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Opinión

El juego de la clase media

24-06-2021, 6:00:00 AM Por:
Clase media
© Especial

A la clase media no le gustan las desigualdades ante la ley. Aborrece al político abusivo y al monopolista poderoso.

Macario Schettino nos aclara: “La OCDE define la clase media como aquélla cuyo ingreso está entre 75% y 200% del ingreso mediano nacional, que en nuestro caso es de más o menos 10 dólares PPP por persona al día (12 mil pesos mensuales por hogar). En consecuencia, este grupo incluiría a los hogares cuyo ingreso es mayor a 8 mil pesos mensuales pero menor a 24 mil. Es la mitad de los mexicanos (datos de la ENIGH 2018).”  Y claro, si le agregamos todos los que ganan más, pero no se sienten ricos al compararse contra otros países, pues somos muchos más.

Pero podemos tratar de definir a la clase media desde algo más interesante: la teoría de juegos.

En esta teoría, el objetivo de un sistema democrático es que nadie tenga tanto poder como para poder influir individualmente y, por tanto, su mejor apuesta es jugar a que haya leyes justas para todos. Es decir, busca un sistema en donde el poder sea de todos porque no es de nadie.

A la clase media no le gustan las desigualdades ante la ley. Aborrece al político abusivo y al monopolista poderoso. El gobierno no la favorece, la clase media se vale por sí misma, ah, pero eso sí, el gobierno le cobra impuestos puntualmente, le exige solidaridad con los pobres y sumisión ante los monopolios.   

Lo importante entonces es que la clase media busca mejorar el sistema porque esa es su mejor alternativa para vivir en libertad, en paz y progresar económicamente. Si algo no funciona, se puede cambiar, pero entre todos y con racionalidad. Si algo funciona, se debe respetar y fortalecer.

Por eso es difícil tener democracia sin clase media y por supuesto, a mejor entendimiento del juego, mayor libertad y mayor democracia. ¿Qué tanta? Eso depende de otros factores culturales de la clase media (historia, experiencia propia, sistema de creencias, profesión y empleo) y si el sistema político-jurídico le está dando oportunidades o se las está cancelando.

Las clases medias desarrolladas, como las anglosajonas, tienden a creer más en el poder de la comunidad con un sistema fuerte y efectivo. Las menos desarrolladas, como las latinoamericanas, en cambio, son más propensas en creer en el poder de un gobernante fuerte que pueda contrarrestar las debilidades del sistema y la desarticulación o contradicciones de la comunidad.

Pero todo puede cambiar ante el tropiezo económico y esa es la ventana por donde se ha colado el populismo en las comunidades desarrolladas en este siglo y por donde suele perpetuarse el populismo latinoamericano desde hace dos siglos.

En 2018, una parte de la clase media mexicana votó por un populista pensando que podría corregir la inseguridad y la corrupción del sistema. No ha sido así. Además, el populista ha complicado la economía y la salud, y con ello, amenazado el bienestar económico y a la democracia misma. Este 6 de junio esa porción de clase media cambió su voto.  

Así es el juego de la democracia, es iterante, es infinito, nadie gana en definitivo porque lo importante es seguir jugando y fortaleciendo al sistema. La agresión del presidente -en palabra y en hechos- contra la clase media contribuye a que ésta entienda mejor su importancia como grupo que aspira a una democracia más fuerte que pone freno a la aspiración pedestre del populista. 

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja únicamente la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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mm Director y fundador de Semáforo Delictivo.
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