Opinión

Tres falacias del salario mínimo en México

El salario mínimo será uno de los principales temas de campaña rumbo a las elecciones 2018 y nuestro analista menciona tres falsas concepciones que se tienen sobre esta cifra en esta columna de opinión.

21-02-2018, 1:49:35 PM
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El salario mínimo aflora constantemente en conversaciones y noticias, evidentemente con tonos negativos. En meses recientes surgió de nuevo como un tema, incluso a nivel internacional, como parte de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Particularmente los sindicatos canadienses demandaron que el gobierno mexicano incrementara sustancialmente su monto. Ello llevó a muchos a quejarse que cómo era posible que tenían que ser los canadienses, no los propios connacionales, los que pusieran la cuestión salarial sobre la mesa.

El tema ya había sido colocado en la agenda nacional, buscando réditos electorales, por Miguel Ángel Mancera. El gobernador capitalino al parecer creyó que el salario mínimo le daría una potente plataforma para buscar la presidencia en 2018. Su desempeño en el cargo llevó a que ni siquiera sea hoy candidato a ocupar Palacio Nacional. Pero el ruido que hizo llevó a desligar a dicha cifra de rubros como multas y otros rubros financieros.

También presionó al gobierno para que concediera aumentos extraordinarios al mínimo. En los últimos dos años este aumentó 21 por ciento, cifra nada despreciable. Esto es, pasó de 73.04 pesos en enero de 2016 a 88.36 pesos dos años más tarde. La ironía de esa munificencia es que ha sido prácticamente inútil, un gesto a la galería (que obviamente el gobierno ha presumido). Esto debido a las numerosas falacias en torno a esa figura casi mítica. Por lo menos hay tres importantes a destacar.

1. “Millones” no lo ganan, de hecho (casi) nadie

Una y otra vez se lee en las noticias: millones viven en la miseria, al borde del hambre, puesto que ganan el salario mínimo. Mancera hablaba de 7-8 millones de personas. Esa cifra sí tiene un sustento, pero es falaz. Por ejemplo, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI ha indicado que un número de personas alrededor de esa cifra (ocho millones) declara percibir un ingreso que equivale a un salario mínimo (o menos).

Los problemas con esto son dos. Una es que ingreso no es salario. Esto es, no se trata de personas trabajando para un patrón, recibiendo un salario a cambio de su trabajo. De esos ocho millones aproximados, 4-5 millones trabajan por cuenta propia. Más de dos millones, por otra parte, sí tienen un patrón, pero su ingreso no es salarial sino, por ejemplo, propinas.

¿Cuánta gente, sin duda, está ganando un salario mínimo en una nómina? Con certeza solo están los registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social. Esto es, los trabajadores formales. La estadística más reciente del propio IMSS indica que al mes de enero había 19,532,177 trabajadores registrados. De ese total, 20,702 ganando un salario mínimo, esto es, 0.1% del total. Lo más probable es que esos pocos miles ganen más por fuera de nómina o tengan otros ingresos (tales como propinas o comisiones).

Podría argumentarse que, aparte de las cifras, está la evidencia anecdótica. Es difícil concebir que en México, incluso el rural, existan personas dispuestas a trabajar una jornada de ocho horas a cambio de 88.36 pesos. Una persona dedicada al servicio doméstico puede ganar 2-4 veces esa cantidad, por 4-6 horas de trabajo. Recoger cosechas es pagado a 3-4 veces el mínimo, además de alimento y alojamiento. Lavar platos en un restaurante en Ciudad de México implica un salario de alrededor de tres veces el mínimo, más la parte correspondiente de propinas.

Los salarios en México son muy bajos, más cuando se comparan con aquellos que se ganan en Estados Unidos o Canadá. No puede argumentarse que los salarios que se pagan en el país son buenos o permiten llevar una vida digna. Pero no tan irrisorios como el salario mínimo. Esas vestiduras que se desgarran cotidianamente por los “millones” que lo ganan son en vano.

2. El poder adquisitivo del salario mínimo se ha desplomado. En 1976 alcanzó el máximo de su poder adquisitivo

El presidente Luis Echeverría tuvo una agresiva política salarial, decretando incrementos al salario mínimo con frecuencia. En parte lo hacía por compensar la inflación que su propio gobierno había desatado con un gasto excesivo, y en parte porque creía que, si aumentaba el salario, hacía lo mismo con el consumo y el mercado interno. Esto es, consideraba que los empresarios eran “miopes” por no darse cuenta de ello, pues aumentar salarios los beneficiaba, pero no se daban cuenta. Esta peculiar idea le había sido inculcada por su Secretario del Trabajo y Previsión Social, Porfirio Muñoz Ledo. Al parecer nadie les explicó la relación entre salario y productividad. El resultado fue previsible: una mayor inflación.

Esta política llevó a que, en octubre de 1976, poco antes de terminar su sexenio, Echeverría llevó el salario mínimo al máximo en su poder adquisitivo: aproximadamente unos 300 pesos actuales. A primera vista ello parece inexplicable: ¿vivían los pobres asalariados de 1976 mucho mejor que hoy? El máximo histórico de 1976 es citado una y otra vez por muchos para argumentar por un fuerte aumento a los mínimos.

Lo que no se dice, o se ignora, es que una proporción elevada de los trabajadores entonces no ganaba el mínimo. No existen cifras de ese año, 1976, pero, por ejemplo, en 1984 el INEGI estimó que el ingreso de 30.5% de las familias mexicanas (no personas, familias) era inferior al mínimo. De hecho, el propio Instituto calculó que 8.5% de las familias ganaba menos de la mitad del mínimo. Esto es, dicho de otra manera, el salario mínimo no era realmente el “mínimo”.

Pero 1976 está grabado en la mente de muchos como ese nivel de poder adquisitivo que se perdió y que, casi medio siglo después, puede recuperarse.

3. El salario mínimo en México está muy por debajo de otros países, incluyendo en América Latina

El salario mínimo de México no es solo comparado con Estados Unidos o Canadá, sino con muchos otros países… y también pierde. Lo que generalmente se ignora es que, en muchas economías emergentes, sucede exactamente lo mismo que en México durante los años de Echeverría: el salario mínimo establecido por ley es superior al que realmente se paga en el mercado.

Un ejemplo literalmente cercano a México es Guatemala. El salario mínimo mensual es de 407 dólares, alrededor de 7,500 pesos mexicanos. Esto es, más del triple que el mínimo nacional. ¿Por qué no hay mexicanos migrando hacia el sur para ganar esa cantidad? Porque no representa la realidad.

Suena lógico pensar que el salario mínimo legal en un país será realmente el piso salarial. Pero muchas leyes son producto de legisladores entusiastas por aspiraciones que convierten en un imperativo legal, pero que no se preocupan de cómo pagar o financiar. Muchas leyes en México son de ese corte, incluyendo lo que establece la Constitución sobre el salario mínimo. En varios países el salario mínimo es solo una aspiración incumplida, y por ello las comparaciones con el mexicano (que es muy inferior al del mercado) llanamente no sirven.

La paradoja del salario mínimo

El salario mínimo en México podría desaparecer mañana, y no pasaría absolutamente nada. De hecho debería hacerlo, pero ocurre exactamente lo contrario: muchos políticos hablan de aumentarlo para así “mejorar” las condiciones de vida de “millones” de personas. Sin duda será un tema en la demagógica campaña electoral que se avecina. Es la paradoja final en torno a una cifra que no sirve.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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