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Perros rescatistas: los héroes que encuentran vida donde nadie puede

Los perros rescatistas son capacitados por años para hacer su labor, un trabajo tan complejo, que solo 1 de cada 10 perros entrenados puede lograr.

21-09-2017, 9:30:13 AM

Por Jessica Oliva/Cine Premiere

En una situación de emergencia como lo son los rescates en edificios siniestrados, la forma en que se aprovecha el tiempo y se canalizan los esfuerzos es vital. Cuando se trata de hallar sobrevivientes en un derrumbe, elegir los puntos específicos a explorar no es una tarea fácil, pues existe el riesgo de gastar largas horas en lugares equivocados y desperdiciar recursos valiosos.

De ahí la importancia de los héroes de cuatro patas y narices frías, que han participado sin parar en las diversas zonas afectadas por el sismo del pasado 19 de septiembre.

Lo binomios caninos –dúos profesionales compuestos por un perro y un “manejador”, ya sea soldado, Topo, miembro de la Cruz Roja, etc.– tienen la complicada tarea de agilizar la búsqueda y el hallazgo de las víctimas. Un ladrido de los canes que se aventuran en los escombros se recibe con júbilo y excitación en el área, ya que puede significar vida.

“Al día de hoy, la tecnología no nos ha dado nada que pueda suplir el olfato de un perro”, dice Juan Gutiérrez Álvarez, elemento del grupo K-SAR (Unidad de búsqueda y rescate canina) de Puebla, quien llegó la tarde del miércoles al derrumbe ubicado en Tlalpan y Tasqueña con siete binomios a su cargo.

“Nos reduce tiempo”, asegura el rescatista, quien un día antes había asistido con su equipo en el colapso del Colegio Enrique Rébsamen. “No es lo mismo que tengamos a todos los compañeros buscando y haciendo hoyos, a que metamos al perro en toda el área y que él nos indique. Así ya nos vamos en concreto a ese lugar. De lo contrario estaríamos buscando por toda la estructura. Damos mayores probabilidades de vida y reducimos costos”.

El protocolo de la Cruz Roja para los binomios en inmuebles colapsados consiste en dejar primero que el grupo U-SAR (Unidad de Rescate Urbano) y el grupo BERC (Búsqueda y Rescate en Estructuras colapsadas) entren a la zona y extraigan los cuerpos que se hallan a un primer plano.

“La segunda fase son los binomios. Metemos un perro. En donde ladra, ahí marcamos. Después podemos mandar un segundo perro. Si ladra también, entonces tenemos ya dos positivos. El perro está entrenado para no marcar en falso, porque después de ellos, entran los rescatistas. Imagínate que mi perro les marque en falso y yo ya los puse a trabajar cuatro horas ahí”.

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Los caninos que acompañan a Gutiérrez en su travesía por los siniestros –entre ellos una labrador llamada Maya– están capacitados para la detección tanto de personas vivas, como de cadáveres, así como para la exploración de escombros y de colapsos (en su unidad los hay también de rastro, de búsqueda en agua y de búsqueda en áreas grandes). Por medio de comandos –“palabras muy cortas que ellos entienden bien”, nos dijo el rescatista–, la comunicación entre amo y canino denota tanto subordinación, como compañerismo.

“Somos compañeros, ambos nos cuidamos las espaldas”, nos señaló Gutiérrez.

Según el rescatista, la especialidad de búsqueda y rescate canina es relativamente nueva dentro de la Cruz Roja. “Tiene como unos cinco o seis años y no todos los estados la tienen. Hay en Puebla, la Ciudad de México, Nayarit, Chihuahua, Durango, Guanajuato, Morelos, por ejemplo. En 1985 llegaron perros de Alemania, de Francia, ¿por qué no teníamos perros nosotros? Pues porque no teníamos protección civil, antes no invertíamos, no conocíamos. Lo retomamos de gente que venía de otros países”.

perro rescatista

Años de entrenamiento

En los últimos dos días se ha reportado la llegada de binomios falsos a las zonas afectadas: civiles acompañados por sus perros, que llegan con la impresión de que el buen olfato de sus mascotas es suficiente para funcionar como un binomio. Sin embargo, los canes de rescate profesional son entrenados desde cachorros y solo después de ser cuidadosamente seleccionados. No todos los caninos cumplen con los requisitos.

“Todos los perros tienen buen olfato. El basset hound tiene uno excelente, pero lo descartamos porque sus extremidades son demasiado cortas. Buscamos más bien razas medianas y altas, como el Bloodhound, el labrador, el pastor belga malinois, que tengan destreza y habilidad para desplazarse”.

A los 45 días de nacido y hasta los 60 días, los cachorros son sometidos de forma individual al llamado Test de Campbell: una serie de seis pruebas para evaluar su docilidad, su curiosidad, su apego y su independencia. Entre ellas se encuentra hacer que persigan una pelota; presionar ligeramente su pecho para comprobar que no sea demasiado dócil ni agresivo; tocar el hocico para detectar su reacción, etc.

“Por camadas de ocho a diez perros te sirve uno o a veces ninguno”. nos dijo Gutiérrez.

A partir de los dos y hasta los ocho meses, los cachorros permanecen únicamente en contacto con su manejador, para fortalecer el lazo entre ellos. “Pasamos 365 días con ellos.  Yo le doy de comer, lo saco, juego con él. A diario les hacemos ejercicios de dos o tres minutos para que no se les olvide que tienen que usar el olfato para hallar cosas. Posteriormente, el perro tiene grabado el chip, de qué es trabajo y qué es juego”.

binomios caninos

El entrenamiento que los perros seguirán a partir de entonces –tres veces por semana– está dividido en tres: obediencia, destreza (recorridos con obstáculos, vigas inestables, túneles) y búsqueda. Asimismo, son expuestos a todos los estímulos ambientales para que se acostumbren y no pierdan la concentración. “Le haces un circuito, le pones un túnel, le pones plástico, algo que truene a la hora en que él camine para que se habitúe”.

Aún así, Gutiérrez recomienda no distraerlos mientras se encuentran trabajando. “No hay que permitirles que lo toquen y que lo estén llamando, o chiflando, porque lo desconcentramos. El perro, cuando llega a este tipo de lugares, ya sabe que va a trabajar, porque hay una serie de condicionantes que se lo indican: la camioneta y la jaula en la que es transportado, nuestra vestimenta, la sirena, nuestra adrenalina que siente. Se autoprograma para trabajar. Y si en ese momento lo están llamando o lo acarician pierde el foco de su trabajo”.

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