Opinión

Votamos por el buen gobierno, no a favor de alguien

Así votamos los mexicanos, muy en contra del mal gobierno y no tanto a favor de nadie. El cambio somos los ciudadanos, no los políticos.

04-07-2018, 4:55:30 PM
buen gobierno

Este primero de julio, los mexicanos votamos por un cambio, pero no de personas, sino de gobierno. Me explico. Queremos un mejor gobierno. No nos interesa quien lo encabece. Estamos hartos de ser obstaculizados y hostigados por el mal gobierno. Estamos hartos de los privilegios, el cinismo, la corrupción y la ineficacia de los políticos y de los funcionarios. Votamos en contra del sistema que pareciera está diseñado para hacernos la vida imposible.

No es lo mismo democracia y buen gobierno. La historia aclara que el pase de democracia al buen gobierno tarda muchos años. Europa y los EU se tardaron más de 100 años y hoy, todavía se equivocan. Hay ejemplos en sentido contrario, países que sin tener democracia han logrado buen gobierno. China es un caso en ciernes, Singapur es quizá, el mejor ejemplo.

¿Qué es buen gobierno?

Lao Tse decía: “De los buenos líderes, la gente no nota su existencia. A los no tan buenos, la gente les honrará y alabará. A los mediocres, les temerán y a los peores les odiarán. Cuando se haya completado el trabajo de los mejores líderes, la gente dirá: ‘lo hemos hecho nosotros’”.

Aquí algunas sugerencias:

Un buen gobierno deja que sus gobernados vivan en libertad, explorando su vida con plenitud, creatividad y diversidad. No los obstaculiza, no les prohíbe, no los frena, no los limita. No interviene salvo en casos muy necesarios. Esa es la primer condición. Menos es más. En todo.

El jefe es el cliente de los servicios. El rey es el ciudadano, no el funcionario, no el político.

Los servicios públicos deben ser de calidad; se monitorean constantemente y se evalúan por resultados por los clientes. Hay manera de quejarse ante los malos servicios o de la corrupción. Las quejas tienen un impacto. Es un proceso de mejora continua.

Cuida sus finanzas, cuida su efectividad y cuida su probidad. No mal gasta, no despilfarra, busca ser efectivo y trata de demostrarlo en todo momento. Castiga ejemplarmente a los corruptos pero más importante aún, corrige al sistema que permitió la corrupción. El objetivo es tener un sistema a prueba de ineficaces y corruptos.

Es transparente. Sabe que la oscuridad fomenta la ineficacia y la corrupción. Sabe que sus funcionarios son humanos. Se deja evaluar por todos, en todo momento. La comunidad, los medios, las redes, las ONGs, le ayudan a cuidar el bien común. El bien común es de todos, no de las cúpulas, no de los partidos, no de los sindicatos. Mucho menos, de los compadres, familiares y socios.

Es modesto. Sabe que los logros son temporales y que los fracasos son costosos. Sabe que no siempre es fácil interactuar con sistemas complejos porque las causas y los efectos no son claros. Sabe que no sabe todo, ni tampoco lo sabe de la mejor manera. Su información y capacidad de análisis son limitadas. Acepta y fomenta la crítica de todos y para todo.

Es innovador. Se atreve a experimentar. Pone a prueba, reconoce fallas y aciertos, corrige y mejora al sistema.

Es respetuoso. Actúa dentro de la ley. Sabe que por su peso, el gobierno suele ser el más injusto de todos.

El sistema es rey y de él dependen el 85% de los resultados. Fortalece no a las personas sino a las instituciones. Un buen sistema, insisto, resiste malos funcionarios, y viceversa, un mal gobierno no deja que actúen los buenos funcionarios.

Es estratega. Busca el largo plazo, aunque en el futuro ya no esté ahí y aunque en el presente no todos lo entiendan.

En 2000, votamos por un cambio de gobierno con un nuevo partido, pero el cambio no se llevó acabo, no como se esperaba. Y por no ofender a nadie, digamos que la sociedad mexicana ha cambiado mucho más rápidamente que su gobierno.

Hoy, es momento de retomar esa intención. Así votamos los mexicanos, muy en contra del mal gobierno y no tanto a favor de nadie. El cambio somos los ciudadanos, no los políticos. El cambio es para nosotros, no para ellos.

Supongo que la nueva mayoría política lo sabe en este momento, pero el poder es peligroso y malo para la memoria. Por ello, debemos recordárselo todos los días. Esa el la manera en que los ciudadanos colaboramos con el cambio. Y si no, que el voto se los demande, como ya se los demandó a los que se fueron.

*Santiago Roel es Director y fundador del Semáforo Delictivo, herramienta de rendición de cuentas, evaluación y análisis del comportamiento de la delincuencia y violencia en México.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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