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Opinión

¿Cuál será el futuro de los negocios con la inteligencia artificial?

La respuesta a esta pregunta tiene un valor incalculable en el mundo de las marcas y ya se vislumbra el poder emocional de la inteligencia artificial.

17-10-2019, 6:45:23 AM
inteligencia artificial

Por Ana Olabuenaga y Sylvia Hernández

Ana Olabuenaga

I’ll be back: en cualquier otro contexto, la frase está diseñada para provocar esperanza: “regresaré”. Sin embargo, usted solo escucha el tono grave y el acento quebrado de Arnold Schwarzenegger, caracterizado como Terminator, el robot invencible y despiadado de Skynet que viene del futuro a destruir la posibilidad de supervivencia de la humanidad.

Terminator
Terminator

La inteligencia artificial (IA) se refiere a esa inteligencia o conjunto de actividades cognitivas que están desarrolladas por máquinas. El término fue acuñado en 1956, justo el año en que el programa de cómputo MANIAC I había ganado por primera vez una partida de ajedrez a un ser humano. El término “robot” es todavía más antiguo: viene del dramaturgo checo Karel Capek, quien en 1917 construye una historia de robots que empiezan por ser sirvientes de los humanos y terminan por adueñarse del mundo y destruir a toda la humanidad.

Lo cual nos lleva a las dos grandes vertientes de pensamiento sobre el tema: la ciberdistópica, la del juicio sumario, la apocalíptica; y la ciberutópica, la optimista, la de la modernidad y la libertad.  Todos hemos visitado las antípodas: por un lado vemos las enormes ventajas de la automatización y la robótica, pero no nos deja de dar un vuelco el corazón la posibilidad de que las máquinas se rebelen contra nosotros y lleguemos a una lucha cuerpo a cuerpo con ellas; la cual, para colmo, ni siquiera sería cuerpo a cuerpo.

Inteligencia artificial
Reuters

Siendo ciberrealistas, lo cierto es que la IA está por todos lados y cada día su presencia será mayor, al grado que el CEO de Google, Sundar Pichai, dice que su impacto será mayor al de la electricidad. Ya está empezando a serlo. Difícil encontrar un sector donde su presencia no sea profundamente relevante. Por su parte, Jack Ma, el reconocido multimillonario presidente ejecutivo de Alibaba (el Amazon chino), dice que en poco tiempo los robots serán los mejores presidentes de empresa del mundo. Tomarán decisiones valorando todos los ángulos: humano, económico, social. No cabrán en ellos emociones ni de venganza, ni de codicia, ni de vanidad. Sus decisiones serán pulcras. Sus dichos y hechos objetivos. Para cerrar el círculo vale la pena apuntar que tanto para Stephen Hawking, como para Elon Musk y Mark Zuckerberg, la IA será la mayor afrenta para la humanidad en este siglo.

Lo cierto es que la industria de la robótica y la inteligencia artificial (IA) valdrá 60,000 millones de dólares en 2025. Mientras China la considera un sector estratégico para 2030, Corea del Sur tiene ya el mayor índice de robots per cápita (ocho veces por arriba del promedio global) y México está en el lugar 31 de esa misma tabla; Japón invertirá el año entrante 225,000 millones de dólares en ello para lograr “la sociedad superinteligente” y Putin declaró que el “país que lidere el desarrollo de IA, gobernará el mundo”.

Depositphotos

Lo entiendo: la sensación es abismal. Estamos compitiendo en un mundo que muchas veces no entendemos. Una cosa sí está clara: para luchar hay que tener armas, y una inteligencia artificial o, mejor dicho, una “inteligencia adicional” suena como buen aliado. El consejo es simple: en todas las áreas en donde pueda poner inteligencia artificial (automatizar, pronosticar, diagnosticar, producir) póngala.  Hay dos cosas que las máquinas no pueden hacer y para eso está usted: desear y soñar… “hasta la vista, baby” ( disculpe, no lo pude evitar).

Para entender: ¿Por qué 2019 es un año clave para la inteligencia artificial?

Sylvia Hernández

A pesar de que el concepto de inteligencia artificial (IA) se originó hace más de seis décadas. Es un hecho que hoy en día, al  hablar de ella,  es inevitable sentir asombro por el impacto que está generando en la evolución de la humanidad, a través de su implementación, cada vez más profunda, en múltiples sectores, como el de salud, el financiero, el automotriz, el de comunicaciones, el de videojuegos, el retail y el  e-commerce, solo por mencionar algunos, ya que resulta casi imposible encontrar un ámbito en el cual no tenga aplicación . De acuerdo a Stuart Russell y Peter Norvig, informáticos especializados en IA, esta tiene como eje desarrollar sistemas que piensen, que actúen y razonen como humanos, lo que implica tener como premisa imitar el cerebro humano.

Pero además del asombro, es innegable que también nos provoca una gran ansiedad la incertidumbre de imaginar hasta dónde llegará y cuál será el lugar que ocuparemos como especie humana en un futuro que se siente cada vez más inmediato.

Videojuegos
Depositphotos

Es tal la incertidumbre alrededor de la IA que está siendo el centro de discusión entre

líderes políticos, empresariales, tecnólogos y futuristas, tratando de entender los dos lados de la moneda, esto es, potenciar al máximo sus ventajas; pero, por otro lado, tratar de vislumbrar las implicaciones negativas, ante lo que puede resultar si la IA tomará el control sobre nuestras vidas.

Así pues, podríamos deducir que la IA es una tecnología exponencial que tiene su ADN formado de algoritmos y datos, y que, aunque pueda tener la capacidad racional del cerebro humano, la gran diferencia debiera ser que no tiene sentimientos ni emociones. Pero ¿realmente puede o podrá la IA desarrollar capacidades para interpretar nuestras emociones? ¿Será capaz de entender nuestros sentimientos?

La respuesta a esta pregunta tiene un valor incalculable en el mundo de las marcas, dentro del cual ya se empieza a vislumbrar el poder emocional de la IA. En principio, bajo la perspectiva racional, ya los mercadólogos deben considerar que, dentro del proceso de compra del consumidor actual y futuro, en la IA se encuentra el influencer más poderoso en nuestras decisiones y elecciones de un producto o servicio, a través de los asistentes virtuales como Alexa, Siri, Google Assistan o Cortana, entre muchos que están ganando cada vez más terreno, los cuales fortalecen y apoyan nuestra inteligencia racional en la búsqueda inmediata de información de cualquier producto o servicio.

Robot Sophia
Reuters

Por otro lado, es difícil asimilarlo, pero las emociones ya están siendo objetivo de la IA y la investigación está intentado acotar la brecha entre las emociones humanas y la tecnología. Para ello, el enfoque de los expertos ha estado en determinar cómo las personas expresamos nuestras emociones a través de nuestro lenguaje corporal, principalmente en el rostro y señales fisiológicas, revelando lo que sentimos en el interior.  Affectiva por ejemplo, es una startup que crea software de reconocimiento de emociones y, de acuerdo a sus hallazgos, solo el 7% de las emociones que las personas comunican se expresan a través de palabras; el resto es no verbal. Otro ejemplo es el Dr. Daniel McDuff, de Microsoft, quien ha estado diseñando sistemas, desde hardware hasta algoritmos, que puedan detectar el comportamiento humano y responder a las emociones humanas. La realidad, y no precisamente virtual, es que ya se han desarrollado algoritmos para identificar expresiones humanas que detonen señales útiles y consistentes con los comportamientos socioculturales.

Como aspecto positivo, la capacidad y entendimiento de las emociones a través de la IA debe ser capitalizado por las marcas para evaluar la aceptación de sus propuestas de valor y su comunicación, así como para mejorar la experiencia en la conectividad con sus consumidores. Basta ver el efecto de la IA a través de las cámaras que ya están siendo utilizadas en la transitada esquina de Picadilly Circus en Londres, y cuyo objetivo es crear una experiencia interactiva y relevante. La pantalla Piccadilly Lights, utiliza un sensor de cámara que puede estimar, a través de la detección facial, la edad, el sexo y el estado de ánimo de los transeúntes(si están frunciendo el ceño o riendo), con el fin de generar informes automáticos sobre la audiencia, para generar activamente publicidad y contenidos relevantes, así como para medir si las personas están interesadas en la publicidad, al calcular cuánto tiempo están viendo hacia la pantalla. Se supone que el proceso de medición se realiza de forma anónima y no se recopilan ni almacenan imágenes ni información de identificación de las personas.

Lo cierto es que el futuro de la IA aún es inimaginable y que en las próximas décadas continuaremos viendo grandes avances de esta tecnología exponencial, impactando nuestras vidas y usando también nuestras emociones. Hay que acostumbrarnos: un mundo nos vigila y no precisamente son extraterrestres: simplemente es la Inteligencia Artificial.