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El pueblo que aprendió a sobrevivir a la eterna inundación en Tabasco

Una comunidad en Tabasco, que es asediada por el peligro constante de una inundación, ha descubierto a través de la Cruz Roja Mexicana una forma de sobrevivir al riesgo y reconstruirse.

21-11-2017, 7:00:16 AM

Fotografías: Arturo Aguirre

TABASCO.— Los pobladores de esta comunidad dicen que desde la llegada de los hombres y mujeres de la Cruz Roja no ha vuelto llover. Es una nueva leyenda que se ha construido durante los últimos casi 5 años cuando llegaron los técnicos y voluntarios de la institución de asistencia privada a Jonuta, Tabasco, un municipio que vive bajo la eterna inundación en el edén.

“Estamos atendiendo poblaciones vulnerables, poblaciones que por el simple hecho de ser susceptibles a inundaciones no cuentan con recursos… son personas que no han tenido los recursos para sobreponerse, por lo tanto, el principal reto fue de tipo social”, dice Brenda Ávila, coordinadora del programa de Resiliencia ante Inundaciones de la Cruz Roja Mexicana.

En 2013, la Cruz Roja Mexicana y la seguradora suiza Zurich decidieron implementar un plan que ayudara a la población a sobrevivir a las condiciones naturales de la tierra que habitan y al peligro constante de las inundaciones en la región. Así arrancó el Programa de Resiliencia ante Inundaciones, el cual busca preparar a la comunidad para enfrentar el temido fenómeno natural.

De octubre a diciembre de 2007, Tabasco vivió una de sus peores inundaciones. Alrededor de 62% del territorio quedó cubierto de agua y 75% de la población damnificada en 679 localidades de 17 municipios del estado, con pérdidas y daños calculados en 33,215 millones de pesos (mdp), de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

“México es uno de los países en el mundo que más desastres naturales sufre… se evalúa en el país que más 20 millones de personas están expuestas a fenómenos naturales relacionadas a inundaciones y que, en los últimos 20 años, 85 millones de personas han sufrido un desastre natural, por eso es importante crear comunidades resilientes”, dice Nathalie Darres, directora de Comunicación y Marketing de Zurich.

De 2007 a 2011, el territorio tabasqueño ha acumulado pérdidas por más de 57,000 mdp, dice la Cepal en sus informes; este año, los niveles del río Usumacinta volvieron a crecer y revivieron los temores de una inundación en el municipio marginado de Jonuta, una región que ha cambiado desde la llegada de los enviados de la Cruz Roja Mexicana.

Sin embargo, hay otros ríos que también ponen en riesgo a todo el estado de Tabasco, como son Grijalva y Carrizal. La entidad del sureste mexicano se encuentra rodeada del vital líquido que crece sus niveles cada año.

Hoy, los pobladores se encuentran organizados y preparados para enfrentar una emergencia en su comunidad, la cual se sustenta en la pesca y la agricultura que amarra a sus habitantes a los humedales tabasqueños, pero sí tienen un temor que no disimulan los voluntarios.

La Cruz Roja Mexicana y Zurich darán por terminado el programa de resiliencia en 2018 y los pobladores se preparan para enfrentar, con prevención y conocimientos, las pruebas que pueda ofrecerles la naturaleza y sus caudales.

El edén bajo el agua

Entre el pasto se observa otro cielo, que es el reflejo en el agua de las nubes y el brillo del sol. Los jinetes desafían el río que se extiende por los campos de cultivo y sus caballos logran asomar apenas su cabeza entre el verde de la hierba que crece alto.

El río Usumacinta nace en la parte más alta de los Cuchumatanes, en el Valle de Écija, Guatemala, y desemboca en el Golfo de México. La longitud de 1,123 km y la descarga de cerca de 5,250 metros cúbicos por segundo lo vuelven el afluente más caudaloso de México.

En este territorio de Tabasco no es necesario que llueva para que la carretera y el campo desaparezcan bajo el dominio del agua. Todo lo que suceda con el río dentro de territorio guatemalteco tendrá consecuencias para la población que habita en México.

El municipio de Jonuta, Tabasco, se encuentra a casi 3 horas del aeropuerto del estado. El camino recorre carreteras con retenes militares, una estampa que se ha vuelto común en toda la República Mexicana.

Un camino de selva y espacios verdes es en donde se abre paso la camioneta de la Cruz Roja. En Cocoyolar, la gente avanza entre el campo inundado y el ganado se mantiene a la orilla para salvarse.

Alrededor de los campos de cultivo y ganado se encuentra el Río Chico, en donde se desbordan los brazos del Usumacinta, y que también se conjunta con el Río Grande.

Jonuta cuenta con más de 7,000 habitantes y su destino se encuentra atado a los ríos, ya que sus ingresos dependen de la pesca y el jornal en el campo. Su historia es la de una comunidad que crece en medio de los humedales, las cual trasciende varias generaciones.

El municipio tabasqueño colinda al norte y al este con el estado de Campeche; al sur con el municipio de Macuspana y el estado de Chiapas.

El recorrido a las comunidades se hace en coche y la mayor parte en lancha. Son comunidades lastimadas en donde la cultura del asistencialismo se encuentra muy arraigada. La población se ha insertado en proyectos sociales, pero aún esperan la ayuda de despensas. La Cruz Roja y Zurich han tenido que enfrentar el reto de llegar con cocimientos y no con dadivas.

“Al llegar la Cruz Roja a la comunidad y ser por excelencia una institución asistencialista para aliviar el sufrimiento, se enfrentó a romper el esquema de que solo ayudaba en caso de socorro y es empezar a trabajar en la prevención”, dice Brenda Ávila.

Las primeras asambleas convocadas por la alianza eran para 100 personas, de las cuales solo llegaban dos.

Al principio, la población era escéptica al programa planteado por la institución de asistencia privada, pero 5 años después todo ha cambiado.

El programa se basa en la transferencia de conocimientos y evitar el impacto de los desastres. Tabasco fue elegido para iniciar el programa por la historia de inundaciones en la región. La gente vive dentro de los humedales y el programa busca fortalecer la resiliencia.

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define a la palabra resiliencia como la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos” y la “capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”.

El programa opera en 20 comunidades y gira en torno a 5 capitales impulsado a través de innovación y educación: físico, natural, social, humano y financiero.

La alianza

La Federación Internacional de la Cruz Roja inició la alianza a nivel internacional junto con Zurich.

“El proyecto busca promover la resiliencia en comunidades ante desastres naturales y, en particular, ante inundaciones”, dice Nathalie Darres, directora de comunicación y marketing de Zurich.

Entre una carretera y caminos de terracería, se erige el colegio Juana Pérez de la Cruz, escuela primaria que se ha convertido en la casa de los voluntarios y del programa de resiliencia. Torno Largo Segunda es el nombre de la comunidad que abraza a la escuela y ha mostrado su interés en ayudar al programa de la Cruz Roja y Zurich.

Un salón de clases funciona como aula y dormitorio de los voluntarios. Los pochimoviles cruzan el camino y es una referencia a una tortuga, ya que motos con una estructura trasera similar a un caparazón.

Cinco técnicos se encargan de apoyar a los 24 brigadistas que apoyan a los poblados, en donde se benefician del programa 7,600 personas.

Zurich opera en su organización con ingenieros de riesgos y revisa los 5 capitales que considera el programa. La empresa de seguros apoya proyectos en México, Indonesia, Nepal y Perú.

La compañía europea fue fundada en Suiza en 1872 e inició operaciones en México en 1984. Con cerca de 54,000 empleados, la firma de seguros ofrece productos y servicios de seguros patrimoniales y de vida en más de 210 países y territorios.

“Zurich cuenta con amplio conocimiento de los desastres naturales que pueden afectar a las comunidades y de los mecanismos de protección para evitar ser afectados económicamente o mortalmente”, dice Nathalie Darres.

La Cruz Roja conjunta su capacidad operativa para actuar en prevención, socorro, atención a la salud y voluntariado; mientras que Zurich aporta el análisis de riesgos, planeación e implementación.

Ingenieros de riesgo de Zurich analizan fenómenos naturales y su afectación a la comunidad, para establecer líneas de acción hacia microproyectos y programas de educación.

Las brigadistas son conformadas por jóvenes mujeres y personas de la tercera edad que han encontrado una forma de organización en su comunidad frente a otras poblaciones y ante el mismo gobierno estatal, ya que también gestionan recursos para su poblado.

Ahora, la comunidad conoce la forma de organización desde el municipio hasta el ámbito estatal. La redacción de un escrito o una solicitud es procesada por los mismos habitantes de Jonuta, que exigen a sus gobernantes mejores condiciones de vida.

Amenazas cotidianas como accidentes ya son resueltas por los mismos pobladores y los propios brigadistas que han sido capacitados por la Cruz Roja Mexicana.

Pero no solo en el caso de las emergencias sabe responder la población, sino también en el control de amenazas. El pez diablo era una plaga y el personal de la Cruz Roja enseñó a los pobladores a comerlo y asegurar sus medios de vida.

Un pueblo organizado

La capacitación y organización ha comenzado a dar más frutos. Ahora se desarrollan microproyectos para el acceso seguro y limpio al agua potable en la comunidad, generación de opciones productivas para la subsistencia familiar, aseguramiento de los animales de granja que representan bienes para la alimentación familiar e infraestructura de protección (albergue, muros, bombas de drenaje).

Hasta el momento, el programa ha generado 526 brigadistas capacitados, 24 brigadas en 20 comunidades, un semáforo de alertamiento frente a desastres o contingencias, 30 pluviómetros y 20 Planes de Emergencia Comunitarios.

Asimismo, la población de Jonuta y de regiones aledañas han elaborado 1,251 planes familiares de emergencia para 1,409 familias.

El plan “podemos ponerlo a disposición de otras empresas privadas para poder fomentar la resiliencia en otro tipo de proyectos, tomando el conocimiento y haciendo su transferencia, más allá del tema económico”, dice Darres.

Uno de los logros ha sido que también las mujeres se han empoderado en la región y lideran proyectos gestionados a lo largo de un lustro.

“En México se tuvieron que implementar dinámicas de organización y de integración que no existían… la cohesión social es importante para generar resiliencia en las comunidades”, explica la coordinadora del programa de Resiliencia ante Inundaciones de la Cruz Roja Mexicana.

Para Zurich también fue una etapa de conocimiento en México. “El reto social fue algo que no esperábamos”, dice Darres, quien explica que el conocimiento generado en el país ahora es llevado a las regiones en donde opera la alianza, como Perú o Indonesia.

La prueba

El pasado 10 de noviembre, la población de Jonuta vivió su primer simulacro y la prueba de fuego para el personal de la Cruz Roja que brindó las capacitaciones.

El llamado inicia con una llamada de Protección Civil a los brigadistas de la Cruz Roja Mexicana, así como a la gente de Seguridad Pública. La simulación permite recrear un reblandecimiento de tierra y el peligro para la comunidad.

Los brigadistas llegan al centro de mando de Protección Civil desde su comunidad a la cabecera municipal. La gente porta camillas y equipos de seguridad.

Los brigadistas informan sobre la evacuación con altavoces en la colonia 5 de mayo. En donde la gente presume lesiones de primer nivel: fracturas, heridas abiertas y todos los primeros auxilios básicos.

Ha iniciado la Evaluación de Daños y Necesidades(Edan) de 1,251 familias en las 20 comunidades se encuentran en un censo realizado por los mismos pobladores, con el apoyo de la Cruz Roja Mexicana.

Los voluntarios regresan con los heridos y el reporte de daños a una escuela que funciona como albergue.

Al final, el simulacro ha funcionado con éxito. La población se ha apropiado de los programas que el personal de la Cruz Roja Mexicana le enseñó durante 5 años de preparación.

El reto será lograrlo cuando no estén las personas que los capacitaron.

“A partir de la experiencia en Tabasco se tiene una estrategia nacional de resiliencia en la Cruz Roja Mexicana”, dice orgullosa Brenda Ávila.

Zurich espera que el próximo año se pueda establecer un nuevo programa para apoyar a otras comunidades y alcanzar nuevos logros a través de las semillas que se han plantado con el programa de resiliencia.

La comunidad de Jonuta no solo ha creado la leyenda un grupo de mujeres y hombres que han evitado las inundaciones en la región, sino también la de un grupo de voluntarios provenientes de la Cruz Roja, que les enseñaron a organizarse frente a cualquier desastre natural o cualquier amenaza a la comunidad.

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