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Dr. Q, entró ilegal a EU y hoy es un genio que lucha contra el cáncer

Alfredo Quiñones, Dr. Q, pasó de ser un mexicano indocumentado en Estados Unidos a un genio que lidera una de las investigaciones más importantes del mundo contra el cáncer cerebral.

29-08-2017, 6:35:45 AM
alfredo quiñones dr q

Dr. Q pone ambas manos frente a sus ojos y las observa, las reconoce. “Son las manos con las que toco a mis pacientes”, dice, “las mismas que antes pizcaban tomate y ahora resuelven cirugías muy complejas”.

En esa frase se resume buena parte del mérito que ha llevado a Dr. Q a ser uno de los personajes más reconocidos en el mundo de la medicina, el neurocirujano que se ha impuesto a sí mismo una de las misiones más ambiciosas: la cura del cáncer cerebral.

“Uno de los retos más grandes es soñar y cómo transformar esos sueños en realidad, crecer y fortalecernos”, dice Alfredo Quiñones Hinojosa, Dr. Q, durante su más reciente participación en el Foro Banorte.

Y sí, el doctor nacido en Mexicali hace 49 años ha demostrado que los únicos límites que conoce son los del que sueña.

Antes de que alguien pensara en un muro, ya había rejas. Quiñones tuvo que saltar una de ellas para llegar a Estados Unidos a los 19 años, iba tras el sueño americano sin saber exactamente cómo sería.

Lo intentó en dos ocasiones porque a la primera lo regresaron. Llegó a Calexico, California, en donde durante dos años se dedicó a pizcar algodón y jitomate, así como a desarrollar algunos oficios como trabajos eventuales.

De aquella época, finales de los 90, hasta hoy, Dr. Q ha vivido de todo: se graduó de la carrera de psicología de la Universidad de California de Berkeley, donde se adentró en el mundo de la neurobiología; aplicó y fue recibido en Harvard, donde concluyó con honores y empezó su trabajo como investigador, y se casó y tuvo a su primera hija.

“He pasado los últimos 20 años de mi vida científica en el laboratorio, que se podrían resumir en seis libros publicados, más de 350 artículos en revistas de ciencia, 20 patentes, más de 150 científicos que han pasado por mi laboratorio y dos empresas que hemos empezado este año enfocadas en lo que estudiamos”, dice Quiñones.

Sus orígenes no lo abandonan, Dr. Q no sólo mantiene ese acento norteño cuando habla español, sino también el recuerdo de su abuela en todo momento: ella era la curandera por la que Quiñones eligió la medicina como bandera.

La batalla de todos los días

La Organización Mundial de la Salud alertó en 2015 que el cáncer –todo tipo de cáncer– era el responsable de 8.8 millones de muertes en el mundo. Y la cifra va a aumentar.

“Para el año 2025, el cáncer será la causa número uno de muerte y, para el 2030, 13 millones de muertes serán atribuidas a esta enfermedad”, advierte Dr. Q.

De ahí, que el mexicano esté en búsqueda de respuestas. Lo hace desde la Clínica Mayo (Jacksonville, Florida), el hospital de neurocirugía más reconocido en Estados Unidos, y también en su propio laboratorio, en donde confluyen 30 científicos –y que trabaja gracias a una inversión de 12 millones de dólares al año–.

“Tenemos una oportunidad de invertir, de encontrar nuevos tratamientos y curas, de integrar tecnología y conocimiento para cambiar al mundo”, dice entusiasmado.

Quiñones se ha ganado a pulso ese sobrenombre digno de un superhéroe de comics: Dr. Q. La buena noticia es que es real, es mexicano y su investigación avanza de forma prometedora.

Dr. Q está convencido de que el mismo cerebro esconde la cura de sus enfermedades. El científico utiliza células madres como caballos de Troya, las modifica a través de nanopartículas y virus, y las injerta en el cerebro de ratones que cargan los tumores de los pacientes. En eso consiste la investigación y su trabajo de años.

“En el cerebro humano hay alrededor de 100 millones de neuronas y hemos identificado que suceden más de 164 trillones de sinapsis”, sustenta el especialista. “Es el órgano más precioso, los nos hace ser quiénes somos, imaginar y explorar el mundo”.

De acuerdo con el científico, el cerebro trabaja al 5% de su capacidad. Conocer más sobre él, asegura, llevará al ser humano a romper todas las barreras.

“Si logramos utilizarlo más, no habrá retos o fronteras que no podamos solucionar: educación, hambre, desigualdad, falta de acceso a salud”, señala.

Conocimiento, inversión y sacrificio

Desde hace unos meses, Quiñones comenzó con misiones altruistas y programas de intercambio con diversos países: ha llevado su conocimiento a países como México (con pláticas y cursos en Guadalajara, Ciudad de México y Monterrey), Panamá, Colombia, Costa Rica, entre otros.

“Lo que hacemos es formar puentes, darle a la gente esperanza, aprender de los cirujanos de otros países y compartir”, explica.

En su trabajo ha visto llegar gente de otros países, que pasan una temporada, aprenden y enseñan, para regresar a su lugar de origen y mejorar los propios niveles de medicina.

“Hace falta esa inversión en infraestructura en México, que la gente que se vaya después quiera regresar a su país. Tenemos que invertir en nuestra juventud y dejar de pensar que todo va a ser gratuito: lo bueno cuesta. Los jóvenes también deben hacer sacrificios, estudiar, formar conexiones, mirar hacia la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas”, lanza.

Dr. Q salió de México, pero no ha dejado de ser mexicano. Se preocupa y, sobre todo, se ocupa, a su manera, de mejorar el país que lo vio nacer, pero en el que no encontró las oportunidades.

Pronto, también se solidificará el proyecto de los productores hollywoodenses Dede Gardner y Jeremy Kleiner (12 Years a Slave, The Big Short, Moonlight), para llevar su vida a la pantalla grande.

Quiñones, el científico que pizcaba tomate, es en sí mismo un mensaje para la xenofobia y la intolerancia. Una historia de éxito, de esas que realmente hacen grande a América.

¿Y qué opina de los muros el doctor que saltó el enrejado para llegar a Estados Unidos?

“Soy científico y cirujano. Me levanto a las 4:30 de la mañana y me duermo a medianoche; no pienso en políticas, no me da tiempo. Mi responsabilidad es representar a nuestro país, tratar de ser un ejemplo positivo. Pienso que la forma en que podemos contrarrestar esas opiniones es enfocarnos en lo que sabemos hacer”, concluye.

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