Opinión

Bartlett, la caída del sistema y la fiesta que nunca sucedió

El 6 de julio de 1988 era la fecha elegida para festejar al nuevo presidente de México, pero la “caída del sistema” electoral cambió la historia y Manuel Bartlett no sería olvidado desde ese día.

31-07-2018, 11:03:43 AM

Se quedó aquella fiesta sin empezar. Era la noche del 6 de julio de 1988, en la sede nacional del PRI, en Insurgentes Norte, muy cerca de Buenavista. En aquellos tiempos, sólo una reja negra se interponía entre la calle y los edificios principales del partido hegemónico.

Se podía ver al pasar el mural Revolución, de Francisco Eppens, pues no había láminas entorpeciendo la visibilidad. Pero, además, en la explanada, estaba esa noche montado un gran templete, junto con una docena de puestos estilo kermesse; las bocinas tocaban a todo volumen música de mariachi, pero era sólo una grabación. No había mariachi, ni bailarines folclóricos, ni tamales, ni animador, ni confeti, ni risas, ni barullo… porque no había gente, no había nadie.

Había sido una campaña inusual en comparación con todas las anteriores, desde hacía décadas. El equipo de uno de los candidatos más jóvenes a la presidencia en la historia de México estaba exhausto.

A Carlos Salinas de Gortari le habían surgido problemas desde el principio. Antes de ser nombrado candidato, las grillas y batallitas sordas entre la gente de Alfredo del Mazo, Manuel Bartlett y el propio Salinas no habían sido pocas.

Luego, quedaba claro que se enfrentaría a uno de los candidatos panistas más fuertes de su historia: Manuel J. Clouthier, Maquío. Por último, tras su elección como candidato, aquella cosa rara que dio en llamarse “corriente democrática” dentro de su propio partido, había dejado al PRI para postular al hijo de Lázaro Cárdenas, Cuauhtémoc, bajo lo que sería el Frente Democrático Nacional.

Detrás de cada uno de estos golpes, detrás de cada obstáculo, algunos entre los partidarios de Carlos Salinas, sólo encontraban una explicación: Manuel Bartlett.

Archivo.

Secretario de Gobernación durante todo el gobierno de Miguel de la Madrid, este hombre tenía en sus manos los hilos de todo el acontecer político (y policiaco) del país. En ese México, el titular de Gobernación era el policía político de mayor rango, el hombre mejor informado, el titiritero de mil personas, movimientos y grupos, el administrador de una caja chica bastante grande.

Bajo su mando había estado la Dirección Federal de Seguridad, ese organismo negro que había sido desarmado hasta 1985. Bartlett era un hombre al que se le podía temer y que no había tomado bien el no haber resultado candidato a la presidencia.

Así que Bartlett estaba detrás de cada golpe contra Carlos Salinas, en opinión de sus partidarios: hasta del surgimiento del FDN, según sus teorías conspiratorias. Ganarle la candidatura al Secretario de Gobernación en ese entonces conllevaba un gran riesgo: en él recaería la organización de las elecciones, a través de la Comisión Federal Electoral, un organismo 100% dependiente de Gobernación.

Las cosas empeoraron: Cárdenas empezó a subir como la espuma, el efecto del “Tata” era real y reconocible; otro gran candidato, Heberto Castillo, había optado por declinar a favor de Cuauhtémoc.

En el grupo más cercano a Salinas no se descansaba nunca: estaba por ahí un tal Luis Donaldo Colosio, Manuel Camacho, José Córdoba Montoya, Pedro Aspe, Ernesto Zedillo, Emilio Losoya, Otto Granados.

Era el grupo que, en su propia narrativa, traería el cambio al PRI, tras los escándalos, corrupción y caos económico provocado por Luis Echeverría y José López Portillo. A esa época, entre 1970 y 1982 se le llamaba la “Docena Trágica”.

Pero las metas no podrían cumplirse, porque Bartlett.

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Surgían problemas, grupos campesinos protestando aquí, obreros por acá, violencia selectiva, estados hostiles y, horror de horrores, la insinuación del dirigente de los petroleros, “La Quina”, de que podría respaldar al hijo de Cárdenas. Nada de esto podría estarse dando sin la anuencia de Bartlett, pensaban algunos.

Aún así, cuando llegó el día de la elección, todo estaba preparado para la fiesta. La tradición era que hacia las 10 u 11 de la noche, el secretario de Gobernación saldría a declarar ganador al candidato priísta, con la consecuente felicitación del presidente en funciones. Las fuerzas vivas, los campesinos, obreros, maestros, petroleros, burócratas se reunirían entonces a celebrar hasta la madrugada en el CEN nacional, y comenzaría la transición, justo al día siguiente.

Pero no fue así.  Manuel Bartlett salió a los medios para decir que el sistema que soportaba las elecciones se había “caído”, por lo que de momento no se podría declarar un ganador.

La señal fue terrible. De inmediato, en las filas del FDN esto fue interpretado como un triunfo para Cuauhtémoc Cárdenas. Se produjo el episodio que ya ha sido relatado muchas veces: cuando Porfirio Muñoz Ledo le imploraba a Cárdenas ir a Gobernación a negociar, para establecer el triunfo y una transición pacífica. La negativa del michoacano, por motivos que sólo él conoce bien.

La solidaridad de Maquío y de Rosario Ibarra, que apoyaron de inmediato al FDN.

Entre las filas salinistas, el asombro y la incredulidad cundieron. Para algunos, no entre los más cercanos ni en su círculo íntimo, ésta fue la última afrenta de Bartlett. Dejar la sombra de la duda en la elección de su candidato.

La idea de que Bartlett colaboró con Salinas para realizar un fraude electoral es, pues, la versión externa al PRI. Para una parte de la infantería priista y salinista, la caída del sistema fue la traición máxima de Bartlett.

Y en el CEN del PRI la fiesta vacía, la kermesse que no sucedió. La campaña sin “premio” para cientos de militantes. Los pocos congregados fueron llevados a uno de los auditorios, en donde el presidente del PRI, Jorge de la Vega Domínguez, afirmó haber obtenido un triunfo contundente e inobjetable. Luego, cada uno, a su casa, en silencio, a defender los días siguientes este triunfo flaco, escamoteado, enclenque.

Manuel Bartlett sería Secretario de Educación Pública bajo el presidente Salinas, luego sería gobernador de Puebla y Senador por el PRI, hasta su salida del partido, en 2006.

Ahora estará en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, como director de la Comisión Federal de Electricidad. Un hombre del que desconfían muchas personas, muchos grupos, a lo largo de la historia, pero que ha sabido quedarse, de una forma u otra, en el poder.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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