Desafíos y oportunidades para México ante el escenario geopolítico
La crisis en Medio Oriente confirma la interconexión global: ningún país está aislado de los efectos de los conflictos internacionales.
Por: Ari B. Saks Gonzalez, Associate Partner de Impuestos y Líder de los servicios de inversión en Nearshoring de EY México.
A pesar de que el conflicto en Medio Oriente ocurre a miles de kilómetros, sus repercusiones son globales y nuestro país no está exento. La fragilidad de la paz nos sugiere que los desacuerdos podrían escalar nuevamente, configurando un escenario complejo que impacta la seguridad, estabilidad regional, economía mundial, cadenas de suministro y las relaciones internacionales, ámbitos donde México tiene intereses estratégicos.
El cierre del Estrecho de Ormuz —ruta clave por donde transita cerca de un tercio del petróleo mundial— ha elevado la tensión en el comercio energético. Hostigamientos con drones, amenazas de ataques, interferencias electrónicas e incluso los bloqueos aumentan el riesgo para la navegación. Aunque el país no depende directamente del petróleo del Golfo Pérsico, forma parte de un mercado global, por lo que la volatilidad de precios puede afectar su economía.
Como productor y consumidor, México debe fortalecer su seguridad energética ante esta realidad. La volatilidad en los precios del petróleo puede traducirse en inflación y aumentos en los costos de los combustibles, afectando la economía doméstica y la competitividad. Por ello, es clave diversificar fuentes de energía, impulsando en mayor medida las renovables e infraestructura, lo cual puede generar oportunidades de negocio y asociaciones estratégicas.
La situación también evidencia la necesidad de una política energética que contemple una alta incertidumbre e incluya mecanismos de resiliencia, también presiona las cadenas globales de suministro, especialmente relevantes para México por su integración en sectores como el automotriz, eléctrico-electrónico y agroindustrial.
Los posibles peajes o restricciones en puntos estratégicos como los estrechos de Ormuz o Malaca obligan a México y sus empresas a revisar modelos logísticos y comerciales. La dependencia en rutas vulnerables puede generar retrasos, cuellos de botella y mayores costos, lo cual reduce la competitividad internacional del país y sus empresas.
Por ello, es fundamental diversificar rutas comerciales y proveedores, así como modernizar la infraestructura logística como puertos, ferrocarriles y carreteras, con el fin de mejorar la conectividad. También resulta crucial la digitalización de las cadenas de suministro mediante tecnologías avanzadas que permitan una respuesta más ágil ante una posible crisis. La pandemia de COVID-19 ya demostró la importancia de modelos más resilientes como China+1 o China+2, +3.
Desde una perspectiva geopolítica, el conflicto refleja un equilibrio de poder complejo, donde participan actores como Estados Unidos, Irán, China y potencias regionales. La fragilidad de las negociaciones, la participación indirecta de países como Emiratos Árabes Unidos e Israel, y la creciente influencia china configuran un entorno dinámico. Para México, tradicionalmente alineado con la no intervención y el multilateralismo, esto representa una oportunidad para reafirmar su compromiso con la estabilidad global.
Tras varios meses de conflicto, el impacto económico posiblemente se reflejará en un principio en empresas globales, afectando ingresos y proyecciones. Para las compañías mexicanas, esto implica fortalecer la administración de riesgos y mantenerse atentas a la evolución geopolítica. Integrar estos análisis en la planeación del C-level será esencial para anticipar riesgos y detectar oportunidades.
En este contexto, las empresas en México pueden adoptar diversas estrategias:
- Diversificación de proveedores y mercados: reducir la dependencia de regiones o rutas vulnerables, incluyendo estrategias de nearshoring para una mayor estabilidad y adaptación.
- Resiliencia en la cadena de suministro: implementar monitoreos en tiempo real, análisis predictivos y sistemas de alerta temprana. La automatización y digitalización mejoran la visibilidad y control en las cadenas globales de valor.
- Gestión del riesgo geopolítico: integrar análisis geopolíticos en la toma de decisiones, es decir, desarrollar planes de contingencia y considerar seguros o fondos para enfrentar eventualidades.
- Optimización de inventarios: mantener niveles óptimos de inventarios que permitan enfrentar interrupciones sin generar costos excesivos.
- Alianzas estratégicas: colaborar con empresas, gobiernos y organismos para compartir información y mejores prácticas.
Finalmente, la crisis en Medio Oriente confirma la interconexión global: ningún país está aislado de los efectos de los conflictos internacionales. Para los empresarios en México, la estabilidad de sus negocios depende no solo de factores internos, sino de su capacidad para comprender y adaptarse a un entorno geopolítico cada vez más dinámico.
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