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3 pasos para reconstruirte y regresar a tu vida tras el sismo

El sismo del pasado 19 de septiembre ha traído dolor y tristeza a los mexicanos, pero ha llegado la hora de reconstruirte corregido y aumentado. Te damos 3 pasos para lograrlo.

29-09-2017, 10:33:35 AM

Por muy difíciles que éstas puedan llegar a ser, todas las situaciones dolorosas de nuestra vida traen consigo la valiosa oportunidad de aprender, cambiar, y crear algo nuevo; claro está que este poder solo se activa a partir de nuestra elección y voluntad.

Es muy normal que luego de momentos de tristeza y pérdida nos sintamos poco motivados o devastados emocionalmente y, por consiguiente, se vuelve más complejo tomar la decisión de levantarte y tomar lo bueno de la situación para salir adelante como se dice vulgarmente “corregido y aumentado”.

La tristeza, el miedo y el enojo son emociones perfectamente naturales en momentos como los que vivimos recientemente, no podemos evitarlas y lo anormal sería no experimentarlas, sin embargo, en nuestras manos está no dejarlas avanzar al nivel de estado de ánimo, es decir, hacer que permanezcan en nosotros e influyan en nuestra actitud y decisiones.

Creo que la tragedia del 19 de septiembre derrumbó el corazón de todos nosotros y en el colapso fuimos golpeados por nuestros mayores miedos: la muerte, la pérdida de los que amamos y la pérdida de nuestra estabilidad. Todas las anteriores, situaciones irremediables que ya hemos vivido o que tarde o temprano nos tocará vivir.

¿A quién le gusta sufrir? Creo que nadie lo hace por gusto, por lo menos no de manera consciente, sin embargo, el sufrimiento puede ser una vía confiable hacia el sentido de nuestra vida. Así lo afirmaba Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco, quien no sólo nos habló del sufrimiento desde la teoría, sino que lo hizo desde su experiencia de vida como recluso en los campos de concentración nazi, de los cuales sobrevivió y fueron la inspiración para crear su más grande obra: “El hombre en busca de sentido”.

Viktor Frankl nos habla del “desafiante poder del espíritu”, así nombró a esta obstinación que tenemos por trascender aún en las situaciones más extremas, por decirle sí a la vida, aunque a veces pareciera que ésta misma nos trata de convencer de lo contrario.

Todos tenemos nuestros propios desastres internos, a veces llegan intempestivamente y arrasan con todo y a veces se van formando de a poco. El caso es que muchas veces nos sentimos derruidos, devastados y fragmentados.

No siempre somos responsables de las situaciones que provocan dichos desastres internos, pero si somos responsables y libres para reconstruirnos y seguir adelante.

3 pasos para reconstruirte

1. Dale sentido a tu duelo

Estamos en duelo, sí, pero el duelo no necesariamente es malo, de nuevo: dependerá del sentido que decidamos darle a éste.

En su libro “En la tristeza pervive el amor”, Elisabeth Lukas nos dice que es a través del duelo que podemos ser conscientes de que en nuestra vida ha existido algo valioso. El duelo nos conecta con un dolor que nos ayuda a madurar y que despierta en nosotros una forma nueva y más clarividente de nuestro ser.

Sí somos capaces de reconocer que hemos perdido algo valioso, también lo seremos para reconocer lo que aún tenemos y lo significativo que es.

2. Escombra tu corazón y tu mente

¿Cuántas veces hemos vivido entre los escombros de nuestros desastres internos? Creemos haber superado ciertas crisis en nuestra vida, pero no hemos hecho una limpieza adecuada. Guardamos rencores, palabras hirientes, creencias y actitudes tóxicas y nocivas por el simple hecho de no darnos cuenta de que aún están ahí y que nos han impedido edificarnos en un nuevo territorio, libre y llano.

Es un buen momento para arremangarnos y luchar por salvar nuestra propia vida, salvarla de la amargura, del resentimiento, del ensimismamiento, retirar todo aquello que nos estorba y nos nubla la perspectiva, de manera que podamos ver a los demás, conectarnos con ellos y ser capaces de ayudar a los otros para que también salgan de sus escombros, pero eso no será posible si nosotros seguimos enterrados en los propios.

3. No cuestiones a la vida, respóndele

Cada vez que algo malo nos pasa, en automático llegan a nuestra mente preguntas como ¿por qué a mí? ¿qué hice yo para merecer esto? ¿por qué la vida es tan injusta conmigo?

Buscamos ser felices, evitar el sufrimiento y el dolor, obtener lo que deseamos. Nada se debe buscar directamente, se trata de encontrar el sentido en cada situación y circunstancia que te da la vida y responderle, lo que requiere de ti.

Más que seguir haciéndole preguntas, demos respuestas. Una pregunta mucho más funcional podría ser: ¿Qué me está pidiendo la vida en estos momentos?

Las imágenes de rescate nos dan el mejor ejemplo de lo que nos pide la vida. La vida nos pide movimiento, entrega, caridad, solidaridad, empatía, unión con nuestros hermanos. Por el contrario, nuestro ego nos pide apatía, críticas, ensimismamiento, separación y pelea.  Tú decides a cuál de estos dos amos quieres servir y así también asumir sus respectivas consecuencias.

La reconstrucción es un proceso, no sucede mágicamente de un día para otro, se trata de ir levantando las piezas poco a poco e ir sacando lo que nos estorba. En el inter, tengamos cuidado de no olvidar, no permitamos que la rutina anestesie de nuevo nuestra consciencia con la falsa idea de que somos eternos y que mañana será otro día. No sabemos en qué momento se nos acabe el veinte.

“Poco a poco, vamos dejando de notar lo mucho que las personas a las que está referida nuestra existencia la intensifican y nos hacen felices. Sólo cuando nos despedimos de ellas volvemos a ser conscientes de su singularidad”. Elisabeth Lukas

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