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5 claves que conectan el asesinato de John F. Kennedy con México

El viaje de Lee Harvey Oswald a nuestro país y el retraso de un avión en el aeropuerto capitalino, son algunos aspectos que relacionan a México con la muerte de Kennedy.

30-10-2017, 2:16:29 PM
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A las 8:30 horas del miércoles 2 de octubre de 1963, portando el boleto de autobús 13688, un hombre de nacionalidad estadounidense dejó la Ciudad de México con destino a Nuevo Laredo, Tamaulipas. Identificado como H.O. Lee, ocupaba el asiento número 12, junto a la ventanilla del lado izquierdo del transporte.

Cuatro días antes, el norteamericano Lee Oswald fue visto en la Embajada de la Unión Soviética en la capital mexicana. Ahí charló con el oficial de la KGB, Valeriy Vladimirovich Kostikov, que formalmente ocupaba el cargo de vicecónsul de esa nación socialista, desaparecida en 1991.

Ese hombre también acudió a la Embajada de Cuba en México, paseó por Ciudad Universitaria, en la UNAM, y hasta se dio tiempo de acudir a una fiesta, de acuerdo con varios cables de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que hoy, 54 años después de ese periplo, ya pueden consultarse en internet tras ser desclasificados como parte de la investigación del asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy.

A continuación te damos algunas claves sobre el contenido de los despachos que conectan a México con el magnicidio.

1. Oswald, el hombre misterioso

Al menos 35 personas proporcionaron a la CIA algún detalle sobre el viaje a México de quien oficialmente es considerado el asesino del presidente Kennedy. De hecho, algunos testigos, cuya credibilidad hoy es cuestionada, agregaron que Oswald incluso tuvo un romance fugaz con una mexicana.

En realidad el estadounidense no estaba en México por placer, su objetivo era obtener una visa de tránsito para Cuba, y el correspondiente permiso migratorio para desde la isla trasladarse a la Unión Soviética. En ambos trámites fracasó, a pesar de haber presentado documentos que presuntamente probaban su militancia comunista, su activismo a favor de la Revolución cubana, y su antigua residencia en el país de los soviets entre 1959 y 1962.

Los varios cientos de cuartillas elaborados por la oficina de la CIA en México, dan cuenta de un “hombre misterioso” que fue fotografiado frente a la embajada soviética en la capital mexicana, el cual “parece ser idéntico” a alguien cuya imagen fue captada acudiendo a la delegación cubana. El problema es que esas fotos fueron tomadas el 15 de octubre de 1963, trece días después de que Oswald abandonara la Ciudad de México.

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2. Un nombre que se repite

El 22 de noviembre de 1963 era un viernes como cualquier otro en la oficina de la CIA en México: Se grababan conversaciones telefónicas de diplomáticos “de interés” para esa agencia; los negativos de decenas de rollos fotográficos eran revelados, como parte de las operaciones de vigilancia realizadas en las embajadas de Cuba y de la entonces Unión Soviética.

Se instruía a los informantes mexicanos sobre la forma de infiltrarse en grupos estudiantiles de izquierda, al tiempo que se recibían los detalles de al menos dos agentes de la CIA (encubiertos) que laboraban en el consulado cubano. Esa tarde le dispararon fatalmente a John F. Kennedy.

Un día después, el sábado 23 de noviembre, la oficina de la CIA en México envió a la sede de la agencia, en Langley, Virginia, un mensaje con los nombres de tres personas que volaron de México a Estados Unidos, entre el 1 y el 12 de noviembre, utilizando algún dato “idéntico” o relacionado con Lee Henry Oswald (sic).

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Hay un Lee Harvey Oswald o un H.O. Lee que estuvo en México entre el 27 septiembre y el 2 de octubre de 1963. Quienes lo conocieron en suelo azteca lo describen como un hombre cercano a los treinta años, no muy alto, más bien bajo de estatura, que solo hablaba inglés y algo de ruso. El Oswald que fue detenido horas después del asesinato de Kennedy tenía 24 años y medía 1.80 metros.

3. El contacto con la KGB

En otro de sus cables, la Agencia Central de Inteligencia asegura que “Lee Oswald”, en su visita a la Embajada de la Unión Soviética en la capital mexicana, habló con el agente de la KGB Valeriy Vladimirovich Kostikov, que como fachada se ostentaba como vicecónsul de ese país.

Según la CIA, Kostikov formaba parte del Departamento 13 de la KGB, el cual se encargaba de las operaciones de sabotaje y asesinatos. El despacho desclasificado indica que el 1 de octubre de 1963, la CIA interceptó una llamada en la que Oswald habló con Kostikov. El reporte de esa llamada fue enviado a la sede de la CIA un día después del asesinato de Kennedy. Sin embargo, esta información no fue proporcionada a la Comisión Warren, la primera en realizar las investigaciones del crimen del presidente.

La Agencia Central de Inteligencia argumentó que revelar esa información, incluso a otras autoridades estadounidenses, ponía en riesgo todas las operaciones de escuchas telefónicas que entonces se realizaban en México.

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4. Un avión se retrasa

Entre los documentos desclasificados se revela que la CIA no solo realizó una profunda indagatoria de las actividades de Lee Harvey Oswald en México, también se muestra que esa agencia mantenía una estrecha vigilancia a todo lo que estuviera relacionado con Cuba.

Un cable fechado el 30 de noviembre de 1963, firmado por el agente Desmond Fitzgerald, reporta que el día del asesinato de Kennedy un vuelo de Cubana de Aviación se retrasó cinco horas, en espera de un pasajero que llegó a la capital mexicana en una aeronave privada. El viajero, siempre según la CIA, abordó el vuelo de Cubana sin pasar por ninguna oficina migratoria. El despacho advierte que se debe determinar esa “inusual actividad” registrada en el aeropuerto capitalino.

5. Oswald no baila Twist

En el autobús que se dirigía a Nuevo Laredo H.O. Lee vestía una camiseta deportiva de color claro, la misma que llevaba debajo de una chaqueta negra un par de días antes, cuando fue visto en una fiesta a la que acudió la escritora Elena Garro, y la prima política de esta, identificada como Silvia Durán.

El convite se animó con música de Twist, aunque el estadounidense no se atrevió a bailar, le dijeron a la CIA Garro y su hija Helena Paz. Otros tres asistentes aseguraron que el hombre de la fiesta era el mismo que dos meses después apareció en las pantallas de televisión, con un moretón en el ojo, tras ser detenido como autor del homicidio de Kennedy.

Pero Silvia Tirado, a quien la CIA llama Silvia Durán, por estar casada en ese momento con Horacio Durán, negó que Oswald asistiera a la fiesta. La joven, entonces de 26 años, que laboraba en la Embajada de Cuba en México, pasó a la historia como el testigo clave del viaje mexicano del asesino del presidente estadounidense.

A petición de la CIA, la entonces temible Dirección Federal de Seguridad de nuestro país la detuvo un día después del magnicidio. En su cautiverio, Tirado declaró que Oswald acudió tres veces al consulado cubano para solicitar una visa de tránsito.

Silvia Tirado hoy tiene 80 años, vive al sur de la Ciudad de México y no acepta entrevistas. No quiere que nadie la moleste con el fantasma de Oswald, ese que le ha perseguido durante más de cinco décadas, el que incluso la obligó a viajar a Washington para volver a declarar, ante una Comisión del Congreso de Estados Unidos, lo que ya le había dicho a la policía mexicana en decenas de ocasiones.

Los detalles sobre sus encuentros con Lee Harvey Oswald también están entre los documentos desclasificados. En estos la mexicana asegura que solo vio al estadounidense dentro de las instalaciones del consulado cubano; que le explicó que la visa de tránsito no podía otorgársele si antes no obtenía la visa soviética.

Ante la negativa, Oswald se molestó y discutió con el cónsul, Eusebio Azcue, quien terminó pidiéndole que abandonara las oficinas de la legación cubana. El hilo de la madeja llevó a la CIA a entrevistar a varios conocidos de Silvia, y a otros informantes, cuya credibilidad hoy es cuestionada por la misma Central de Inteligencia.

Estos entonces aseguraron que Tirado mantenía una relación muy cercana con el Embajador de Cuba en México, que además tuvo un amorío con Oswald; los testimonios la ubican tomándose un café con el estadounidense en un Sanborns, en las inmediaciones de la avenida Insurgentes. Ella lo niega en las transcripciones de la CIA.

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