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El engaño de EU y Canadá sobre los salarios en México

Algunos sectores de EU y Canadá acusan dumping salarial en México. Algo irreal, pues los bajos salarios en el país son producto de una serie de factores externos e internos que han afectado a los trabajadores.

23-10-2017, 6:00:23 AM
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Fotoarte Sofía Ugalde.

Todo empezó con el reclamo de un líder sindical canadiense: los salarios que reciben los trabajadores mexicanos son muy inferiores a los de sus contrapartes en América del Norte, y representan una competencia desleal. Por ello, como parte de las negociaciones del TLCAN, el gobierno tenía que subir esos salarios. Había nacido el argumento del “dumping salarial”.

Dumping es una práctica comercial relativamente común: se vende un producto en otro país, pero a un precio inferior al de producción, o en todo caso al precio en que se vende en el propio país. Esto con el obvio objetivo de ganar mercado a costa de la competencia existente. Dicha práctica lleva muchas veces a la queja por parte de otros fabricantes, particularmente los nacionales. La respuesta de ciertos gobiernos ha sido decretar impuestos a la importación, aumentando el precio del bien importado.

¿Mejor el proteccionismo comercial?

Por más espurio que sea el argumento, su mención ha desatado una fuerte controversia, y con toda la razón. Son ya casi 24 años que inició la vigencia del Tratado. Muchas de sus promesas se cumplieron: el comercio creció en forma exponencial, y México ha evolucionado en potencia manufacturera respetable. Mientras que el petróleo mexicano se agota (y su uso mundial probablemente inicie un fuerte declive), el país ha pasado de ser un productor de materias primas a transformador industrial, aunque todavía lejos de sus contrapartes.

El centro-norte del país está plenamente integrado a la economía global. Esto en una nación que hace una generación seguía obstinada en la sustitución de importaciones. En enero de 1994, con el TLCAN, cayó en definitiva lo que se conocía de manera un poco irónica como el Muro del Nopal (o Muro de la Tortilla). Esto es, cuatro años después que el propio Muro de Berlín.

Pero, la mayor objeción posible, los niveles de bienestar no han mejorado de manera significativa. El PIB per cápita ha aumentado, pero no de forma importante. Con las cifras en la mano, puede argumentarse que el crecimiento fue mucho mayor en la era del proteccionismo que bajo el libre comercio. Durante el período 1953-81 (todo caracterizado por una cerrazón comercial que incluso llegó a ser extrema) el crecimiento anual promedio del producto por habitante fue de 3.2%, una cifra espectacular. De haberse mantenido, México tendría hoy un nivel de riqueza por persona superior a Portugal o similar a Corea del Sur.

Pero la estadística correspondiente a 1981-2016 es 0.7%. La diferencia es enorme. Con la primera, el PIB (por habitante, importante reiterarlo) se duplica en 22 años. Con la segunda se necesita exactamente un siglo. La mayor parte de ese período (la apertura comercial se inició con fuerza en 1985) ha sido bajo un comercio mucho más libre. Parecería que, contra lo que se piensa, México debería cerrarse a piedra y lodo. De hecho, aunque minoritarias, hay voces proteccionistas en México, que han cobrado cierto ímpetu gracias a Donald Trump.

Un brutal estancamiento económico

La realidad es que el estancamiento se explica por factores ajenos al comercio. A partir de 1983 fue casi una década perdida por un lastre brutal: el endeudamiento externo acumulado en 1973-82. Por años se tuvo que cubrir no sólo el capital (con México fuera de los mercados internacionales de crédito) sino elevados intereses. La transferencia de recursos al exterior llevó a que se dejara de invertir en el propio país. Esto explica el estancamiento hasta 1990.

A partir de 1995 fue la crisis provocada por un endeudamiento masivo de corto plazo en dólares (Tesobonos) durante la administración Carlos Salinas de Gortari, que manejó en forma desastrosa el gobierno de Ernesto Zedillo. Otro brutal freno al crecimiento llegó, sí, por la vía comercial: la competencia de China a partir de su entrada a la Organización Mundial del Comercio en 2001. Pocos años más tarde fue el golpe, brutal, de la crisis financiera global de 2008-09.

Improductividad y salarios

Los factores internacionales explican mucho, pero no todo. Mucho se dice que un salario va atado a la productividad. Es absolutamente correcto. A una persona, llanamente, no se le puede pagar más de lo que produce. Para ganar más tiene que producir más en el mismo tiempo, esto es, aumentar la productividad. El impresionante crecimiento en los niveles de bienestar observado en los últimos dos siglos se explica precisamente por productividad, que ha crecido en forma constante desde la Revolución Industrial.

En cambio, cifras del INEGI indican que la evolución de la productividad en México desde hace un cuarto de siglo ha sido negativa (-0.3 por ciento en el período 1991-2015). Esto es, México ni siquiera debería estar creciendo. ¿Por qué lo hace? Porque hay más personas ingresando al mercado laboral. No es que el conjunto de los mexicanos haga más, simplemente es que hay más.

Por ello, por razones externas e internas, los salarios han crecido tan poco en estas décadas. Bueno fuera se tratara de un “dumping salarial”. Es mucho peor que eso: un país estancado mientras que muchos otros han sido capaces de avanzar a un ritmo mucho más rápido. No se trata de una serie de gobiernos que han conspirado para aplastar el poder adquisitivo de los trabajadores. La realidad es más triste: los mexicanos son muy trabajadores (como es evidente cuando migran), pero poco productivos.

No es por decreto

De ahí la inutilidad de los reclamos de los líderes sindicales de Canadá o Estados Unidos, o de los propios gobiernos de esas naciones. Los salarios en México no son como una olla de presión que quiere estallar, sino que reflejan la realidad improductiva. Los salarios se determinan en un mercado, no por decreto.

No se puede esperar que los salarios en México, por ello, suban de manera pronunciada en los próximos años. Si el gobierno exigiera a empresas importantes “dar el ejemplo” y aumentar de manera importante sus pagos a trabajadores llevaría a desempleo o economía informal. No hay una respuesta fácil, sino un largo y difícil camino para alcanzar una mayor productividad. Ojalá existiera el tan cacareado “dumping salarial”, puesto que sería más fácil de resolver que el principal problema económico que enfrenta México.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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