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El cambio exponencial o cómo hacer una empresa invencible

Si das 30 pasos estás a 30 pasos de donde comenzaste, ¿cierto?, pero si das 30 pasos de cambio exponencial, entonces le habrás dado la vuelta al mundo 26 veces. Te explicamos por qué.

28-12-2017, 9:30:51 AM
cambio, cambio exponencial

Por Fernando Rau/V.P. Innovation/Great Place to Work® México

¿Cambiando el status quo o cambiando el cambio?  Resulta que hoy día lo que ha quedado anticuado es el cambio. Si, nada más y nada menos. Me refiero al cambio tal cual lo conocimos los últimos 150 mil años. Me refiero al cambio lineal que hace que una semilla devenga en árbol gradualmente, ese tipo de cambios, llamados lineales, son los que nos han rodeado los últimos 150 mil años a los que aún, a veces, nos cuesta acostumbrarnos.

Pero un buen día el cambio cambió y apareció entre nosotros un nuevo tipo de cambio. El hombre comenzó a ser capaz de impulsar un tipo de cambio hasta entonces reservado a la naturaleza. El cambio exponencial.

Uno de los primeros en darse cuenta fue un tal Gordon Moore; él observó que entre el año 1958 y el año 1965 la industria de la electrónica haba sido capaz de duplicar el número de transistores que había en un circuito integrado, solo el año anterior. Se le llamó la ley de Moore y hace 50 años que muchos predicen que no podrá mantenerse por más de 5 años. Es que algo que se duplica a cada paso es algo fuera de los límites de nuestra imaginación. Einstein llegó a decir que el interés compuesto (cuando el capital y los intereses y los intereses de los intereses pagan intereses) es la octava maravilla del mundo.

Hubo un rey que lo aprendió a la mala. Fue el rey al que un buen día, un matemático allá por el siglo VI le regaló su mejor invención, para que se entretuviera y para entretener a su vez, a sus amistades. Se trataba ni más ni menos que del juego de ajedrez. El rey, muy impresionado por tan maravillosa invención, se ofreció a recompensarlo con el regalo que le complaciera.

El matemático hizo hacer creer al rey que haría un pedido modesto y explicó que su petición era trigo. ¿Que cuánto trigo?  El que resultara de poner un grano en el primer casillero del flamante tablero de ajedrez, luego colocar 2 granos en el segundo, 4 en el tercero y duplicar la cantidad hasta haber completado todos los casilleros del tablero. El rey, presuroso, exclamó: “denle a este hombre lo que pide”. Claro, una cosa es pensar lineal y otra cosa es pensar exponencial, el matemático acababa de pedirle al rey 1,900 veces la producción mundial de trigo que el hombre solo sería capaz de producir unos 1,800 años más tarde.

Ya hizo las cuentas Thomas Friedman y, aplicando la ley de Moore a un Volkswagen vintage del año 1971, calculó que si los automóviles hubieran evolucionado al ritmo de los transistores, con el crecimiento exponencial que caracteriza a lo digital y que aparece en lo que muchos han dado en llamar la tercera revolución industrial, entonces, el descendiente actual de aquel automóvil de 1971, correría a una velocidad de 483 mil kilómetros por hora, costaría 4 centavos de un dólar americano y consumiría solo un tanque de combustible durante toda su vida útil. Ese es el poder de algo que se mejora de modo exponencial.

La digitalización, hoy tan común entre nosotros, conlleva muchas veces la capacidad de crecer exponencialmente y a nuestro cerebro se le hace muy difícil proyectarse en ese tipo de cambios. Sale siempre engañado, así que a debemos comenzar a hacer gimnasia mental para poder sentirnos cómodos proyectando cambios exponenciales. Ahí te va un último ejercicio.

Como a Peter Diamandis le gusta graficar; la gran mayoría de nosotros podemos anticipar fácilmente donde estaríamos si damos 30 pasos hacia adelante; a unos 30 metros de donde iniciamos, ¿o no? Pero pocos podemos imaginarnos la distancia recorrida en 30 pasos exponenciales, es decir duplicando la distancia recorrida hasta el momento a cada paso. La distancia recorrida en 30 pasos exponenciales sería igual a dar la vuelta al mundo 26 veces. Exponencial, ¿cierto?

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