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Finanzas

Fobaproa, a 30 años de la tragedia que México no debe repetir

14-01-2020, 6:00:53 AM Por:
Fobaproa
© Especial

El costo del Fobaproa fue del 14.5% del PIB del país y el 60% de los recursos para el rescate bancario fueron públicos.

En este año 2020, el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) cumple 30 años de vida. En contra de la creencia popular de que este organismo nació tras la gran crisis de diciembre de 1994, su origen data del año 1990 bajo la administración del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Lo que sí es un hecho es que la deuda generada hace un cuarto de siglo por el desastre económico sigue pagándose bajo otros mecanismos e instituciones, y peor aún, seguirán pagándolo varias generaciones más de mexicanos.

La intención al crear el Fobaproa fue contar con un mecanismo de protección para México ante la eventualidad de una crisis como las registradas en la, para entonces, recién concluida “década perdida” de los 80; este fondo se mantuvo vigente por varios años, aunque en realidad no operaba ni disponía de recursos, era solamente un esquema ideado para eventualidades que, dicho sea de paso, según los políticos de entonces, nunca sucedería, pero la dura realidad obligó a que se reactivara a partir del primer minuto de enero de 1995. Antes de que sucediera el “error de diciembre”, las autoridades consideraban poco probable un escenario de “falta de liquidez” en las instituciones financieras, amenaza que se había registrado años atrás y que se volvió realidad en países de la región como Argentina, Brasil o Perú.

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Notimex Al finalizar el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), parecía que el país había superado muchos de sus problemas, pero justo en ese último año todo empezó a deteriorarse.

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¿Por qué los bancos tendrían falta de liquidez?

La materia prima de los bancos es el dinero. Se supone que las instituciones bancarias tienen en sus cuentas los recursos que obtienen como inversión de sus clientes. Por lo tanto, un banco en teoría no debería tener problemas de liquidez. Pero, ¿qué pasa si un banco es exigido en muy poco tiempo para devolver todo el dinero que le han invertido? Esto sucedió en otras épocas y puso en serios predicamentos a los bancos ya que el dinero que reciben lo invierten a su vez en muchos proyectos y/o productos financieros; un banco puede soportar demanda de liquidez hasta cierto punto, después los problemas se hacen presentes y, para cumplir con ellos, debe recurrir a su capital, lo que pone en riesgo a la institución. Algo así es lo que ocurrió en 1995 con los bancos mexicanos.

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¿Estaba en riesgo el sistema bancario?

No solamente estaba en riesgo, de hecho quebró y solamente 4 de los bancos que operaban en ese entonces lograron sobrevivir al brutal “choque económico” que sacudió al país y que tuvo su origen en el “error de diciembre”: Banamex hoy Citibanamex, Bancomer hoy BBVA, Santander que en realidad se formó tras la adquisición que hizo la institución española del banco original que sobrevivió llamado Serfín; y la única institución con capital 100 por ciento mexicano que data de aquellos turbulentos años es Banorte.

Los demás bancos fueron absorbidos por las instituciones más grandes, quebraron o fueron rescatados por el gobierno y posteriormente vendidos a otros postores; luego de 1995 empezaron a nacer una serie de bancos de nicho que se han consolidado, por eso es que el sistema bancario mexicano es en realidad un joven de 25 años, el que existió antes colapsó en 1995 victima de la mayor crisis financiera y económica en la historia de México.

Citibanamex
archivo Reuters.

Algunas de las cifras del Fobaproa

En 1994 con la devaluación del peso las deudas adquiridas se volvieron impagables, esto debido a que en ese entonces  no existían esquemas de tasa de interés fija y todos los préstamos estaban sujetos a la volatilidad del mercado. Como sabemos, la crisis de 1994 multiplicó el nivel de tasas de interés de un mínimo de 7 por ciento en noviembre de ese año a un aproximado de 53 por ciento para junio del año inmediato. El impacto era descomunal, las deudas personales, empresariales e incluso entre entidades del gobierno se volvieron impagables, la quiebra de la economía estaba a la vuelta de la esquina.

La reactivación del Fobaproa fue la estrategia del gobierno para evitar el colapso, con este fondo al que se le inyectó dinero público se diseñaron programas de rescate financiero para evitar la quiebra masiva en el sistema bancario. Un balance breve del Fobaproa, deja las siguientes cifras:

1) El costo total del Fobaproa fue del 14.5 por ciento del PIB del país: Fue probablemente el costo más alto que jamás ha pagado algún país por una crisis similar. En la década de de los 90 España registró un colapso del sistema bancario que, según cifras de la hacienda española, costó 9.5 por ciento del PIB. En total, la crisis bancaria de esa década habría costado a Europa en promedio el 12 por ciento del PIB, ya que para cada nación hubo costos diferentes. Pero también es difícil decir sin cortapisas que el costo fue altísimo y que había otras opciones porque en realidad nunca sabremos cual habría sido el costo de no haber actuado, ante lo desconocido es imposible hacer otro tipo de comparaciones y las que se hagan son solamente teorías a posteriori.

2) La inyección de recursos del Fobaproa se conformó de la siguiente manera: 40 por ciento correspondió a los recursos obtenidos por los bancos que sobrevivieron a la crisis más la capitalización lograda por los más de 40 bancos que han aportado al incorporarse al sistema a partir de 1995. Por su parte, 60 por ciento fue directamente cubierto con recursos públicos.

3) El Fobaproa no solamente apoyó a los accionistas bancarios, sino también a ahorradores: Los accionistas bancarios fueron apoyados porque no vieron disueltas sus instituciones de inmediato, eso es cierto. Pero, en realidad lo que se evitó fue algo mucho más grave, que los ahorradores perdieran sus recursos, mucho de ese dinero era el ahorro de toda una vida.

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4) Este era el escenario tras el “error de diciembre” que no dejaba muchas más opciones que un Fobaproa: La inmensa mayoría de los deudores de la banca no podían pagar sus créditos porque el costo de estos se multiplicó un promedio de 5 veces al original. La deuda bancaria se encareció con la depreciación de la moneda. Los bancos, a su vez, también estaban endeudados incluso a nivel internacional, deuda que de igual forma se multiplicó en su costo. El acceso al crédito se volvió muy difícil, casi imposible.

5) Otro gran costo del Fobaproa, indirecto pero con los mismos resultados, fue sin duda la caída de la economía; el PIB de México se desplomó 6.29 por ciento en 1995 y aunque se recuperó de inmediato en 1996 el golpe de largo plazo al bienestar económico fue imposible de borrar.

6) Tras el colapso del sistema bancario, el crédito a la economía se hundió; antes de 1995 el sistema bancario mexicano prestaba un equivalente de 25 por ciento del equivalente del PIB, para 1996 la tasa de crédito bancario a la economía fue de tan sólo 7 por ciento.

7) Al cierre de noviembre pasado, la deuda total heredada por el Fobaproa al hoy Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) asciende a 1 billón 58 mil 567 millones de pesos, cifra que se compone del rescate original, de los programas de rescate y saneamiento financieros reportados desde que se registró la quiebra bancaria, así como de la actualización por inflación de los montos nominales.

El Fobaproa es y será uno de los temas más polémicos de la historia financiera del país. Nunca se conocerá lo que pudo suceder si este Fobaproa no hubiera existido y, por lo tanto, si el gobierno de entonces no hubiera rescatado a las instituciones bancarias.

Lo que sí parece un hecho ya irrefutable es que la deuda, que se supone se pagaría originalmente en 20 años, difícilmente se logrará. El 12 de diciembre de 1998 el Congreso mexicano votó por la desaparición del Fobaproa y el nacimiento del IPAB, con la expectativa de que la deuda heredada se terminaría de pagar a más tardar en 2025, a 5 años del plazo, luce difícil que se logre dicho objetivo. Sea como sea, el Fobaproa es, por sus consecuencias, uno de los grandes errores que un país como México no puede darse el lujo de repetir.

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