Opinión

TLCAN: Por primera vez tenemos algo que ganar

México quedaría gozando de las ventajas de ser parte de un bloque Norteamericano más cerrado que nunca, pero corre el peligro de ser arrastrado a las guerras comerciales que seguirá desatando el gobierno de Estados Unidos.

09-03-2018, 4:31:34 PM
TLCAN

La tarea que tienen enfrente Ildefonso Guajardo y su equipo negociador del TLCAN termina siendo crucial para el futuro del país y definirá la suerte final de este sexenio. No es que la operación haya sido menos grave hace un año, cuando el gobierno entrante de Estados Unidos se empeñó en forzar la revisión del tratado; sucede que, por primera vez, México está en posición de ganar algo, en lugar de no perder como hasta ahora.

Me explico.

No parece haber mucha conexión entre cada una de las ocurrencias de la Casa Blanca pero, al final, las medidas son congruentes con la plataforma proteccionista con que hizo campaña el hoy presidente Donald Trump. Está cumpliendo lo que propuso, y lo está haciendo en el mejor estilo populista: el anuncio de la imposición unilateral de aranceles de 25% al acero y de 10% el aluminio fue dado finalmente el jueves 8 de marzo, con todo y genuinos obreros siderúrgicos a un lado del presidente. El presidente millonario del brazo de los trabajadores. Qué lindo.

Lo importante para México, además de la obvia “exención” de que fue objeto junto con Canadá, es que la posibilidad de que el TLCAN siga existiendo parece mucho más factible que hace un par de semanas. Es más, acaso tendremos nuevo tratado en cerca de un mes, a tiempo para las elecciones en México y para un candidato priista muy necesitado de una buena noticia; la que sea.

La forma negativa de enfocar esto es que el gobierno estadounidense está usando las tarifas al acero y el aluminio como una más de las amenazas contra sus “socios”, en busca de mayores concesiones. Y claro que lo está haciendo.

Sin embargo, la forma positiva es que, queriéndolo o no, el gobierno de EU está poniendo la mesa para conservar al bloque de Norteamérica: uno más agresivo y cerrado ante el resto del mundo, pero en el que México tiene que seguir siendo parte.

Dentro de las propias negociaciones del TLCAN, es ya cosa aceptada que México terminará cediendo en las reglas de origen del sector automotriz. El truco, el hilado fino, estará en qué porcentaje de contenido regional se acepta contra qué porcentaje de contenido específico de Estados Unidos. Si bien el contenido regional norteamericano no es lo que más prefieren escuchar las armadoras, un incremento podría incluso estimular la instalación de más empresas de autopartes en el país, en perjuicio de las empresas de Europa y Asia, por supuesto.

Este ha sido siempre uno de los argumentos del doctor José Luis de la Cruz, del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), un crítico del TLCAN en lo general. Apunta, como uno de sus argumentos más importantes, que México perdió el impulso que le otorgaba el tratado hacia el 2000, cuando China comenzó a arrebatarle mercados y a buscar más importaciones indirectas hacia Estados Unidos a través de nuestro país y otros.

México se habría dejado arrebatar el mercado estadounidense, al abrir su mercado hacia otras regiones, permitiendo esta triangulación de mercancías o bienes intermedios. En ese sentido, el cierre de fronteras del bloque norteamericano, si bien ya no va con la idea del libre comercio total, si resulta, siendo pragmáticos, realistas y francamente convenencieros, favorable para México.

Es posible que, salido Gary Cohn de la rueda de la fortuna que significa ser asesor en la Casa Blanca, la siguiente figura relevante en esta materia termine siendo Peter Kent Navarro, un personaje interesante, pues es de filiación Demócrata y un activista ambiental (aunque por motivos de comercio), entre otras cosas. Sin embargo, este profesor emérito de la Universidad de California en Irvine es también un ferviente opositor al libre comercio, sobre todo con China y Alemania, los gigantes de Asia y Europa.

De 14 libros, Pete Navarro dedica tres a China, ninguno en buenos términos (uno de sus más conocidos es Death by China (Muerte por China), pero también están The Crouching Tiger (El tigre al acecho) y The Coming China Wars (Las guerras chinas que vienen). Pero quizá el más inquietante es Seeds of Destruction (Semillas de la destrucción) (2010), en donde hace una ácida crítica a la política económica globalista emprendida por EU, y lo responsabiliza del deterioro del American Way of Life.

Libros como éste bien pudieron haber sido la base del conocido libro de Donald Trump, Great Again (antes Crippled America), aquél que nos insistía Carlos Slim que leyéramos en una extraña conferencia de prensa el año pasado, pues marcaba la plataforma electoral completa del presidente de EU.

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Por cierto, bajo el nombre de Trump (es dudoso que los haya escrito) hay una docena de libros; Great Again está de oferta por cinco dólares en Amazon.

Volviendo a las doctrinas de Peter Navarro, quien públicamente se ha pronunciado en contra del TLCAN y ha sido un promotor del border tax, la muy delgada línea que recorre Ildefonso Guajardo es lograr un acuerdo que obtenga el beneplácito de este personaje (y, tal vez por consecuencia, del presidente Trump), y que al mismo tiempo no deje desarmado a México para competir y ¡pueda quedar bien con el resto del mundo!

Debe convencer a las contrapartes del TLCAN de que es imposible introducir el tema del diferencial de salarios en un acuerdo comercial y de que la solución de controversias debe mantenerse en un panel internacional, no en los juzgados de Estados Unidos.

A cambio, seguramente habrá que ceder en la cláusula sunset (de puesta de sol), que significaría que todo debe revisarse de nuevo en cinco años, y acaso en otros temas que no han alcanzado la luz pública.

De este modo, México quedaría del lado correcto del bloque Norteamericano, quizá haciendo equilibrios de malabarista para cumplir sus compromisos con otros países del mundo. El propio José Luis de la Cruz ha señalado que hay contradicciones serias tras la firma del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP 11) en días recientes, mismas que podrían repetirse en la renegociación del tratado con la Comunidad Europea.

En resumen, México quedaría gozando de las ventajas de ser parte de un bloque Norteamericano más cerrado que nunca, pero corre el peligro de ser arrastrado a las guerras comerciales que seguirá desatando el gobierno de Estados Unidos. De los males, sin embargo, éste es el menor.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

*Jorge Monjarás es periodista, con experiencia de más de 20 años en temas de economía y negocios.

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