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Opinión

Las dictaduras son tontas y peligrosas

28-03-2022, 6:00:00 AM Por:
© EFE.

No me queda ninguna duda que Putin perderá la guerra y el poder, pero no antes de haberle causado una tragedia a los ucranianos, a los propios rusos y al mundo entero.

La inteligencia del ser humano es colectiva, es del grupo, nunca de los individuos. Si la inteligencia fuese individual, viviríamos aislados, cada quien resolviendo los problemas de su existencia.

No es así, la historia del ser humano es de socialización avanzada. Cada día somos más y estamos más entrelazados para aprovechar el conocimiento de los demás. Esa es nuestra fortaleza como especie. 

En la escala micro hay mucha competencia, en la gran escala todo es cooperación porque el sistema siempre gana con los pequeños aciertos y errores de cada quien. Errores de unos, aprendizaje de todos.

Dicho de manera breve: la inteligencia siempre es colectiva, la estupidez siempre es individual. Por ello, los sistemas en donde solo uno toma todas las decisiones son totalmente ineficientes y sumamente peligrosas.

La invasión a Ucrania es el último ejemplo. Sin duda Vladimir Putin es inteligente y sagaz, pero aislarse y no aceptar oposición o diversidad ni siquiera de sus más íntimos, lo ha llevado a cometer la peor estupidez de su carrera política.

La centralización y la jerarquía, por sí mismas, no son malas, pero si cortan comunicación con el entorno, si son tan extremas que una sola persona puede manipularlas, están condenadas al fracaso porque se vuelven ciegas, sordas y tontas.

Todo país que no ha aprendido a gobernarse con separación de poderes y contrapesos, renovación sistemática de liderazgos y competencia, sufre por las estupideces de su dictador en turno.

No hay ninguna dictadura que haya terminado bien. No me queda ninguna duda que Putin perderá la guerra y el poder, pero no antes de haberle causado una tragedia a los ucranianos, a los propios rusos y al mundo entero.

El sistema mundial aprenderá y quizá en ello haya beneficios, incluido un límite al poder de Xi Jinping por los propios chinos, aunque eso no exime a Putin de sus crímenes, ni a los ucranianos de la muerte y el sufrimiento.

En México, llevamos tres años sufriendo la embestida de un movimiento que quiere entregarle todo el poder a un solo individuo. Lo mucho o poco que habíamos logrado los últimos 20 años en separar el poder, garantizar libertades, generar competencia política y crear un Estado de derecho está en riesgo. Hay un presidente que se siente dueño del país y muchos mexicanos que están dispuestos a reconocerlo como tal.

A mayor concentración de poder político, mayor ineficiencia. Tendremos más violencia, pobreza y corrupción; menos justicia, libertad y bienestar.  No es casualidad que los indicadores de todos estos rubros se han deteriorado en los últimos tres años.

Andrés Manuel López Obrador, a la Putin, concentra poder y cada día se muestra más ciego y sordo. Su ego siempre lo ha dominado, hoy no tiene limitación alguna y se siente el presidente de siempre y para siempre. La corte que lo rodea lo hace sentirse único. A cambio, le extrae beneficios. El emperador ha perdido la ropa y la cabeza, pero es más provechoso seguirle el juego para obtener inmunidad, poder y dinero. 

No solo hay interesados, también hay genuinos e ilusos. No es casualidad que muchos morenistas apoyen a Putin. Se sienten plenamente identificados con la autocracia.

Sin embargo, conversando en confianza con algunos políticos experimentados de Morena, me dicen que AMLO está acabado. No hay logros, ni los habrá. La gasolina no bajará, el AIFA es un fracaso, el Tren Maya una catástrofe ecológica, los abrazos no pacificaron, las escaleras nunca se barrieron. Las ocurrencias egocéntricas salieron caras y malas.    

Tampoco le queda mucho al discurso mítico y polarizador. La propaganda es útil, pero tiene límites. Me lo dicen sin pasión. Son políticos, son pragmáticos. En su momento apoyaron a AMLO para obtener poder, hoy ya ven hacia el futuro y no precisamente le están apostando a las “corcholatas” predilectas del emperador.

Cuando se pudren las cosas y se desmorona el poder los primeros en olerlo son los políticos, aunque pongan gesto de agrado y aplaudan mucho. Saben fingir bien y seguir el juego. El dictador, como marido cornudo, es el último en enterarse.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja únicamente la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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autor Director y fundador de Semáforo Delictivo.
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