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NASA confirma que la CDMX se hunde más de 2 centímetros al mes

01-05-2026, 9:00:00 AM Por:
NASA confirma que la CDMX se hunde más de 2 centímetros al mes
© NASA

Es bien sabido que la CDMX se hunde por estar construida sobre un lago, pero esta tecnología satelital permite medir el fenómeno con una precisión inédita.

La Ciudad de México se hunde, y ahora el fenómeno puede medirse desde el espacio con una precisión cada vez mayor. La NASA informó que el satélite NISAR, desarrollado junto con la Organización de Investigación Espacial de la India, identificó zonas del Valle de México que descendieron más de dos centímetros al mes entre el 25 de octubre de 2025 y el 17 de enero de 2026. En los mapas de la misión, las áreas con mayor subsidencia aparecen en azul oscuro, especialmente en torno al Aeropuerto Internacional Benito Juárez y la zona del Lago Nabor Carrillo.

El hallazgo no significa que el hundimiento haya empezado ahora. Al contrario: confirma con nueva tecnología un problema documentado desde hace más de un siglo. Lo relevante es que NISAR permite observar movimientos milimétricos del terreno aun con nubosidad, lluvia o poca luz, lo que abre una nueva etapa para monitorear riesgos urbanos en tiempo casi real.

Por qué se hunde la Ciudad de México

La explicación está bajo el suelo. La capital mexicana fue construida sobre un antiguo sistema de lagos, con sedimentos blandos y altamente compresibles. A ello se suma la extracción masiva de agua subterránea para abastecer a una metrópoli de alrededor de 20 millones de habitantes. La NASA explica que el bombeo de agua, combinado con el peso del desarrollo urbano, ha compactado el antiguo lecho lacustre durante más de 100 años.

El hundimiento de la CDMX agrava riesgos de inundación, daños estructurales y fallas en infraestructura | Imagen: Depositphotos.com
Emprendedor.com | Alto Nivel El hundimiento de la CDMX agrava riesgos de inundación, daños estructurales y fallas en infraestructura | Imagen: Depositphotos.com

La imagen más cotidiana de este proceso está en las grietas, hundimientos diferenciales, banquetas deformadas, tuberías rotas y edificios inclinados. La NASA recuerda que, en las décadas de 1990 y 2000, algunas zonas metropolitanas llegaron a hundirse alrededor de 35 centímetros por año, con daños en infraestructura como el Metro.

El agua está en el centro del problema

El hundimiento de la CDMX no puede separarse de su crisis hídrica. Datos de Conagua muestran que el acuífero de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México tiene una recarga media anual de 512.8 millones de metros cúbicos, pero una extracción de 993.2 millones, lo que deja una disponibilidad negativa de 480.4 millones de metros cúbicos. 

En otras palabras: se extrae mucha más agua de la que el sistema puede recuperar.

Este punto coincide con los insumos editoriales revisados sobre estrés hídrico en México: la conversación sobre agua dejó de ser ambiental para convertirse en un problema estructural. En ese material se destaca que solo 17% de la población mexicana vive sin cortes de agua y que, en la CDMX, hasta 40% del suministro puede perderse por fugas antes de llegar a los hogares.

Hundimiento, fugas e infraestructura: una cadena de riesgo

El problema es circular. La ciudad extrae agua del subsuelo porque necesita abastecerse; esa extracción compacta el terreno; el hundimiento rompe tuberías y redes; las fugas obligan a extraer más agua para compensar pérdidas. Así, la crisis hídrica y la subsidencia se alimentan mutuamente.

Un estudio publicado en Groundwater for Sustainable Development analizó un sitio de la Ciudad de México durante 10 años y registró un asentamiento total de 3.661 metros, con una tasa promedio de 31.4 centímetros por año. La investigación concluyó que el principal motor del hundimiento es la caída sostenida de la presión de poro causada por el bombeo de agua subterránea, aunque nuevas infraestructuras también pueden aumentar el estrés sobre el suelo.

Qué zonas enfrentan mayor riesgo

El hundimiento no ocurre de forma uniforme. El patrón más grave se concentra hacia el centro-oriente del Valle de México, donde históricamente estuvieron los antiguos lagos. El Atlas de Riesgos de la Ciudad de México clasifica zonas con subsidencia de hasta 30 centímetros por año, y especialistas de la UNAM han advertido que esas áreas coinciden con regiones más vulnerables a inundaciones.

El Aeropuerto Internacional Benito Juárez es un ejemplo particularmente sensible. Además de aparecer cerca de las zonas críticas identificadas por NISAR, se ubica en una zona baja de la cuenca y ha enfrentado episodios de inundación durante lluvias intensas. Esto muestra que el hundimiento no solo es un problema geológico: puede afectar movilidad aérea, logística, comercio, turismo y operación urbana.

El Ángel de la Independencia, el símbolo visible del hundimiento

Uno de los ejemplos más conocidos es el Ángel de la Independencia. La NASA recuerda que el monumento, inaugurado en 1910, ha requerido 14 escalones adicionales en su base porque el terreno alrededor se ha hundido con el paso de los años. El monumento no se “elevó”; fue la ciudad la que bajó.

El Ángel de la Independencia es uno de los símbolos visibles del hundimiento acumulado de la ciudad | Imagen: Depositphotos.com
El Ángel de la Independencia es uno de los símbolos visibles del hundimiento acumulado de la ciudad | Imagen: Depositphotos.com

Este tipo de señales ayuda a comunicar un problema que a veces parece abstracto. La subsidencia no siempre se percibe de un día a otro, pero sus efectos se acumulan durante décadas. Cuando se combinan con lluvias extremas, drenaje insuficiente, crecimiento urbano y cambio climático, el resultado puede ser una ciudad más vulnerable a inundaciones, fracturas y daños estructurales.

Qué tendría que pasar ahora

El reto no se resuelve solo con monitoreo. La información satelital sirve para entender mejor el problema, pero la solución requiere gestión integral del agua, reducción de fugas, recarga de acuíferos, captación pluvial, restauración de zonas ambientales, control del crecimiento urbano y mantenimiento profundo de infraestructura.

El propio material editorial revisado sobre estrés hídrico plantea que el desafío del agua exige soluciones públicas, modernización de infraestructura y cambios de hábitos de consumo. Esa lectura encaja con la alerta de la NASA: si la CDMX sigue dependiendo de una extracción subterránea mayor a la recarga natural, el hundimiento continuará acumulando costos sociales, urbanos y económicos.

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