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Tokio en el cine, la ciudad del vértigo

Misteriosa y exótica, territorio de gángsters, presa Godzilla, la ciudad de Tokio ha desempeñado muchos papeles en la pantalla grande.

14-05-2009, 5:00:00 PM

Tokio ha servido a los directores occidentales de cine para representar “lo otro”, “lo ajeno”, “lo distinto”. Tenemos a John Wayne como cónsul norteamericano en The Barbarian and the Geisha (John Huston, 1958), haciendo malabares entre su condición de extranjero y el amor de una joven geisha. En la más reciente Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006), el director elige Tokio para narrar la furia de una adolescente sordomuda incapaz de conectarse emocionalmente con su entorno.


Y está la extraordinaria Lost in Translation de Sofia Coppola (2003), donde Tokio también trasciende el cliché de “escenario exótico” para convertirse en un símbolo de la alienación de los protagonistas.


Entrañas violentas
De acuerdo con algunas visiones cinematográficas, bajo la higiénica superficie del Tokio moderno hierven mafias violentísimas. En Kill Bill Volume 1 (Quentin Tarantino, 2003), la asesina profesional Beatrix Kiddo, usa una espada samurai para eliminar sola los 88 miembros de una banda dirigida por O-Ren Ishii.


Una versión más seria del Tokio sangriento está en Yakuza, de Sidney Pollack (1974). Aquí podemos apreciar como un gaijin (“extranjero” en japonés) vuelve a la ciudad  para rescatar a la hija de un amigo secuestrada por los yakuzas. La película retrata con maestría el choque de dos culturas y la decadencia de los códigos de honor guerreros. Los fans del género negro deben revisar la filmografía de Takeshi Kitano remontarse al cine japonés de la década de los setenta, también conocido como “cine de yakuzas”.


Hay una imagen de Tokio cliché: la urbe aplastada bajo las gigantescas patas Godzilla. El famoso monstruo hizo su primera aparición en la película Gojira, en 1954. Desde ese entonces ha protagonizado más de 28 filmes.


Desde adentro
Una cosa es el Tokio de Hollywood; otra muy distinta el que nos muestra el gran cine japonés. Entre las películas más aclamadas está la clásica Historias de Tokio, de Yasujiro Ozu (1954), que retrata en forma minimalista –casi zen– la falta de atención que una familia presta a sus ancianos padres. El cine contemporáneo made in Japan suele explorar los dilemas de una generación que se resiste a ser devorada por el sistema corporativo nipón, pero que aún se encuentra a la deriva, sin hallarle sentido a su nueva libertad individual. Esta confusión parece resonar con más fuerza en Tokio, una megalópolis fría e impersonal dentro de cintas como Vibrator (2003) y Tokyo Trash Baby (2000), ambas de Ryuichi Hiroki. En caso de que prefieras abordar los mismos asuntos a través de la risa, busca a Juzo Itami, director de geniales comedias como Tampopo (1985) y A Taxing Woman (1987).


Tokio parece ser, entonces, el mejor sitio para descubrir lo que es la soledad… y al mismo tiempo una especie de terminal del universo: el lugar en donde todos están siempre conectados con algún punto distante o virtual. Si te interesa explorar a gusto esta paradoja, los vuelos a Japón despegan con frecuencia desde infinidad de pantallas.