Opinión

La nueva Luna de Miel de López Obrador

¿Qué sigue después del triunfo de López Obrador? El virtual ganador de la elección llega con un poder tal que tiene al país en sus manos.

02-07-2018, 10:56:05 AM
MLO

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganó las elecciones con un margen que no se veía desde los tiempos del viejo PRI, el de Carlos Salinas de Gortari, para ser exactos, cuando era costumbre que el presidente electo recibiera más de 50% de los votos. El vuelco fue mucho más grande que lo esperado: los mexicanos simplemente ignoraron los argumentos, dádivas y presiones que alguna vez sirvieron para mantener la hegemonía priista. Decidieron no perdonar nunca más: mandaron al PRI a un tercer lugar del que podría no reponerse más.

Las causas las sabemos muy bien. Un día, a los ojos de los historiadores será clarísimo que el desastre de seguridad, corrupción y desigualdad sólo podía haber desembocado en la elección del candidato de izquierda. No era tan aparente para la población que guardó muy malos recuerdos del tabasqueño por años, por bloquear Reforma, por reírse de los pirrurris, por repartir dinero público a manos llenas. Menos para quienes están convencidos de que se le está abriendo paso a un nuevo Chávez.

El triunfo no fue sorpresivo para quienes se dieron cuenta hace semanas que la tendencia era imparable y quienes saben que ni un aparato tan corrupto podría organizar un fraude del tamaño requerido. Si fueron sorpresa para todos la contundencia del voto, la rapidez del resultado y la explosión de alegría popular.

Hace tiempo comentábamos entre colegas que un triunfo de la izquierda no podía seguirse conteniendo: simplemente había ya demasiadas personas cuya satisfacción dependía de ese ascenso. La olla exprés estaba demasiado presionada en un México de por sí violento y poco dado a la discusión democrática.

El tamaño del festejo de la noche del 1 de julio parece una prueba irrefutable de tal teoría. Muy lejos, mucho, de aquel año 2000, cuando los panistas festejaban en el Ángel de la Independencia, entre incrédulos y con cierto temor, a un Vicente Fox que había logrado ganarle al PRI, pero que ahora pedía a la gente que fuera prudente, y se fuera a su casa. El miedo a que el dinosaurio herido diera un pisotón era muy real. Los medios mismos tenían sus dudas sobre qué publicar al día siguiente.

En cambio, el triunfo de AMLO fue cubierto de principio a fin por las televisoras privadas, que también supieron ver la tendencia, y buscan acomodarse. Siguiendo con los paralelismos, a Fox le gritaban: “No nos falles”, mientras que la noche pasada era AMLO quien insistía una y otra vez que no nos va a fallar.

El nuevo presidente tendrá un buen número de gobernadores afines y un Congreso de mayoría, con lo que podrá realizar cambios dramáticos en las leyes y reglamentos, sin necesidad de reformar la Constitución. Tiene al país en sus manos, lo cual preocupa a quienes no creemos en la viabilidad de su proyecto.

Las voces críticas en materia financiera o económica ya han sido oposición, desde la llegada de Peña Nieto al poder, con su política de endeudamiento infértil. Sólo habrá que mantener la práctica de vigilancia y crítica constante, por parte de quienes también pensamos que es imprescindible combatir la pobreza y acabar la corrupción, pero creemos que se está yendo en sentido contrario.

La vigilancia implica también que no debemos perder de vista a los grupos que medran en la oscuridad, detrás de López Obrador, tanto aquellas fuerzas que realmente considerarían caminar hacia el socialismo (y que por hoy han sido dejadas al margen por el tabasqueño), como aquellas que se conforman con fundar un nuevo PRI, con aquel control de masas de los años 40.

¿Merece AMLO una Luna de Miel? La tendrá, estemos de acuerdo o no: llega con una legitimidad tal, que bien podría tomar medidas para terminar de erradicar viejos vicios del priismo, como el sindicato petrolero, por ejemplo. Cuánto durará, depende de su capacidad para hacer funcionar su modelo de país, o uno que se le parezca. Al final, la violencia, las drogas, las injusticias contra migrantes, las desapariciones y los cárteles seguirán ahí y difícilmente podrán combatirse a punta de dádivas a los ninis y a los pensionados.

Un gobierno frustrado por la ineficacia de sus recetas puede volverse más peligroso y corrupto que los anteriores. Y un pueblo al que se le vaya su última esperanza tampoco reaccionaría de forma amigable.

Pues que les vaya bonito.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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