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Opinión

Las empresas no necesitan gestores de crisis para desastres ambientales, sino un CSO

17-06-2022, 7:42:57 PM Por:
Petróleo
© Depostphotos

Muchas organizaciones no han alcanzado el nivel de madurez para entender la importancia del Chief Sustainability Officer (CSO) en sus operaciones.

Por Dra. Joaquina Niembro*

Durante años, los escándalos medioambientales de notables empresas fueron manejados por Gestores de Crisis. Sobre la experiencia, podríamos preguntar a Exxon Mobil, DuPont, Pacific Gas and Electric Company y VW entre otras empresas con interesantes y a la vez tristes casos, algunos novelados e incluso llevados al cine. Qué interesante sería saber cuáles estrategias consideraron las empresas y por qué tomaron esas decisiones hoy tan controvertidas y lamentables, en términos de su relación con la sociedad y el ambiente. Lo que sí sabemos es que actuaron así y su actuar no fue exitoso. No previeron que el resultado sería aún más desastroso que el problema original. Esos Gestores de Crisis, en esas empresas, no dieron la talla para usar una camiseta verde, intentaron capotear la situación, pero no resolverla de fondo.

Ante casos como los mencionados, ¿Por qué las organizaciones tienen que recurrir a la figura del “bombero apaga fuegos” o a la del “resanador de imagen”? ¿Por qué tener una visión de fin de tubo, cuando son más efectivos y rentables, la prevención y el diseño de un buen producto y proceso? Tengo una teoría al respecto y es: “las organizaciones no habían alcanzado el nivel de madurez para entender la importancia del Chief Sustainability Officer (CSO) en sus operaciones”. Qué diferente hubiera sido la situación si, desde un inicio, las citadas empresas hubieran contado con el “rol” dedicado a enfocarlas en ser responsables social y ambientalmente en concordancia con sus empleados, clientes, accionistas, comunidad, etc. y así generar valor.

No nos confundamos, el CSO no es el nuevo gestor de crisis, que, por cierto, sí lo podría ser dada su preparación. Me refiero a que el CSO es la figura que hoy debe impedir que los escándalos medioambientales lleguen a ser escándalos o mejor aún, un CSO actúa para que no ocurran. Un buen CSO detectaría en conjunto con los equipos de mantenimiento, seguridad, logística, operaciones e incluso finanzas, el riesgo potencial de un derrame de petróleo y generaría un plan de prevención de derrames. Un buen CSO nunca permitiría probar la toxicidad de sustancias en los empleados y las comunidades aledañas; cabildearía éticamente sin cambiar parámetros autoimpuestos de seguridad a voluntad. Un buen CSO gestionaría correctamente los desechos industriales y controlaría la contaminación asociada. Un buen CSO no encargaría o permitiría el uso de un software malicioso para encubrir emisiones de gases por encima del límite permitido.

Retomando mi teoría, hoy, las empresas son conscientes de la necesidad de contar con especialistas en gestionar la relación –en amplio sentido- de la organización con la sociedad y el planeta, para maximizar beneficios y minimizar impactos negativos. Lo anterior, pareciera que es tanto infinito (por poco acotado) como relativista (por no saber qué es beneficioso y qué es negativo). Sin embargo, no es así. Un CSO trabaja de formar muy estrecha con sus pares en el gobierno corporativo de la organización y por ello, conoce bien los límites y alcances de su participación.

Por otro parte, es de reconocer que, en México, la sostenibilidad de las organizaciones pasó de ser un tema secundario asociado a la filantropía a ser un tema estratégico de negocios en sólo 10 años según reporte de KPMG. A la par, en el mundo, los CSO ha ido adquiriendo relevancia:

  • De 2010 a la fecha, el número de CSO se ha triplicado según el Grupo Weinreb, expertos en el tema de Responsabilidad social empresarial.
  • Ya en 2014, 90 de las 500 empresas del S&P tenían CSO según Korn Ferry, consultora experta en Organización.
  • Indica PwC y Strategy& que entre 2020 y 2021, las empresas nombraron casi tantos directores de sostenibilidad como lo hicieron en los ocho años anteriores.

Los anteriores datos no son de extrañar. Las organizaciones han adquirido compromisos muy serios en materia de cero emisiones y cumplimiento de Objetivos de Desarrollo Sostenibley parte de sus estrategias es el nombramiento de CSOs. Además, las empresas ahora son conscientes de que lo verde, vende y vende bien. El Instituto de investigación Grantham para Cambio Climático de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres indica que los ingresos por bienes y servicios ambientales están creciendo rápidamente y totalizaron en 2016, 1.6 billones de dólares, lo que representa casi el 4% de la facturación mundial.

Es por ello que la figura de CSO es más relevante cada vez y debe ser ocupada por ciertos perfiles. Los atributos más recomendados para un CSO giran en torno a:

  • Capacidad de trabajo colaborativo para accionar de forma transversal y liderazgo inspirador para ser ejemplo de congruencia aun en los escenarios más controvertidos.
  • Saber navegar en la ambigüedad y ser resilientes pues la agenda es compleja, interconectada, con gran incertidumbre y muy volátil.
  • Traducción de la complejidad a la aplicabilidad del día a día.
  • Creatividad e Innovación, la mejor manera de gestionar el riesgo es iterando soluciones para los escenarios.
  • Ética de trabajo y formación humana, los problemas se solucionan a través de múltiples vectores, incluso el humano.
  • Capacidad técnica, pues es fundamental entender de raíz la parte ambiental y aplicar una visión sistémica, pues solucionar un problema sin ver el contexto completo puede ser incluso más perjudicial.

Finalmente, el reto del CSO en México es grande y a cual más motivador. Deberá adaptarse a una organización que probablemente incluye por primera vez sostenibilidad en su estrategia. Deberá tener la camiseta “verde” bien puesta y también las de los colores de la ética, la responsabilidad social y las finanzas, al menos. Esos colores son los que inclinarán en un futuro muy cercano la balanza del éxito de una empresa comprometida con la sostenibilidad.

*Joaquina Niembro es Profesora Investigadora, Facultad de Ingeniería, Universidad Panamericana, Campus México.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja únicamente la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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