Corredores del Bienestar: ¿qué son y en qué se parecen a las ZEE?
El desarrollo regional ha funcionado en otras naciones, pero forma parte de una estrategia integral que depende también de muchos otros factores.
El gobierno de México, a través de la Secretaría de Economía, ha lanzado una nueva política pública denominada “Corredores del Bienestar“. Según las autoridades, esta estrategia tiene como objetivo detonar la economía y el desarrollo regional a lo largo y ancho del país mediante 10 corredores estratégicos. Estos corredores están diseñados para promover la productividad en función de las vocaciones regionales y las necesidades de los sectores productivos locales.
Aunque se presenta como un proyecto novedoso, los Corredores del Bienestar no son completamente nuevos. En realidad, representan una extensión de la estrategia implementada durante el sexenio anterior. Entre los proyectos clave impulsados por esa administración destacan el Tren Maya, que conecta diversas comunidades y zonas turísticas en el sureste, y el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT). Ambos forman parte de un plan más amplio para estimular el desarrollo económico del país, que también incluye fortalecer la proveeduría interna y fomentar el mercado nacional.
¿Qué son los Corredores del Bienestar?
Bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, los 10 Corredores del Bienestar retoman la actividad iniciada por su antecesor, particularmente en el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. Este corredor busca conectar los océanos Pacífico y Atlántico a través de la franja más estrecha del país, lo que ofrecería una ruta alternativa al Canal de Panamá para el comercio internacional. Adicionalmente, otros nueve corredores se desarrollarán en regiones clave de México, cada uno con un enfoque particular en función de las características económicas y productivas de las áreas que abarcan.
Por ejemplo, en el corredor del Pacífico, que incluye los estados de Nayarit, Jalisco, Colima y Michoacán, se dará prioridad a sectores como la petroquímica, los hidrocarburos, la fruticultura y la pesca. En la región norte, el corredor conocido como Frontera, que abarca Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, estará enfocado en industrias como autopartes, manufactura y agroindustria. En esencia, los Corredores del Bienestar replican los polos de inversión promovidos anteriormente, pero con una expansión hacia otras áreas del país.
El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, impulsado en el sexenio anterior, ya había sido declarado como un área estratégica para el desarrollo económico. Los “Polos de Desarrollo para el Bienestar”, creados en esa región, eran zonas delimitadas con condiciones especiales para atraer inversiones y aumentar la productividad local. Ahora, el gobierno de Sheinbaum busca replicar este modelo en otras regiones del país para fomentar el crecimiento económico y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.
Zonas Económicas Especiales (ZEE): El antecedente inmediato
En 2016, el expresidente Enrique Peña Nieto promulgó la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales (ZEE), una estrategia diseñada para cerrar las brechas de desarrollo entre las distintas regiones de México. Las ZEE fueron áreas delimitadas con ventajas naturales y logísticas, pensadas para convertirse en polos de desarrollo industrial. En su concepción, estas zonas recibían estímulos fiscales y administrativos para atraer inversiones, generar empleo, desarrollar cadenas de valor y fomentar la demanda de servicios locales.
Las ZEE se establecieron en varias regiones del país. Entre ellas, el Puerto Lázaro Cárdenas, que abarcaba municipios de Michoacán y Guerrero; el Corredor del Istmo de Tehuantepec, que incluía los polos de Coatzacoalcos (Veracruz) y Salina Cruz (Oaxaca); y Puerto Chiapas, en el estado de Chiapas. El objetivo primordial de las ZEE era democratizar la productividad a nivel regional, asegurando que las poblaciones locales tuvieran acceso a las mismas oportunidades de desarrollo que en otras partes del país.
La estrategia de las ZEE, aunque ambiciosa, no llegó a consolidarse. Con el cambio de gobierno en 2018, la administración de Andrés Manuel López Obrador decidió eliminar las ZEE, argumentando que no habían generado los resultados esperados. A pesar de ello, la idea de utilizar polos de desarrollo para impulsar la economía regional no desapareció por completo y fue retomada, bajo otra forma, en los Corredores del Bienestar.
¿Hay diferencias entre las ZEE y los Corredores del Bienestar?
A primera vista, tanto los Corredores del Bienestar como las Zonas Económicas Especiales parecen tener objetivos similares: detonar el desarrollo económico en regiones específicas del país. Ambos buscan aprovechar las ventajas naturales y logísticas de diversas áreas para crear polos de desarrollo que atraigan inversión, generen empleo y fomenten la productividad local. En este sentido, las diferencias entre ambas estrategias parecen ser más de forma que de fondo.
Una diferencia clave radica en la estructura fiscal y administrativa de las ZEE, que incluían incentivos fiscales y otros beneficios para las empresas que decidieran invertir en esas áreas. Los Corredores del Bienestar, por su parte, se enfocan más en aprovechar las vocaciones productivas de cada región y fomentar la proveeduría interna y el mercado nacional. Sin embargo, ambas estrategias forman parte de una visión integral de desarrollo que depende de múltiples factores, como el entorno macroeconómico, la infraestructura y la estabilidad política.
En resumen, aunque con nombres distintos, tanto las ZEE como los Corredores del Bienestar tienen un objetivo común: impulsar el desarrollo regional para fortalecer la economía nacional. Lo que determinará su éxito será la capacidad de integrarse en una estrategia coherente y sostenida en el tiempo, que tome en cuenta las particularidades de cada región y los retos globales.
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