Turismo

¿Vacaciones? Guía turística para disfrutar San Diego como un rey

Con sus múltiples atracciones turísticas y gastronómicas, la ciudad de San Diego no es para visitarla: es para vivirla. Aquí te damos una serie de opciones para disfrutarla.

01-12-2017, 12:36:45 PM
san diego

San Diego es una ciudad de la que vale la pena hacerse un “experto”; en donde, después de visitar uno o varios de sus muchos puntos de interés, es vital entrar al más reciente restaurante, a la cervecería local más innovadora, a sus incontables actividades culturales. Hay que hacerse un “sandieguino” por adopción.

Para ello, qué mejor que tomar un vuelo nacional y bajarse “del otro lado”. El mejor de los dos mundos existe gracias a una combinación de abundantes vuelos a Tijuana (Aeroméxico tiene siete al día desde la CDMX, más los de Monterrey, León y Guadalajara) con el túnel CBX, que permite bajarse del avión, cruzar migración y aduanas y salir en San Diego, como si nada.

1. Relax en La Jolla

Estamos disfrutando de la vista incomparable del Grande Colonial, en La Jolla, un lugar que apenas tiene edificios altos, y donde no hay condominios populosos. Solo estos hoteles, que han visto desfilar a las estrellas de Hollywood, se alzan unos cuatro pisos; el resto son casas, departamentos en renta y restaurantes.

El Grande Colonial cumplió 100 años en 2013 y su estilo europeo de principios del siglo XX se mantiene. Sus enormes habitaciones son señal de grandes tiempos pasados; su restaurante Nine-Ten del chef Jason Knibb es una leyenda más bien nueva: fue fundado en 2001 y ha sido reconocido como el Mejor Restaurante de San Diego por parte de la guía Zagat.

A unos pasos está George’s on the Cove, una verdadera maravilla de cocina Nueva Americana, del genio Trey Foshee, en donde se puede invertir unas tres horas en una larga cena de degustación, de entre ocho y 12 platillos. ¡Cómo olvidar ese pulpo a las brasas con kimchi de flor capuchina y tempura de nori, glaseado con soya y kumquat!

Para el brunch, lo mejor es el hotel La Valencia, otro de esos que han albergado lo mismo a Clark Gable que a Pink. Ahí, la mimosa es básica y los benedictine un área completa del menú. A veces vienen a grabar las Kardashian.

hotel la valencia, san diego

Hay que explorar las playas cercanas a La Jolla Shores Park, ligeramente protegidas del mar abierto. Su oleaje tranquilo permite salir a los kayaks. Con cierto tipo de marea –y guiado por los expertos de Bike and Kayak Tours La Jolla– se puede entrar a varias cavernas y lagos interiores y conocer así una parte de las entrañas de San Diego. Más al sur están las rocas donde descansan cientos de focas y leones marinos.

Más adelante, hacia el norte, está Black’s Beach, una incomparable zona para surfistas y, es un secreto, una pequeña playa nudista.

Con tanto ejercicio nos volvió a dar hambre. Algunas horas después estábamos en C Level, en uno de los extremos de la llamada Harbor Island. Se trata de otro de los sitios de moda en San Diego, tanto por su increíble cocina, a cargo de la chef Deborah Scott, como por su gran vista del skyline sandieguino. Abrimos con un delicioso queso brie con pepita y sésamo y continuamos con el BLT Sandwich con langosta y auténtico queso Fontina.

San Diego, como todo California, es una tierra de vinos, en donde el Chardonnay y el Pinot Grigio encabezan los blancos. En tintos, hay que hablar de los Cabernet de Napa Valley y los Pinot Noir de Sonoma, si bien Oregon ha estado produciendo algunas etiquetas de gran calidad.

san diego

Pero lo que está causando furor es la cerveza. En San Diego, como en otros puntos en Estados Unidos, florecen las cervecerías artesanales, que van a donde ninguna Budweiser se atrevió a ir jamás. Algunas de las más renombradas son Ballast Point, Pizza Port y Stone, pero la cantidad de fabricantes se multiplica a ritmo vertiginoso. El rango va desde la más ligera pale ale, hasta las más oscuras stout y, claro, las IPA, tan de moda. Cada día surgen nuevos cerveceros, que abren un lugar en el centro o en el Gaslamp Quarter.

2. Por aire y por mar

Recorrer la bahía en una embarcación es por demás placentero, ya sea en un pequeño yate o en un gran catamarán; o bien, en un minicrucero que se puede tomar en el Embarcadero, en donde, por cierto, está Carnitas Snack Shak. ¿Un taco de carnitas para ver el atardecer?

san diego, carnitas snack shack

Para el fanático del veleo, el windsurf y demás deportes marítimos, esta ciudad lo tiene todo; lo mismo para quien busca emociones extremas, como el flyboard, el jet ski o el seabreacher; o para quien prefiere contemplar el skyline. Para el amante de las alturas, hay diversos puntos para practicar el hang-gliding o el vuelo en parapente, entre los que destaca Torrey Pines, al norte, donde se encuentran también una reserva natural y los mundialmente famosos campos de golf. Aquí está otro de los excelentes hoteles: The Lodge. Desde el aeropuerto, en medio de la ciudad, Rotor Zen Helicopters ofrece un paseo en sus máquinas.

En Liberty Station, cerca del aeropuerto, donde por cierto se filmaron escenas de Top Gun, se desarrolló un área dedicada a las artes, la historia y el comercio. Aquí hay que hacer una visita al Liberty Public Market, con los mejores restauranteros informales de la zona. Ofrecen desde quesos selectos de todo el mundo, hasta cocina thai, sushi, argentina y, por supuesto, mexicana, representada por las quesadillas de Cecilia, una chihuahuense que hace un burrito de camarón de maravilla. Pero hay que guardar espacio para las obras de arte que hacen con los macarrones en Le Parfait.

san diego

Donde se concentra gran parte de la vida nocturna es en el centro. Lo nuevo este otoño es el Born and Raised, aunque nosotros cenamos en Ballast Breweries, donde aprendí que la carne Wagyu se lleva de maravilla con una Porter Robusta.

Antes de irnos, hicimos parada en Las Américas Premium Outlets. Luego entramos al puente del CBX y cruzamos tan fácil como al principio, sabiendo que no tendríamos que hacer cola en migración. Son las ventajas de ser un sandieguino.

3. Buscan revivir a un rinoceronte

En Safari Park, una de las dos instalaciones del zoológico de San Diego, murió hace un par de años uno de los últimos rinocerontes blancos del norte (solo quedan tres ejemplares en el mundo, sin posibilidad de reproducirse). Sus cuidadores le juraron hacer lo posible por volver a la vida a su especie y fundaron un centro de rescate del rinoceronte, que cuenta con un “zoológico congelado”. Ahí se conservan muestras de tejido de animales desaparecidos o en proceso de extinción, para convertirlas en ovarios o espermatozoides, pero habrá que aguardar un lustro de investigaciones.

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