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México

¿Por qué no podemos conocer la verdad del caso Colosio?

Toda la evidencia fue manipulada en el caso Colosio, no se respetó la cadena de custodia, los peritos cometieron errores, y la escena del crimen no fue preservada

27-12-2019, 6:20:53 AM

Este texto fue publicado originalmente el 29 de marzo de 2019

El homicidio del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta, ocurrido el 23 de marzo de 1994, quedará en la historia de nuestro país como una emblemática incógnita para la sociedad, y sobre todo, para el sistema de justicia mexicano.

Se trata de un caso que -en términos jurídicos- fue completamente manipulado desde los primeros minutos posteriores al magnicidio, viciando con ello la mayoría de las evidencias que habrían ayudado a resolver el crimen.

Las numerosas irregularidades de la investigación, que tuvo cuatro fiscales especiales, nublan la certeza y veracidad de las declaraciones de los testigos, de la reconstrucción de los hechos llevada a cabo por Mario Aburto, el asesino confeso, y hasta de los proyectiles con los que fue herido de muerte Colosio.

Mario Aburto: ¿el verdadero asesino de Luis Donaldo Colosio?

La bala problema

Luis Raúl González Pérez, el último fiscal especial del caso, actualmente titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, le dio el calificativo de “problema” a una de las balas que obraban como evidencia en el expediente.

Y es que la ojiva que Aburto disparó en la cabeza del candidato fue encontrada en Lomas Taurinas por alguien no identificado, que no siguió ningún tipo de protocolo para preservar la prueba. Es decir, se corrompió la cadena de custodia de la bala que se presume privó de la vida al candidato.

En su informe final, González Pérez detalló que “no obstante que la bala encontrada en el lugar de los hechos presentaba adherencias que pudieran reportar datos sobre si había interesado (penetrado) el cuerpo del licenciado Colosio, el proyectil fue lavado sin dar intervención a peritos en química, histopatología  o genética forense”.

Esa “bala problema”, que nunca se supo quién y cómo se encontró, limpia, sin rastros biológicos de ningún tipo, es la que los primeros fiscales del caso incluyeron como la evidencia que sustenta una parte de la teoría del asesino solitario.

Impericia de peritos

La preservación del lugar de los hechos es fundamental en cualquier investigación criminal, pero en Lomas Taurinas, aquella tarde del 23 de marzo de 1994, nadie fue capaz de ordenar que se acordonara la zona.

Para colmo, cuando los peritos fueron a examinar el lugar hicieron descripciones erróneas, además de que el área donde cayó abatido Luis Donaldo Colosio tampoco fue preservada.

El informe final del caso así lo describe: la orientación cardinal “es equivocada, pues como el perito carecía de brújula fijó la orientación del lugar de los hechos preguntando a los presentes hacia donde se encontraba el norte y por dónde salía el sol. Por ello no son exactas la posición y la orientación finales en que indican que el cuerpo del licenciado Colosio habría quedado con la extremidad cefálica (cabeza) hacia el sur y los miembros inferiores en sentido contrario”.

Esto significa que no existe certeza sobre la posición en la que quedó el cuerpo de Colosio. Adicionalmente, “no se fijaron en forma debida los indicios hemáticos (de sangre) localizados en el lugar de los hechos, e incluso en las fotografías obtenidas se omitió usar un testigo métrico”.

En criminalística, el testigo métrico es una pequeña regla en forma de L que sirve para marcar el tamaño de los objetos o de alguna lesión.

A estos errores se añade otra irregularidad: los peritos no tomaron en cuenta otros importantes indicios, incluyendo la chamarra que vestía ese día Luis Donaldo Colosio. En los dos primeros años de investigación no le realizaron ninguna prueba a la prenda, “ni la revisaron para determinar qué tipo de orificios o desgarres presentaba”.

“Tampoco realizaron una interpretación de los rastros de sangre presentes en el lugar de los hechos y en las ropas del candidato”, asevera el reporte.

Mario AburtoMexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI)
Videos y versiones

Varios testigos de los hechos que fueron presentados ante la fiscalía especial del caso Colosio, admitieron que sus declaraciones se hicieron después de que se les mostraran videos y fotografías del homicidio.

El último fiscal, Luis Raúl González Pérez consideró que lo declarado no era “fruto de una reflexión o recuerdo espontáneo, relacionado con lo que captaron con sus sentidos el día de los hechos, (…) por lo que surge la presunción de inducción en sus testimonios”.

Mario Aburto también tuvo oportunidad de ver algunas de esas grabaciones fílmicas, así lo mencionó en una de sus declaraciones, y en una serie de dibujos que él mismo denominó “imajenes tridimensionales sacadas de videocassettes y fotografias del tomo V En reconstruccion de echos” (sic).

En los dibujos Aburto asegura que una persona lo golpeó en la pantorrilla, ocasionando que el arma se disparara. Esta es solo una de las más de 15 versiones que dio sobre los hechos.

Inicialmente admitió que cometió el homicidio para llamar la atención de la prensa y mostrar sus ideas pacifistas, a fin de que no volviera a ocurrir algo como lo de Chiapas (se refería al levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional del 1 de enero de 1994).

Más adelante corrigió, dijo que el disparo lo había hecho porque le molestó que Colosio no atendiera a una mujer que quería darle unos documentos. En otro momento negó haber tenido la intención de privar de la vida al candidato, pues solo quería herirlo “para darle una lección al gobierno”.

Lo cierto es que él admite haber accionado el arma. Sobre si existen autores intelectuales del crimen, nunca ha mencionado nada. Tampoco ninguna autoridad ha explicado por qué todo el caso fue manipulado.

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