Imagen Personal

¿Por qué usar tu imagen personal para alcanzar el éxito?

La imagen personal es un lenguaje con el que también nos expresamos ante el mundo. Si vemos la imagen como un disfraz que adoptamos, nunca estaremos cómodos con ella

11-10-2018, 1:17:39 PM
Imagen personal
La imagen personal es un reflejo de tu interior

Por Jorge Llaguno 

Hace ya muchos años varios amigos míos se organizaron para realizar un viaje por Europa, “de mochilazo”. Fueron ahorrando su dinero, estudiaron rutas, consiguieron recomendaciones y apoyos de mucha gente y al llegar el verano, se lanzaron a la aventura. Ahora, a la distancia, uno de los temas que me llama la atención es cómo los “tips” de viaje, en buena medida, son recomendaciones de cortesía, de lenguaje o de soltura en el transporte público.

En efecto, si viaja uno a Londres y toma las escaleras del metro, debe colocarse hacia un lado de las mismas, para dejar pasar a quienes las bajan (o suben) corriendo.  En nuestro país es raro que alguien lo haga, y de hacerlo, el corredor sabe que debe ser paciente: si encuentra a una parejita ocupando todo el escalón, no le quedará otro remedio que esperar. En Londres no es así y la gente puede molestarse bastante cuando un turista ensimismado en su mapa bloquea el paso.

Pues bien, mis amigos tuvieron un viaje espectacular y trajeron al regreso muchos rollos de fotos y grandes anécdotas. No todas agradables. Estando en Francia compraron un boleto de metro para salir hacia Versalles. Ninguno hablaba ni un poco de francés y no entendían por qué existían dos precios distintos de boletos si la ruta era esencialmente idéntica. Por supuesto compraron el más barato y abordaron el tren.

No tenían idea que Versalles está a las afueras de la ciudad y que es considerada fuera de la zona urbana. Se enteraron cuando, al salir e introducir su boleto en el torniquete correspondiente, un par de oficiales les indicaron que se habían hecho acreedores a una multa de 100 Euros cada uno.

Viajar

Viajar abre horizontes

Todas las personas que han tenido oportunidad de viajar a algún país del cual desconocen por completo su cultura e idioma, relatan la riqueza de la experiencia, lo mucho que aprendieron, y también la ansiedad que causa intentar abordar cualquier transporte sin tener la menor idea de si llegarán a su destino.

Enfrentarse a los tableros de información del metro en un idioma desconocido es a la vez frustrante y angustioso: una mala decisión y terminaremos muy lejos de donde queríamos, con lo cual perderemos tiempo además de dinero. Más allá de eso, una decisión a la ligera y de pronto podemos encontrarnos con que hemos incurrido en alguna falta legal lo cual ya tiene implicaciones más complicadas.

Si nos equivocamos, la experiencia se volverá angustiante cada vez que debamos repetirla. Si el error nos puso en tela de juicio ante la autoridad, peor aún.

En cambio, si logramos nuestro objetivo al primer intento, la ansiedad bajará, conseguiremos confianza en nosotros mismos y comenzaremos un proceso iterativo de prueba y error, pero desde la confianza de poder lograr nuestro objetivo.

Para mis amigos, después del susto inicial, del cual lograron escapar al demostrar que en verdad no sabían el idioma y había sido todo un malentendido, la experiencia los llevó a poner más atención y procurar aprender cuantas palabras y rutas pudieran. Con un par de días, ya se movían con mucha soltura y más allá de eso, al llegar a nuevos países, procuraban primero averiguar todas las reglas de uso del transporte público antes de abordarlo. La experiencia de viaje se facilitaba enormemente así.

En la medida en la que vamos descubriendo y aprendiendo palabras, expresiones, significados culturales, se nos abre la puerta a entender a la gente que habita dicho lugar. Mientras más aprendemos sobre su historia, sus costumbres, su alimentación, comprendemos mejor también sus sueños, aspiraciones y miedos.

Hablar un nuevo lenguaje no es sólo una herramienta para sobrevivir en tierras ajenas. Es una puerta para poder entender al mundo desde otra óptica.

Bueno, pues, la imagen personal es a la vez, un lenguaje.

La forma como vestimos, combinamos texturas, colores, tonos. La manera en la cual preparamos nuestro arreglo personal para una junta, para una cita, para un día cualquiera, envía un mensaje hacia el resto de las personas con la que compartiremos el momento. En la medida en la que aprendemos este lenguaje, se abren puertas también, entendemos aspectos culturales y aprendemos a ver el mundo de formas distintas.  Si no lo hablamos, nos resultará siempre como el tablero del metro al viajero inexperto: algo angustioso y quizá frustrante.

Una pregunta válida es el porqué no existen reglas universales para todos los metros del mundo. Sería más cómodo y sencillo. Sin duda es verdad, pero entonces todo el mundo sería exactamente igual. Pensaríamos todos igual. No habría diversidad, ni aprendizaje, ni cambio. El mundo es enorme y distinto en cada lugar, pues tiene historia y tradición locales. Su gente tiene una concepción del mundo, también particular.

Es por eso que los viajes ilustran: nos permiten abrirnos a ese conocimiento y poner en perspectiva nuestra propia visión del mundo. Por esa misma razón no todo el mundo viste igual, ni en todo lugar, ni en todo momento.

La imagen personal puede resultar un tema complejo, opaco a veces, inexplicable en muchas. Pero es un lenguaje. Se adapta a las culturas como las lenguas a las regiones. Una vez que nos decidimos a abrirnos un poco a este lenguaje, descubrimos también formas de ver la realidad que nos enriquecen como personas. No es sólo adaptar el estilo adecuado a una junta de trabajo, es crear el ambiente para que la junta sea realmente efectiva.

No sólo es vanidad o banalidad. Es psicología, sociología y aún más importante: cortesía. Respeto. Una imagen adecuada envía a los demás varios mensajes, sobre mi mismo, pero también sobre el respeto que tengo hacia ellos, el espacio que compartimos y la actividad que realizamos.

Imagen no es sólo máscara, es también reflejo. Si vemos la imagen como un disfraz que adoptamos, nunca estaremos cómodos con ella. Si en cambio la entendemos como un vehículo de expresión personal, se enriquece la experiencia y la disfrutamos mucho más.

Nosotros mismos somos seres complejos y ricos en cuanto a nuestras formas de expresión. Reconocerlo es disfrutarnos también.

Y es quizá este punto el más importante al momento de hablar de imagen: congruencia. Nuestra imagen personal, al ser reflejo de nosotros, también se convierte en una palestra para mis valores, mis pensamientos, mis emociones. Cuidar la propia imagen va más allá de escoger un traje para la oficina.

Es en el fondo un vehículo para demostrar si creo en la diligencia o en la espontaneidad, en la sobriedad o en la austeridad. Abramos la puerta y exploremos: nuestra imagen.

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