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Opinión

El efecto de la baja de calificación de México en la inversión y en Pemex

28-04-2020, 8:39:17 AM Por:
Pemex
© Especial

Cuando a una entidad se le reduce su calificación crediticia, los inversionistas tienden a exigirle un mayor “premio” por el incremento en el riesgo.

En semanas recientes, las tres principales agencias revisaron a la baja la calificación crediticia de México y de Pemex. Estos ajustes pueden afectar el costo de financiamiento, no sólo para dichas entidades, sino para todas las empresas y hogares en el país, lo que termina incidiendo en las decisiones de consumo e inversión de todos nosotros.

El panorama económico mundial cambió en cuestión de semanas. La epidemia por el coronavirus paralizó a la actividad y el comercio, al tiempo que los gobiernos implementan restricciones a la población en su lucha por contener el número de contagios. El alto en la economía, además, deprimió los precios de materias primas, en especial el del petróleo. Respecto a este último, incluso antes de la pandemia, ya se venían observando señales de sobreoferta en el mercado mundial, situación que no es favorable para el precio.

El entorno descrito arriba es una mezcla peligrosa para México, pues las finanzas públicas enfrentaron retos importantes en 2019, los cuales seguían vigentes al inicio del presente año, en especial: baja recaudación tributaria y petrolera, por el escaso crecimiento económico y las dificultades para levantar la plataforma de extracción de crudo, respectivamente; agotamiento de parte importante de los ahorros fiscales; y, la posibilidad de que Pemex requiera más ayuda por parte del Gobierno Federal.

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Por lo tanto, la pandemia no trajo una “nueva enfermedad” para las finanzas públicas, sino que agravó los riesgos que estaban vigentes, al menos, desde el año pasado. Naturalmente, las agencias calificadoras revaluaron negativamente el perfil crediticio de México y de Pemex.

Es importante mencionar que, estas instituciones reconocen lo atípico de la situación actual, por lo que, más que preocuparles que tenga lugar un incremento en el nivel relativo (% del PIB) de la deuda en este año, les llama la atención la poca probabilidad de que el endeudamiento se reduzca a niveles pre-crisis en los siguientes años, ya que los pobres estímulos fiscales y los bajos niveles de inversión acumulados en nuestro país, ante la incertidumbre política y económica, limitan la posibilidad de que la actividad económica se recupere pronto y de forma significativa.

Adicionalmente, la caída en el precio del petróleo puede afectar los ingresos petroleros del Estado y la capacidad de generar flujos de efectivo de Pemex, aunque parte de este riesgo está contenido por las coberturas contratadas.

Finalmente, cuando a una entidad se le reduce su calificación crediticia, los inversionistas tienden a exigirle un mayor “premio” por el incremento en el riesgo que ello representa. En el caso del Gobierno de México y de Pemex, esto naturalmente va más allá de ellos, sino que afecta de forma general, generando revisiones en las calificaciones del resto de las empresas locales. Todo ello deriva en un reducido acceso a financiamiento de la economía, lo cual, al encarecer el costo del crédito, desalienta la inversión y el consumo en el mediano y largo plazo.

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