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¿Es bullying la crítica al gobierno?

El presidente Peña Nieto asegura que hay bullying hacia las instituciones. ¿Es eso lo que sucede o hay un aislamiento del gobierno hacia la gente?

17-11-2017, 8:53:36 AM
pena nieto informe

A Enrique Peña Nieto le quedan 380 días en Palacio Nacional. Todo muestra que es hoy y seguirá siendo un Presidente confundido por lo que considera ingratitud hacia las instituciones. Imposibilitado para entender el repudio, se queja en público del maltrato que reciben. Al no comprender la decepción, cae en una actitud defensiva.

“Bullying” a las instituciones

Lo del “bullying” a las instituciones del Estado (que él encabeza) es la más reciente. No es la primera explosión defensiva, y es de suponerse no será la última. La improvisación presidencial rezumaba enojo y frustración. Fueron las palabras de alguien que se siente profundamente molesto ante las constantes críticas:

  • (…) Lamentablemente a veces se escuchan más las voces que vienen de la propia sociedad civil… que condenan, que critican, y que hacen bullying sobre el trabajo que hacen las instituciones del Estado mexicano. Y perdón que lo diga, y aquí entramos en un problema todavía más grave, y crítico: queremos actuación responsable y eficaz de las Instituciones a las que todos los días, o casi todos los días, pretendemos desmoronar, descalificar, y especialmente a los integrantes de las corporaciones policiacas. Escuchamos, muchas veces, las voces que con valor y valentía son críticas a los esfuerzos vanos e ineficaces en el combate a la inseguridad. Y muy pocas voces escuchamos cuando hay algo digno que reconocer en la tarea de las fuerzas de seguridad pública, en la tarea de las Fuerzas Armadas, que tienen que actuar cada vez con protocolos de mayor rigor, con absoluto respeto a los derechos humanos. Y cuando se pone en duda que lo hayan hecho, nadie sale a hablar por ellas, nadie sale a defenderlas, nadie habla, respalda y apoya la buena actuación de las policías.

La molestia es clásica de un quinto año de gobierno. Peña Nieto lleva ya casi un lustro protegido de la normalidad de México. Una normalidad caracterizada por la inseguridad. Es el México en el que se sale a la calle con miedo. Por eso, irónicamente, Peña Nieto logró lo que parecía imposible: un regreso del PRI a Los Pinos, catapultado por el horror acumulado en el sexenio de Felipe Calderón. El PAN se convirtió para muchos en el partido que garantizaba la continuidad de asesinatos, secuestros y robos, de fosas comunes y desaparecidos. El partido triunfador en 2000 (con una contundente victoria) y 2006 (por una mínima diferencia) quedó relegado al tercer sitio.

Gobierno de resultados, con pobres resultados

Peña Nieto no teme por su vida o la integridad de su familia. Cuenta con un aislamiento impresionante y un aparato de seguridad extremo. Pero aislamiento no debe implicar desconocimiento. Debe saber que el número de homicidios en años recientes han ido en aumento.

El año pasado, el total cerró en 40,021. Hasta septiembre, el total correspondiente fue 34,327 homicidios, por lo que todo indica que se alcanzara un nuevo máximo.

Por ello, pocos podrían argumentar que los cuerpos de seguridad pública están haciendo un buen trabajo. Tampoco, siquiera, que están mejorando su desempeño. Pero el Presidente parece tomar las críticas como si fueran hechas a su persona. No trata de explicar o justificar, sino de defenderse.

Peña Nieto, quien al parecer se siente buleado, no debería olvidar que prometió un gobierno de resultados. Los resultados, más bien la falta de ellos, están a la vista. Los muertos no gritan, pero sí aquellos que saben sus nombres y apellidos, con el coraje de que esa muerte no debió suceder. Ese reclamo tiene eco en muchas partes, incluyendo organizaciones civiles.

Corrupción cultural

El retroceso en inseguridad es notable, pero lo es más en corrupción, otro frente donde hay defensas públicas por parte del presidente Peña. No hace una defensa directa. Ha dicho y reiterado en diversos foros que la corrupción es algo “cultural” en México. No le falta razón, porque la mordida, la transa, el evadir requisitos, el evitar pagar una multa por una falta, es ciertamente algo normal en México.

Se crece con ello y permea a toda la sociedad. Fuera de México se desvanece. Porque los mexicanos serán corruptos, pero no tontos. Si pasan a Estados Unidos, por ejemplo, ni por error se les ocurre tratar de sobornar a un policía.

Pero el gobierno peñista implicó un retroceso. Los gobiernos de Zedillo, Fox y Calderón redujeron de forma notable las corruptelas en las altas esferas de la administración pública. No que no hubiera abusos o fraudes, pero nada comparado con lo que se había experimentado en el pasado. Hoy lo que campea es una sensación de rapiña en todos los niveles, con Gobernadores y Secretarios de Estado en la mira popular, con algunos ya en la cárcel o bajo investigación.

La actual administración es percibida, con razón o sin ella, como la más corrupta desde López Portillo. Pero en las esferas cercanas al Presidente no pasa nada. Odebrecht es un escándalo en toda América Latina, pero no en México.

La obra pública inflada y mal hecha pareciera la norma, pero nunca hay culpables (si acaso responsables administrativos). Los escándalos ocupan por unos días las noticias, para luego abrir paso al siguiente. La aparente norma, que ha funcionado, es que es cuestión de aguantar a que pase la tormenta de turno.

¿En un búnker?

¿Peña Nieto se da cuenta plena de las fallas de su administración, pero trata de desviar culpas y atención? ¿Es consciente del enfado popular y sus motivos, pero busca aventar la pelota a otro lado? ¿Deja que la inseguridad siga en aumento, lo mismo que la corrupción, porque ya le importa poco lo que ocurre?

Puede ser, pero es más probable que hoy en Palacio Nacional y Los Pinos trabaje un Presidente aislado. En un búnker, rodeado de un séquito obsequioso, se cree buleado por una ciudadanía que no valora su entrega. De ser el caso, todo parece indicar que por el resto de su gobierno seguirá viviendo dentro de esa cómoda y engañosa burbuja.

La sorpresa será muy desagradable a partir de que ceda la banda presidencial, sobre todo si no es a alguien de su propio partido, pero eso no será nada comparado con lo que sufre hoy la ciudadanía en un gobierno que se considera eficaz, pero se siente buleado.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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