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Opinión

Las mujeres y su lucha por la apropiación del espacio público

La marcha de las mujeres en la Ciudad de México por la no violencia en su contra es una lucha por la apropiación del espacio público

28-08-2019, 9:33:08 AM

Como actores colectivos activos del cambio social y atmósfera para el establecimiento de redes entre individuos, los movimientos sociales implican participación política y aparición pública. En suma, la apropiación de lo público. Del espacio público.

Esta clase de grupos, conformada por estructuras particulares y en torno a metas, supone la presencia no solo de simbolismos sino de movilizaciones organizadas como medio de divulgación, presión o reflexión. Por ello, cuando Nuria Varela advierte al iniciar Feminismo para principiantes que dicho movimiento incomoda a partir de su naturaleza reflexiva en torno a lo establecido y sus beneficiarios, los ojos lectores deberán asumirle como sentencia.

Manifestación de mujeres en CDMX
Manifestación de mujeres en CDMX
Reuters

La lucha feminista, tema que ha invadido los últimos días a casi todos los espacios informativos del país, donde las cifras registradas por el Secretariado Ejecutivo contabilizan 1,199 mujeres víctimas mortales de la violencia machista durante el primer cuatrimestre de 2019, no responde a un cuerpo homogéneo ni lo pretende.

De ahí la sorpresa de ver a medios y sociedad asombrados por la segunda marcha, en el mes, en contra de la violencia de género en México. Asustada, con imágenes de la Glorieta de Insurgentes abarrotada entre fogatas improvisadas, caras cubiertas y voces desgarradas, se vio a la ciudad en pleno viernes 16 de agosto.

Y luego el despertar. Aquel “Ángel” que se levanta lo mismo para ver correr de madrugada que celebrar victorias de una cancha de futbol, acaparó portadas por usarse de pancarta para las consignas marcadas a los pies de su columna. Era 17 de agosto, la ciudad despertó con la sorpresa de que las mujeres luchaban, organizadas, por sus derechos.

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Manifestación de mujeres
Reuters Manifestación de mujeres

Su trabajo puede entenderse dirigido al cambio de las relaciones sociales para la liberación de la mujer, a partir de ramificaciones que conllevan particularidades. El feminismo pretende eliminar las jerarquías y la desigualdad establecida para las mujeres frente a los varones; pese a lo concreta que pudiera parecer dicha premisa, el feminismo engloba una complejidad que obliga a su estudio y análisis, así como en torno a la condición de la mujer tanto en lo público como en lo privado. 

Cierto es que el tema puede fragmentarse en corrientes y vertientes, tiempos y espacios; más valdría comprender primero las coincidencias. El nacimiento del movimiento feminista y sus figuras en Occidente, por ejemplo.

El territorio se vio trastocado durante el siglo XVIII por la Ilustración, la Revolución Francesa y Olimpia de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791). La prueba: a 2 años de su publicación fue guillotinada.

Partiendo de las exigencias del derecho a la educación y al trabajo inició la pugna de mujeres por su consideración legal igualitaria: sufragio universal. Sin embargo, fue hasta 1894 cuando el primer país reconoció el voto femenino, el escenario fue el suroeste del océano Pacífico, es decir, Nueva Zelanda. 

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“Dejad que las mujeres sean lo que Dios quiso: una buena compañera para el hombre”, escribió, en 1870, la reina Victoria de Inglaterra. Pero al pasar de los años, la constancia de las sufragettes llevaría a la conquista del derecho al voto en Gran Bretaña en febrero de 1918. 

Las medidas ejecutadas resultaron transgresoras y lejanas a la repetición de estribillos melódicos como “No habrá ya humillaciones, ni más sufrir cuando el sufragio la mujer pueda exigir. ¡Todas a la lucha!”, que regala Winifred Banks, madre de Jane y Michael en la cinta Mary Poppins, de 1964. Incluyó entre otras, la muerte de Emily W. Davison, atropellada por un caballo en la pista de Epsom, 1913, durante una protesta.

Como cualquier movimiento en desarrollo, adquirió y generó espacios de reflexión. La idea de una igualdad social los dominó y apareció la llamada segunda ola del feminismo. Imposible hablar de ella sin recurrir a la francesa Simone de Beauvoir y la neoyorquina Kate Millet, quien bajo el entendido de que “lo personal es político”, defendió e impulsó la identidad del feminismo. Su Política sexual (1969), fue la primera tesis doctoral sobre género.

Mientras que la primera ola identificó la base patriarcal social y la estructura tendencialmente machista, el feminismo radical de la segunda ola centró sus esfuerzos en detallar al patriarcado desde un estudio crítico. De esta forma, para finales del siglo XX, aparece una colectividad renovada, consciente de la la multiplicidad de realidades y la determinación implantada respecto a escalas sociales, raíces étnicas, orientaciones sexuales y creencias.

Si bien históricamente se ha tendido a documentar el movimiento en tanto a parámetros y sucesos europeos, la última década ha conglomerado un brote de expresiones y acciones concentradas en la la región latinoamericana, que debido a los avances tecnológicos actuales proporciona una sensación de unidad transfronteriza.

Es así, como hoy hablamos lo mismo de una “Marea Verde” al fondo de nuestro continente, que del “Ni Una Menos”, el “Vivas Nos Queremos” o la diamantina rosa.

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