Seguridad energética y revolución tecnológica: pilares del crecimiento económico de México

En un mundo donde el liderazgo económico dependerá cada vez más en garantizar energía confiable, limpia y suficiente, México debe distinguirse por la confiabilidad de todo su ecosistema.
Por Álvaro Vértiz, catedrático de la Universidad Panamericana y Socio DGA Group
La seguridad energética y la transformación digital se han consolidado como los ejes estratégicos del desarrollo económico global, y México se encuentra en una encrucijada que puede definir su posición competitiva para las próximas décadas.
En un mundo donde el liderazgo económico dependerá cada vez más en garantizar energía confiable, limpia y suficiente, nuestro país enfrenta una oportunidad única: convertirse en un hub tecnológico y de manufactura especializada global aprovechando su posición geográfica privilegiada.
Sin embargo, esta oportunidad viene acompañada de una responsabilidad importante. El comportamiento de todos los actores del ecosistema, públicos y privados, puede determinar si México capitaliza esta ventana de oportunidad o la desaprovecha por falta de coordinación y transparencia.
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La administración actual ha sentado bases importantes para esta transformación. La Secretaría de Energía y CFE presentaron recientemente el Plan de Fortalecimiento y Expansión del Sistema Eléctrico Nacional 2025-2030, una iniciativa ambiciosa que contempla 51 proyectos estratégicos para añadir 29,074 MW de capacidad instalada.
Este esfuerzo no es solo una modernización técnica; es una declaración sumamente relevante para llevar a México a una posición de liderazgo energético. El plan demuestra que México busca desarrollar la infraestructura necesaria para competir en la economía digital global.
Mientras México avanza y construye dicha infraestructura, Estados Unidos enfrenta una crisis energética que ilustra tanto los riesgos de la inacción como las oportunidades para países preparados. Según la Agencia Internacional de Energía, los centros de datos estadounidenses, que consumían el 4% de la electricidad nacional en 2024, podrían triplicar su demanda de 200 a 600 teravatios-hora para 2030. Esta presión energética ha llevado a gigantes como Amazon y Microsoft a buscar soluciones extremas, incluyendo reactores nucleares privados para alimentar sus operaciones de inteligencia artificial.
Aquí radica la oportunidad estratégica para México. La saturación del sistema energético estadounidense está empujando a las empresas tecnológicas a diversificar geográficamente su infraestructura. México emerge como un destino natural: proximidad con el mercado más grande del mundo, costos energéticos competitivos, y un marco regulatorio que permite esquemas de inversión mixta. México se está posicionando como una de las nuevas potencias en el mercado.
La convergencia entre transición energética y revolución tecnológica ya se está materializando en casos concretos. Por ejemplo, empresas líderes en economías digitales como Equinix, Microsoft, NVIDIA, Google no representan inversiones pasajeras; es una apuesta a que México puede convertirse en un hub global de inteligencia artificial. Estas empresas buscan ecosistemas completos que combinen energía confiable, conectividad digital avanzada y estabilidad regulatoria.
Los parques industriales, desarrolladores inmobiliarios, gobiernos locales y empresas de servicios se han convertido en la primera línea de contacto con inversionistas globales. Su capacidad de proporcionar información transparente, realista y responsable sobre disponibilidad energética, conectividad digital y marcos regulatorios puede ser la diferencia entre atraer inversiones transformacionales o generar desconfianza que afecte la reputación del país entero.
Cuando un parque industrial promete disponibilidad energética que no puede garantizar, o cuando autoridades locales ofrecen facilidades que posteriormente no se materializan, el daño reputacional trasciende al actor específico y afecta la percepción país.
México se encuentra en una ventana de oportunidad que puede no repetirse en décadas. La convergencia de varios factores, crisis energética estadounidense, friendshoring digital acelerado, revolución de la inteligencia artificial, y nuestras propias inversiones en infraestructura, crea las condiciones para un salto positivo en competitividad.
Sin embargo, materializar esta oportunidad requiere que todos los actores del ecosistema entiendan su papel en una estrategia país. No basta con que el gobierno federal haga las inversiones correctas si los actores locales y privados no alinean sus acciones con esta visión de largo plazo.
El Plan 2025-2030 de la Secretaría de Energía y CFE, así como las futuras iniciativas tecnológicas, son pasos firmes, pero el éxito final dependerá de nuestra capacidad colectiva de generar confianza, transparencia y resultados consistentes. En un entorno global donde los inversionistas tienen múltiples alternativas, México debe distinguirse no solo por sus ventajas comparativas, sino por la confiabilidad de todo su ecosistema.
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