Opinión

Redes sociales: donde la edad y la experiencia no significan nada

Las redes sociales rompen barreras generacionales: la edad, la experiencia y el conocimiento no significan nada en un universo donde el anonimato está a la orden del día.

22-01-2018, 2:41:30 PM

Estás en redes sociales. Sucede que “Mariana_Pérez_78” comenta tu foto de Instagram, o bien tu post de Twitter o Facebook. O bien te empieza a “seguir”, o puede ser que dé un “like” o un “fav”. Igual sí se llama Mariana, o no. Igual se apellida Pérez, pero tampoco es seguro. ¿Nació en 1978, o bien un siete de agosto? ¿O el “78” fue simplemente un número aleatorio porque “Mariana_Pérez” ya estaba ocupado?

Sin nombres, rostros o edades

Un Profesor, reconocido catedrático universitario, escribe un tuit sobre política. Alguien le contesta con unas palabras que no reflejan particular conocimiento del tema. Ese alguien puede recibir una breve cátedra, un áspero comentario (pero informativo), o incluso una referencia bibliográfica relevante al tema. De hecho, en plataformas como Twitter o Facebook, puede arrancar un intercambio con ires y venires argumentativos, con muchos “siguiéndolo” y más interviniendo. Y ocurre que el interlocutor es una estudiante de preparatoria (o de secundaria) refugiada tras su avatar. Una de las mentes más privilegiadas y cultivadas de su generación puede estar actuando intensamente con… con quién sabe quién. Una persona misteriosa a la que el catedrático de marras no habría concedido más que un par de minutos (si acaso) si le plantea su cuestionamiento en persona.

Los rivales en un juego virtual pueden tener 18 y 65 años, o incluso una mayor diferencia. No saben absolutamente nada el uno del otro, tampoco les interesa. Solo cuenta la habilidad en el combate virtual. Ni siquiera sus nombres verdaderos conocen (puesto que usan apodos), quizá tampoco su nacionalidad. Amistades florecen en toda clase de comunidades virtuales entre desconocidos que de otra manera nunca se habrían encontrado. Hubo siempre algo en común, pero ya no es la pertenencia a cierto grupo generacional o social. Las identidades muchas veces no importan, menos todavía las edades.

Derribando barreras tradicionales

La tecnología no sólo está abriendo brechas (el famoso “digital divide”), sino que las cierra, en todos los niveles. Porque no es la edad que tenga uno, sino lo atrayente, por intereses, capacidad, ingenio, conocimiento o cualquier otra cualidad apreciada en el círculo o grupo virtual en que se mueve. Y, por supuesto, ello atrae interés, respuestas seguidores, resonancia, e impacto. Un impacto que es finalmente lo que muchos miden y tiene relevancia en el mundo real. Siempre hubo los llamados influencers, aunque no se les conociera por ese nombre, pero generalmente se trataba de alguien con años, muchos años, en el medio respectivo. Igual esa persona tuvo que pagar diversos precios a lo largo del tortuoso camino. Podía ser un estudioso de la moda fuera de serie, pero había que congraciarse con el dueño o editor de la revista para poder publicar y llegar a un público.

Resulta que la tecnología permite desde hace algunos años a, por ejemplo, una adolescente con una laptop (o simplemente su teléfono) montar un blog sobre moda que, por las más diversas razones, prende entre en su generación y más allá. Sus comentarios, críticas y sugerencias se convierten en factor decisivo para muchos. Con el paso del tiempo la adolescente tiene el mismo impacto en nivel de ventas que la edición más reciente de Vogue. O un YouTuber tiene tanta influencia (o más) como crítico de hoteles o restaurantes como una persona que lleva décadas ejerciendo de ello como un profesional. Una poetisa aficionada sin estudios literarios formales igual puede encontrarse de repente que su blog tiene una cantidad inesperada de seguidores. De nuevo, antecedentes como educación, trayectoria profesional o edad pierden relevancia, muchas veces por completo.

Es un aplanamiento generacional. Evidentemente no todo es positivo, lejos de ello. El anonimato que ofrece un avatar, la posibilidad de registrar datos falsos (nombre, edad, género) muchas veces implican problemas, desde el bullying hasta el crimen. Pero lo que ahora une a millones en una u otra plataforma puentea entre los más diversos grupos.

Los extremos generacionales se unen en las redes sociales

El enfrentamiento, y entrenamiento, humano con un teclado ocurría generalmente, durante la era anterior a Internet, en la secundaria. Era entonces que se llevaba esa materia conocida como “mecanografía”. Era algo muy útil, por supuesto, pero sobre todo por la velocidad y claridad que proporcionaba a la escritura. Era un instrumento para homogeneizar registros, pero poco más. Las primeras computadoras a nivel público (PC) ofrecieron el traslado a una pantalla y el poder corregir los errores con mayor rapidez, esto es, por medio de procesadores de texto.

Esos teclados se transformaron, hace poco más de 20 años, en el puente a todo el conocimiento de la humanidad. Ya no eran teclas que golpeaban para escribir sobre un papel, tampoco para llevar las letras a una pantalla. El teclado QWERTY permanece, pero es otra cosa. Por ello los niños de este siglo no pueden esperar para llegar a la secundaria para dominarlo: es su puente no solo a escribir, sino a comunicarse con sus familiares, amigos y desconocidos. Sus palabras ya no quedan en un papel, sino que, unidas a imágenes de lo más diversas (desde fotografías hasta emoticones) pueden llegar a cualquier parte del planeta. Para cuando llegan a la secundaria igual son unos astros escribiendo en el celular con sus pulgares, no utilizando los 10 dedos en el tradicional QWERTY.

Leer: ¿La adicción al celular es nuestra cadena perpetua?

No es sólo el extremo joven del espectro el que usa la tecnología. También es el otro, porque el progreso de las últimas décadas ha permitido una vejez muy diferente a la existente hasta hace no mucho. La debilidad visual se compensa aumentando el tamaño de la letra, o incluso por medio de la lectura vía auditiva. El viagra, y otros compuestos similares, han revolucionado el sexo en una edad otrora impensable. Hoy los abuelos se comunican con sus hijos y nietos por WhatsApp, entre otras formas de comunicación similares. De nuevo, las generaciones se aplanan, incluso en los extremos.

¿Un futuro ageneracional?

Difícilmente la exitosa blogger adolescente va a poner al crítico de modas de Vogue en un pedestal. Y el segundo tendrá que enfrentarse a la realidad que la primera es su par, al menos en el terreno que comparten. Ese respeto que despertaban, en automático, las canas seguirá desapareciendo, porque de hecho hace décadas que inició.

Ese respeto tenía mucho de positivo, porque los años no sólo era el dominio en un solo campo, sino toda una vida de conocimiento y experiencia, lo que muchas veces se resume como sabiduría. Pero esa sabiduría seguirá al alcance de aquellos de menor edad, y disponible a través de los puentes y plataformas más diversos. Es, de hecho, mucho más accesible, aunque sea con menos reverencia. Es la sabiduría del catedrático para esa estudiante anónima de secundaria. Pero algo no ha cambiado: tiene el reto de aprovechar ese conocimiento.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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