Opinión

El amor en el trabajo, ¿qué tan enamorado estás de lo que haces?

Existe la percepción de que las emociones no tienen cabida en los negocios; sin embargo, incluir el amor y sus características como la vulnerabilidad, la confianza y la intimidad, puede tener grandes beneficios para las empresas.

14-02-2018, 9:28:27 AM
equipo de trabajo, amor

Este 14 de febrero me parece propicio hablar de amor, pero no del amor romántico, sino del amor en y por la empresa. Me refiero al amor que uno puede sentir por su organización y la misión y visión de la misma; sus compañeros de trabajo, clientes y proveedores; y los proyectos en los que uno está involucrado, y analizar si esto es de beneficio en los negocios o tema ajeno y hasta dañino para ello.

Tradicionalmente aprendemos que las emociones no tienen lugar en los negocios y que las decisiones deben ser tomadas con la cabeza y no con el corazón. Esto es especialmente cierto en la cultura masculina, el género todavía (y desafortunadamente) imperante en la mayoría de los puestos directivos. Como hombres nos han enseñado que las emociones son malas, y que deben ser evitadas a toda costa a la hora de tomar decisiones de negocios. Pareciera, entonces, que la palabra amor y negocios no caben dentro de en una misma oración. Sin embargo, existen múltiples ejemplos del uso de emociones, incluyendo el amor, en términos de liderazgo efectivo, clima organizacional positivo y publicidad convincente.

Aunque es cierto que mi labor como consultor de desarrollo y cambio organizacional reside principalmente en ayudar a las empresas a lograr resultados tangibles; es decir, objetivos y lógicos, a menudo facilito la creación de espacios de autenticidad, confianza, intimidad y, por qué no decirlo, amor entre los integrantes de un equipo de trabajo y la labor que realizan para lograr dichos resultados. Esto es todo un reto, puesto que, como ya mencioné, la mayoría de nosotros (especialmente si somos hombres) hemos sido educados para pensar que la mejor manera de trabajar es siendo serio, frío y distante (léase profesional). Esto es especialmente cierto en nuestra cultura mexicana/latinoamericana, donde las estructuras jerárquicas y el poder imperan, las emociones son catalogadas como debilidad, y los subordinados y las mujeres son vistos y tratados como ciudadanos de segunda clase.

Independientemente de nuestras costumbres y cultura, y del riguroso hábito que tenemos para trabajar únicamente con la cabeza, creo que vale la pena echar un vistazo a este tema y definir, de una vez por todas, si el amor y otras emociones son buenos o no para las empresas y los negocios, así como las consecuencias de un entorno de trabajo carente de amor.

La carencia de emociones en las empresas, incluido el amor, es palpable. La mayoría de los ejecutivos de negocios, culturas organizacionales e incluso los textos de negocios hablan poco o nada acerca de las emociones, especialmente del amor. De hecho, cuando las emociones se mencionan, éstas son vistas como obstáculos que hay que manejar y suprimir llamándole a esta acción Inteligencia Emocional.

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Los resultados actuales de un gran número de organizaciones a nivel mundial incluyen cuestiones como:

  • Falta de compromiso del personal.
  • Alta rotación.
  • Clima laboral negativo.
  • Resistencia al cambio.
  • Conflictos entre la gerencia y la fuerza de trabajo (sindicatos).
  • Resultados de negocios pobres.

Así las cosas, y si queremos cambiar estos resultados, quizá sea hora de cambiar no solo la estrategia de negocios, sino también el contexto y el enfoque que existe en el trabajo; de infundir un poco de amor en nuestras organizaciones.

Muchos de nosotros sabemos, ya sea por experiencia o intuición, que para poder alcanzar excelentes resultados de negocios es necesario contar con la colaboración de las personas, puesto que son ellas las que finalmente toman decisiones y hacen gran parte del trabajo no rutinario. Además, en el mundo altamente dinámico e incierto en el que vivimos, es sumamente importante que las personas realicen un esfuerzo discrecional; es decir, que hagan cosas que ninguna cantidad de dinero, sueldo y prestaciones pueden comprar, y ninguna política, procedimiento, contrato de trabajo o descripción de puesto, puede regir. Para lograr este esfuerzo discrecional, es imperativo que las personas hagan las cosas porque las quieren hacer, no solo porque las tienen que hacer.

Esto depende del nivel de entrega y pasión que los colaboradores sienten por su trabajo y por las personas con las cuales lo realizan y, por ende, tiene sentido que uno se entrega y apasiona más cuando ama lo que hace, el lugar donde lo realiza y las personas con las que colabora.

Existen varios expertos de negocios que abogan por la inclusión de las emociones en el trabajo y el beneficio de contar con entornos laborales así. Algunos ejemplos incluyen a Simon Sinek y su círculo de confianza, a Robert Kegan y el valor de la intimidad (DDOs, Deliberately Developmental Organizations), y a Brene Brown y el poder de la vulnerabilidad, todas ellas características relacionadas con el amor.

Para terminar, los dejos con una frase de Henry Ford, quien dijo que una empresa que solo hace dinero es una empresa pobre. A esto, humildemente yo le agregaría que una empresa que solo busca hacer dinero, en lugar de crear un espacio donde el amor, y otras emociones, puedan existir y florecer, está tarde o temprano destinada a fracasar.

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