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Economía

Sin pedir prestado, la deuda de México aumentará por crisis

19-05-2020, 7:43:34 AM Por:
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La austeridad es un buen paso, pero insuficiente para generar los recursos que necesita para crecer un país como México. Lo que hará el mundo para salir de la crisis es adquirir deuda.

En materia de deuda y crecimiento, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador podría estar en un callejón sin salida; su política de austeridad y cero endeudamiento para impulsar con ahorros el crecimiento sonaba muy bien al inicio de la administración, aunque no se aportaban mayores detalles sobre cómo lo haría.

Sin embargo, la caída de la economía en 2019 y el desplome que sufrirá en 2020, traerá muchas consecuencias. En los hechos, México sufrirá, por ejemplo, un aumento de su deuda pública sin necesidad de pedir prestado, por el simple hecho de que no habrá crecimiento y el peso sufrió una fuerte depreciación, que al parecer ya no se corregirá en los meses siguientes.

Lo anterior, no es una expectativa interna solamente, sino una aseveración del Fondo Monetario Internacional (FMI), el organismo señaló la semana pasada que  la deuda de México se incrementará este año en 8 puntos del Producto interno bruto (PIB), para ubicarse en 61.4 por ciento, cifra que por cierto no incluye inyección alguna de emergencia ante la pandemia ya que dicho aumento resulta de incorporar una caída del PIB de 6.6 por ciento prevista por el propio FMI, y el efecto de la depreciación cambiaria en el pago del servicio de la deuda contratada en dólares.

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Así, sólo por estos hechos se prevé que la deuda de México será de 61.4 por ciento del PIB al final del año en curso, mientras que en 2019 este mismo indicador se ubicó en 53.4 por ciento del PIB mexicano. Esta es la primera encrucijada en la que el gobierno mexicano está atrapado; sin haber solicitado un sólo dólar, nuestro país deberá más dinero al final de este año y los problemas no acaban ahí.

El problema de la deuda, ligada al crecimiento, debe analizarse con base en el porcentaje como proporción del PIB que guarda esta variable; a veces se dice erróneamente que el crecimiento de México siempre ha estado sustentado en la adquisición de deuda. Por el contrario, la deuda ha significado para México la mayoría de las veces una pesada carga financiera que deriva en crisis, muchos gobiernos se han endeudado más que para crecer, para pagar gasto corriente, eso explica por ejemplo el incremento de la deuda en México como porcentaje del PIB en los años recientes.

Lee: AMLO rechaza propuesta de aumentar deuda para enfrentar crisis

Breve trayectoria histórica de la deuda

El indicador de deuda como porcentaje del PIB en México es actualmente muy elevado, superior al que se registraba en la crisis de 1995, y solamente está por debajo de los niveles alcanzados en la década de los años 80 del siglo pasado, la década perdida, lo que tira por la borda cualquier teoría que pretenda relacionar el crecimiento con el endeudamiento como una variable permanente cada que el PIB mexicano sube.

En aquellas épocas de la década perdida, la deuda interna llegó a 30 por ciento del PIB, mientras que la deuda externa se ubicó en un máximo de 60 por ciento y la deuda total como proporción del PIB alcanzó hasta 92 por ciento del PIB; posteriormente este indicador de deuda total llegó a bajar hasta 19 por ciento como proporción del PIB en la administración del presidente Vicente Fox, pero el sexenio inmediato la entregó en 35 por ciento y el presidente Peña Nieto dejó cuentas arriba del 50 por ciento del PIB.

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Este sexenio fue singular porque, más que en ningún otro, el aumento en el endeudamiento fue claramente para gasto corriente: México pagó a sus acreedores internos y externos una cifra equivalente al 2.2 por ciento del PIB; pero, al descontar el crecimiento económico del país, de 2.4 por ciento durante el período y restar el costo financiero de la deuda, quedó un sobrante de 0.2 por ciento, de acuerdo con las cifras de la SHCP. Pero, si a dicho resultado le descontamos el crecimiento poblacional, que en promedio fue de 1.3 por ciento, resulta una cifra negativa de -1.1 por ciento. Es claro que en ese sexenio no quedó nada para el gasto corriente y el gasto en inversión.

Esta encrucijada es en la que está el actual gobierno, necesita recursos para crecer, pero también para pagar el costo financiero de la deuda, para sus programas sociales, para la expansión de la economía y un sinnúmero de objetivos que tiene cualquier gobierno en el mundo, el problema es que la filosofía en México es cero deuda y mucha austeridad, austeridad al extremo. Los flujos generados por este último factor son totalmente insuficientes para un país con las necesidades que tiene el nuestro.

Los funcionarios de Hacienda señalan que hay recursos para este año, y seguramente sí, pero el problema es que no hay para todo lo necesario; o se pagan los costos financieros o se crece. Más allá, en los años siguientes la encrucijada seguiría: ¿Cómo mantener los flujos al gasto social si no se generan los suficientes?; ¿cómo atraer inversión extranjera con políticas económicas francamente hostiles o ¿cómo tener dinero sin obtener nuevos préstamos?

Deuda cero, el objetivo que podría llevar a México al abismo

En el punto número 15 de los Lineamientos básicos del Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024, se delinea gran parte de la política económica que se aplica en México desde el 1 de diciembre de 2018. A la letra dice.

“Se mantendrán equilibrios macroeconómicos, se respetará la autonomía del Banco de México y se promoverá la inversión privada nacional y extranjera. Nuestra propuesta consiste en aplicar una política de cero endeudamiento y baja inflación, aparejada a una estrategia de crecimiento para promover la creación de empleos y el bienestar. El desarrollo no sólo depende de una eficaz política monetaria, de control de la inflación y de disciplina fiscal, también es indispensable el crecimiento económico para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la gente.

El problema es que no se dicen los cómos. Debido a la pandemia, las economías de todo el mundo se endeudarán, de manera especial las naciones desarrolladas acudirán a la deuda para lograr dos grandes objetivos: el primero de ellos es el de mantener a flote a la economía, que quiebren las menos empresas posibles y que las cadenas de producción se puedan rehacer a la brevedad. El segundo es igual o más importante, impulsar el crecimiento. Esos recursos, el endeudamiento, son necesarios para impulsar programas contracíclicos que permitan la recuperación lo más pronto posible.

En México las cosas son distintas. Este lunes Fitch Ratings advirtió sobre una mucho más profunda recesión en el país debido a su negativa para enfrentar la crisis con la utilización de sus opciones de financiamiento y su modesta respuesta fiscal. Y es cierto, luego de tres meses de crisis, en un mundo en el que la deuda es un problema muy menor que no preocupa a nadie comparado con la magnitud del reto que tiene el planeta de evitar o salir lo más pronto posible de la mayor recesión en 90 años y que la economía global no caiga en una Gran Depresión, la estrategia de México tiene dos pilares inamovibles: austeridad y endeudamiento cero.

No hay probabilidades de generar recursos solamente a base de austeridad, esos fondos como proporción del PIB son insignificantes, México generalmente se endeuda para pago de gasto corriente, no ha sido hasta ahora una política pública el endeudamiento para impulsar el crecimiento, las cifras lo demuestran.

Nunca en 90 años nuestro país y el mundo entero habían enfrentado un reto tan complejo como la recesión que ya se avista. Todo en un contexto en el que, de acuerdo con Bank of América, las necesidades de financiamiento bruto en el país se prevén por arriba de 10 por ciento de PIB para 2020 y las fuentes para conseguir recursos no son visibles. Si en algún momento llega a modificarse la estrategia, ojalá no sea demasiado tarde.

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