un todo, ahí está la clave para construirnos de manera consciente, resiliente e inclusiva, buscando un equilibrio entre lo que proyectamos y la realidad.

Ser congruentes, ser capaces de construir a partir de perspectivas inclusivas, ser capaces de reconocer nuestros errores y girar el rumbo. Buscar la innovación y la transparencia mientras construimos ciudades, mientras crecemos en lo personal; esto es la clave para situarnos en entornos urbanos sustentables que no golpean a unos o a otros.

*El autor Jaume Molet es socio fundador y actual Director General de Lamudi México.

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