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¿Quién es el tapado del PRI para las elecciones de 2018?

Peña Nieto dará dedazo para elegir al candidato de 2018 siguiendo la más vieja usanza, mientras los interesados juegan duro en las sombras.

13-09-2017, 7:19:18 AM
tapado pri

Emilio Gamboa Patrón cumplió con el papel que en algunos sexenios ha tocado a algún priista de alto nivel: hacer una lista limitada y visible de presidenciables. Destacadamente lo había hecho Leandro Rovirosa Wade (secretario de Recursos Hidráulicos) en 1975 cuando llegaba a su ocaso el sexenio echeverrista, nombrando a seis colegas del Gabinete y además añadiendo a un séptimo: el titular del IMSS.

Gamboa Patrón, en el primer plano de la política nacional por casi 25 años, se limitó a cinco, todos ministros.

El viejo juego de “El Tapado”

El presidente Echeverría dio su bendición pública a la lista del tabasqueño Rovirosa (invitando a la población a “analizarlos”).

El presidente De la Madrid fue mucho más allá e instruyó al PRI a hacer una pasarela pública con los seis aspirantes (aunque tres de ellos eran sólo suspirantes de relleno) para que presentaran su proyecto ante la nación.

Sin embargo, las cacareadas listas, independientemente de modalidades, siempre tuvieron el mismo final: el Presidente en turno dando el “dedazo”. Esas diferencias al menos agregan sal y pimienta al proceso del tricolor.

Echeverría, de hecho, humilló en público al Presidente del PRI, Jesús Reyes Heroles, nominando a José López Portillo mientras el veracruzano estaba elaborando un “Plan Básico” de gobierno para el siguiente sexenio. Reyes Heroles había dicho que primero sería el plan y luego el hombre; Echeverría le demostró claramente quién mandaba y a continuación lo pasó del PRI al IMSS (esos gloriosos tiempos de políticos intercambiables entre siglas de instituciones).

La pasarela delamadridista fue tan desastrosa que nadie la quiso repetir, y es improbable que Peña Nieto lo haga, aunque ciertamente sería divertido. La ironía es que el gobierno del único Presidente surgido del mítico Grupo Atlacomulco ha sido tan impopular que es poco posible (aunque no imposible) que su partido siga en Palacio Nacional el año que entra.

Entonces, ¿por qué la fascinación popular con un juego viejo que ya no garantiza que el favorecido por el índice presidencial será el ganador en las urnas? Por el halo de misterio.

Hay una certeza: Peña Nieto dará dedazo siguiendo la más vieja usanza, sin siquiera un intento de disfraz. Se tiene entonces a los interesados jugando duro, pero en las sombras; dando codazos y patadas, o formando alianzas, pero bajo la mesa. El quinteto de Gamboa en doble rol: titulares de una Secretaría de Estado y precandidatos para suceder a su jefe.

Un juego exclusivamente priista

Los otros partidos no ofrecen nada similar. Lo menos edificante es Acción Nacional. Ricardo Anaya es, aunque quizá no lo sepa, fiel seguidor del cacique potosino Gonzalo N. Santos en varios aspectos. Uno es la convicción de que la moral es un árbol que da moras. La otra que lo que se posterga no se verifica.

Eso de tener paciencia y aguardar a 2024 o 2030 no es para un hombre que ya comprobó que arrollar es mejor que esperar. El problema es que su ambición se ha topado con la de otros. Por un lado, la de un ex gobernador de Puebla que empapeló el país anunciando un libro como pretexto para hacer campaña por todo el país. Destaca además Margarita Zavala, igualmente en intensa gira proselitista.

Los panistas están destapados y además desatados. No sólo se están haciendo trizas, sino de paso partiendo a su partido.

Pero el menos el PAN tiene posibilidades reales de ganar la presidencia. El PRD ha quedado desfondado. Su líder natural, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, tiene una reputación tan elevada como el deprimido de Mixcoac.

Ahora Mancera se publicita en diversos anuncios mal disfrazados para impulsar su ambición presidencial. Ha llegado la hora de mostrar resultados, pero estos son magros. No deja de ser representativo que Mancera presume que le cambió el nombre al otrora Distrito Federal, un fiel reflejo de una gubernatura superficial y que se enfocó (también fracasadamente) en temáticas federales como tratar de aumentar el salario mínimo.

El PRD no ha tenido más remedio que subirse al carro del PAN. Movimiento Ciudadano (MC), siempre a la caza de oportunidades para seguir viviendo del erario, ha hecho lo mismo.

Con respecto a Morena, no hay juego en la adivinanza de quién será su abanderado presidencial. Ahí no hay división, sino un dedo autoritario que no conoce oposición, o que en todo caso aplasta al atrevido que cuestione la sabiduría del mesías tabasqueño (como ahora lo sabe Ricardo Monreal).

Andrés Manuel López Obrador hizo un partido para no tener contrapesos o rivales, y la candidatura presidencial nadie se la disputa. En campaña permanente (y de paso burla permanente para el Instituto Nacional Electoral) ahí no hay misterio alguno para la picaresca popular.

Quinteto priista con dúo atractivo

Peña Nieto, a diferencia de sus antecesores priistas, enfrenta un dedazo acotado: debe escoger a alguien que tenga posibilidades reales de ganar. Antes el favorecido por la democracia digital podía inventarse en la campaña. Como decía Luis Spota, algunos meses para conocer el país que iba a gobernar mientras que el país conocía al futuro gobernante. Ese lujo ya no existe.

De los cinco, tres no cumplen con ese requisito de atractivo electoral. Quizá Enrique de la Madrid lo tendría si llevara más tiempo en el Gabinete y encabezara una dependencia con peso. Tratar de proyectarse desde la Secretaría de Turismo representa un sueño. Quizá en el próximo sexenio (si es tricolor) le toque escalar posición y ser un contendiente con peso real.

Aurelio Nuño sí cuenta con un elemento importante: el afecto presidencial. Ha servido a Peña Nieto de manera eficiente, aunque no espectacular. Cierta arrogancia lo llevó a estrellarse contra la CNTE. Desde entonces ha sido hábil en adoptar un perfil bajo, pero precisamente esa discreción ha impedido construir una candidatura sólida ante la opinión pública. No cuenta con la fuerza propia para crecer con rapidez y enfrentarse al abanderado (o abanderada) panista, ya no digamos un viejo lobo veterano de dos derrotas presidenciales (o fraudes, según su óptica).

El titular de Gobernación, en cambio, parece tener todo para llegar a la candidatura. Está en la cartera tradicional de muchos presidenciables, el poderoso ministerio del Interior. Además, también relevante, ha sido Gobernador (de Hidalgo). Lo que le falta a Nuño le sobra a Miguel Ángel Osorio Chong. El detalle es que no hay éxitos que el titular de Bucareli pueda reclamar. Ante los desastres ha declarado que no es tiempo de renunciar, sino de seguir adelante. Parece que ése debe ser su destino: no renunciar y concluir el sexenio.

José Narro Robles, titular de Salud, es el clásico tapado. Discreto, en una dependencia no tradicional pero importante. Esto es, un poco como López Mateos (que brincó a la candidatura desde la Secretaría del Trabajo), salvo la juventud. Larga, muy larga, trayectoria en puestos de primer nivel, destacadamente en la todavía mítica UNAM. Pero, además, un activo invaluable para los militantes tricolores: miembro del PRI, y no reciente. Un militante discreto (muchos ni siquiera saben que pertenece al partido en el poder), pero real.

Tiene un obstáculo visible: su edad. Pero estos son los tiempos de canas, desde Donald Trump (pintadas de naranja), Bernie Sanders o Pedro Pablo Kuczynski (electo Presidente del Perú con 77 años). ¿Lograría Narro encender los votos juveniles como lo logró Sanders? Quizá, porque en la UNAM no se detenía en hacer declaraciones tan huecas como atractivas (por algo se le conoce como el Obispo de Copilco).

Finalmente, queda el tapado de tapados. Tan tapado que no es del PRI: José Antonio Meade Kuribreña. Le resta no ser tricolor (muchos militantes resentirían su nominación), pero ello le suma con muchos otros. Ya entregó un paquete económico 2018 que ha sido bien recibido por los mercados. Nunca ha tenido un puesto de elección popular, pero visto lo visto con ex gobernadores (Fox y Peña) eso ya no es un factor de peso. Su experiencia ministerial es amplia y variada, nada menos que titular de cuatro dependencias (Energía, Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y, dos veces, Hacienda) en dos sexenios (el primero de ellos panista).

Si Peña Nieto quiere ver a un sucesor priista en Palacio Nacional sólo tiene dos cartas: Meade y Narro.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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