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¿Por qué la ciudadanía salvará a la democracia de su suicidio?

Contrario a lo que se ha creído durante mucho tiempo, la democracia no es un fin en sí mismo, y requiere de una ciudadanía e instituciones

27-06-2019, 7:06:22 AM
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La democracia, por definición, es un sistema abierto e imperfecto. La virtud fundamental de la democracia, y a la vez su principal “defecto”, es que ella misma puede suicidarse. El abuso de sus imperfecciones la pueden llevar a su autodestrucción.  Así, por ejemplo, cuando actores de toda índole que tienen un perfil fundamentalmente autoritario normalmente llegan al poder, no por la vía de la rebelión o la imposición militar, sino usando precisamente las condiciones de libertad que otorga un sistema institucional democrático. Paradójicamente, la posibilidad de que cualquier individuo tenga las garantías y la libertad para acceder al poder es una de las contradicciones más serias que ponen en riesgo a la misma democracia.  

La democracia no es un lugar a donde llegar, ni un estatus ni un espacio, sino una actitud y un método. Contrario a lo que se ha creído durante mucho tiempo, la democracia no es un fin en sí mismo; es un sistema de pesos y contrapesos institucionales y es “solo” un medio para ayudar a entendernos, para facilitar nuestras relaciones políticas y sociales que, entre otras cuestiones, nos proporcionan certezas para la participación y nos corresponsabilizan de los asuntos públicos.

Las elecciones de 2018 y el respectivo cambio de gobierno están marcando inevitablemente un punto de inflexión en este proceso de consolidación democrática para el apuntalamiento competitivo del sistema. Por las decisiones que se han tomado desde diciembre pasado nos indican que, por un lado, no se pretende seguir evolucionando nuestro sistema hacia la consolidación de nuestra democracia y, por el otro, pareciera que todas las intencionalidades desde el poder no son estrictamente gobernar como tal, sino que se trata de derrumbar esa democracia y construir un régimen nuevo, distinto.

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Notimex

Pareciera que lo que hoy que vivimos no es el inicio de un nuevo gobierno, sino creación de un sistema distinto y no necesariamente el fortalecimiento de la democracia que en principio se pretendía consolidar después de casi 30 años de reformas en ese sentido. Desgraciadamente, en ese proceso de transición se descuidó el desarrollo social y ello hizo que se acumularan rezagos, lastres, costos y desigualdades muy serias. Los resultados de las elecciones de 2018 son la consecuencia, la secuela, el efecto de todo aquello que no se quiso o no se supo resolver a tiempo.

Sin embargo, ello no debe inhibir las acciones que como sociedad y como ciudadanos tenemos como responsabilidad. Hoy, las mayorías legislativas están sometidas al voluntarismo y no necesariamente al bien común. No obstante, ello no nos exime de nuestra responsabilidad de la participación. 

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Necesitamos crecer en términos institucionales y sociales con un sentido de democrático. El actor social que posee una actitud ciudadana se responsabiliza de la cuestión pública y de la sociedad, cotidiana y permanentemente. Adopta un compromiso de fondo. A los autoritarios siempre les conviene contar con individuos que esperan que alguien les resuelva la vida, que alguien sea el gran proveedor. Una sociedad democrática y abierta se construye a partir de ciudadanos participativos y responsables de la cosa pública y que exigen rendición de cuentas a sus representantes.

En otras palabras, mientras que el ciudadano común no haga suya la política y no solo se la deje a los “políticos”, entonces se podría hablar que se ha comenzado un proceso serio de cambio de régimen y consolidación democrática. La política debemos “privatizarla”. La política la han “estatizado” los políticos. Una democracia se caracteriza por contar con verdaderos ciudadanos.

Es forzoso reconocer a las instituciones políticas porque avalan y dan certeza al actuar social, político y económico en cualquier país. Pero los ciudadanos también tenemos que reconocer que, si no “privatizamos” la política y no nos hacemos cargo de los problemas sociales, entonces no nos podremos quejar del actuar de los “políticos”. ¡Urge ciudadanía!

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel

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