Opinión

¿La burbuja de las criptomonedas está cerca de estallar?

Las criptomonedas se desplomaron a comienzos de este febrero 2018 y, para nuestro analista Sergio Negrete, hay un hecho ineludible sobre todas las burbujas: siempre revientan.

08-02-2018, 7:52:06 AM
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Las Bolsas en el mundo se desploman, las monedas virtuales (criptomonedas o criptos) también. Eventos no relacionados, pero que muestran que los ascensos en los precios de activos no son permanentes. Bitcoin, y el resto de las criptos, siempre fueron una burbuja. Ahora hay un desplome en el precio. ¿Significa el estallido final? No necesariamente, al menos no todavía.

Euforia, desencanto… ¿euforia?

El año 2017 fue un periodo de ganancias fabulosas, de ensueño para el que había entrado “barato” a un mercado que se calentó al rojo vivo. Por supuesto, ello atrajo hordas de entusiastas imitadores, deseosos de ganancias similares. Las pérdidas para los que entraron tarde están siendo astronómicas. Porque hay un elemento inherente en una burbuja que muchos olvidan: no se trata de un “sube” o “baja” sostenido, sino de una montaña rusa.

Sinduda, en algún momento llega el pico, el punto a partir del cual el descenso inicia, pero también con abruptos ascensos y caídas. Solo el paso del tiempo permite ver el principio y fin de la burbuja. Imposible saber, hoy, si se llegó al pico, o si este será alcanzado y rebasado en el futuro cercano.

La esperanza muere al último, y la de riquezas fabulosas todavía es más lenta en su agonía. Hoy están los que entraron y perdieron, aquellos que todavía ganan, pero mucho menos, y los ansiosos por ver si hay una nueva ronda alcista que les permita entrar y ganar. Suficiente ambición humana agregada como para permitir un nuevo ciclo de entusiasmo, que finalmente acabará reventando, por supuesto suponiendo que no lo ha hecho ya.

Tontería redonda, con forma de moneda

Las criptomonedas son presentadas nada menos que como las monedas del futuro. Sí, porque están sustentadas en una tecnología blockchain (cadena de bloques), cuya importancia será gigantesca, y en la que precisamente bitcoin fue pionera (a principios de 2009). Esta tecnología permite el almacenamiento de información en una forma creciente y enlazada (datos que no pueden ser revisados o modificados una vez “sellados” o “cerrados” de cierta manera). Su potencial es enorme.

Pero “potencial enorme” no significa “precio estratosférico”. Está el pequeño detalle que ese el uso de esa tecnología no implica ganancias o regalías para bitcoin o ninguna otra criptomoneda. La invención del Internet no explicaba que una tienda virtual de juguetes (etoys.com) valiera mucho dinero a fines del siglo pasado, antes de que estallara la burbuja respectiva, claro. Tampoco blockchain que una cripto valga más o menos. El “sustento” tecnológico de valor que se trata de imprimir a dichas “monedas” (más activos altamente especulativos que monedas) dista de ser correcto.

Lo que no evitó el entusiasmo irracional en tiempos recientes. Bastaba que una empresa anunciara algo relacionado con blockchain en sus operaciones para que el precio de sus acciones se disparara. Locura, por supuesto, pero no por nada se trata de burbujas: llenas de aire, con colores atractivos danzantes sobre la superficie, hasta que revientan.

Eastman Kodak anunció que usaría esa tecnología para gestionar derechos de imagen, así como (claro) una moneda para las transacciones. Sus acciones más que duplicaron en los días que siguieron. Una empresa de bebidas, Long island Iced Tea, cambió su nombre por Long Blockchain Corporation, anunciando que buscaría explotar oportunidades de inversión en la tecnología. La cotización de sus acciones casi se cuadruplicó en el Nasdaq. Posteriormente se colapsaron a la mitad del precio alcanzado. A inicios de febrero la empresa anunció que ya no compraría equipos para “minar” bitcoins.

Otro argumento que se añade al tecnológico para promocionar el potencial de las criptomonedas es que son monedas que no son producto de un gobierno o un banco central.

Se dice que el dinero, como es el emitido por el Banco de México, es fiduciario, esto es, no tiene valor por sí mismo. Esto es correcto. Entonces se presenta como una atractiva alternativa a una “moneda” que no tiene garantía de absolutamente nada o nadie, menos de un gobierno o banco central, y que tampoco tiene valor por sí misma. Si esto puede sonar como una tontería, es porque al menos en este caso lo es.

Tecnología y “no gobierno” son dos elementos que se aducen para justificar que aquello que valía centavos en 2011 (bitcoin) llegó a alrededor de los 20 mil dólares hace algunas semanas. Un tercero, que no deja de ser peculiar, es que las criptomonedas son las monedas de actividades ilícitas, y que por ello también habrá mucha demanda de las mismas.

Una tecnología que no implica valor para ese activo en lo específico, una garantía de que absolutamente nadie otorga valor, y la supuesta fuerte demanda de grupos criminales son tres pilares demasiado endebles como para justificar precios de vértigo.

¿Cuándo van a reventar las criptomonedas?

El 6 de febrero, Bitcoin cerró ligeramente arriba de los 7,500 dólares. Nada mal, si se considera que hace un año exactamente se vendía en una séptima parte. Fatal cuando se piensa que hace menos de dos meses superó los 19,500 dólares. Pavoroso para aquellos que tenían el sueño de que llegaría a 100 mil billetes verdes.

Es el problema cuando se sube a una montaña rusa, pero además con los ojos vendados. Lo cierto es que ya muchos, aunque no todos (en parte por conflicto de interés), aceptan abiertamente lo que negaban hace unas semanas: las criptomonedas son una burbuja.

Puede haber motivos que lleven a una nueva euforia. Cualquier pretexto será bueno para un impulso renovado. Las burbujas solo acaban cuando realmente los valores regresan a la tierra, al precio que les corresponde por su potencial financiero presente y futuro. La cuestión es que las criptomonedas realmente no tienen sustento alguno, y no son realmente utilizables como dinero, al menos no en el sentido ampliamente aceptado del término. En estos momentos una cripto vale lo que determina su demanda.

Llegará el día, en un futuro cercano o lejano, que esa demanda se desvanecerá prácticamente por completo. Los precios estratosféricos parecerán ridículos, porque realmente lo eran. Hay un hecho ineludible sobre todas las burbujas: siempre revientan.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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