Opinión

La decisión que AMLO tendrá que tomar sobre Pemex y su sindicato

La relación entre el sindicato petrolero y el gobierno siempre ha sido de extremos entre camaradería y violencia. ¿Qué le toca al gobierno de AMLO?

06-08-2018, 10:23:28 AM
AMLO, pemex

El 10 de enero de 1989 un bazucazo derribó la puerta de la mansión de Joaquín (La Quina) Hernández Galicia en Ciudad Madero, Tamaulipas. Irrumpieron a toda velocidad miembros del Ejército Mexicano, con todo y tanqueta, quienes comenzaron un intercambio de disparos con la guardia personal del que había sido, hasta ese día, uno de los hombres más poderosos de México.

No eran cualquier guardia: no hacia mucho esos hombres se habían dado el lujo de secuestrar a un miembro del sindicato desde su refugio, en pleno Estados Unidos, para traérselo a punta de pistola a ser juzgado.

Pero era el ejército: la batalla fue breve y a La Quina lo sacaron en calzoncillos; no le dieron la oportunidad ni de vestirse. A ese hombre que disponía de fortunas y de vidas, hasta cachetadas le tocaron. Le dejaron en su casa decenas de armas de alto calibre recién compradas y el cadáver de un ministerio público federal que, al parecer, había muerto días antes en Ciudad Juárez. Ni las puntadas de la autopsia le quitaron, narra en su libro Un hombre de confianza, Fabrizio Mejía Madrid.

la quina

Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”

El coordinador del operativo fue el secretario de Gobernación Fernando Gutiérrez Barrios. A La Quina lo acusaron, entre otras cosas, de acopio de armas y lo condenaron a 35 años de prisión. A la cárcel fueron con él, a la misma velocidad, otros 20 líderes del Sindicato Revolucionario de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (SRTPRM), como José Sosa, por entonces secretario general, y Salvador Barragán Camacho, socio del líder desde que tomó el control del sindicato, allá por 1958.

En el medio empresarial también circuló la historia de Sergio Bolaños, un empresario que por entonces tenía gran éxito, hasta que cayó preso como prestanombres de La Quina.

Con esa enjundia comenzó su sexenio el presidente Carlos Salinas de Gortari… ¡llevaba poco más de un mes en el cargo! Así le respondió a un hombre que había convivido o peleado con cinco presidentes, por sus afrentas abiertas y el apoyo que brindó, discretamente, a Cuauhtémoc Cárdenas. Ejerció Salinas el poder rápida y mortíferamente, como un relámpago.

Salinas

Carlos Salinas de Gortari

La Quina permanecería en la cárcel hasta diciembre de 1997. Sus abogados lograron tirar la acusación de acopio de armas, pero hizo falta la intervención del presidente Ernesto Zedillo (por entonces ya muy alejado de Salinas) para dejarlo libre. A pesar de que se quejaba de tener la salud muy deteriorada por la cárcel, el exlíder murió a los 91 años, en 2013. Eso sí, jamás volvió a tener poder.

Detrás de esta historia de venganza política existe un hecho importante: el sindicato petrolero ha estado en conflicto con el poder político mexicano desde antes de formarse. Su relación con los presidentes y directores de Pemex se describe fácilmente a través de la concesión o arrebato de prebendas o conquistas sindicales. Y, según entendemos, a AMLO le tocaría quitarles, más que darles.

Alianzas y encontronazos

No podemos aquí contar todos los detalles, pero vamos rápido hacia 1915, cuando se formó la primera Unión de Petroleros Mexicanos, con trabajadores de la refinería El Águila. Al parecer este grupo tuvo éxito en su primer negociación, pero para 1916 y 1917 fueron reprimidos duramente por el presidente Venustiano Carranza.

La misma suerte corrió la Unión de Obreros de Minatitlán, formada en 1918 y cuya huelga de 1921 fue fuertemente reprimida por Álvaro Obregón. Los petroleros no vieron la suya sino hasta 1935, cuando llevaron a cabo el Primer Gran Congreso de Organizaciones Sindicales, en agosto, ya bajo la influencia del cardenismo, que desembocaría en la fundación del SRTPRM, que de inmediato se afilió a la CTM y por consecuencia al PNR, abuelo del PRI.

PNR

PNR, el abuelo del PRI

Lázaro Cárdenas tomó posesión como presidente el 1º de diciembre de 1935 y, para el 13 de noviembre de 1936 se llevó a cabo la primera convención petrolera, que planteó un contrato colectivo para toda la industria. Esto desembocaría en la negativa de las empresas del sector y en la huelga, el 28 de mayo de 1937.

El conflicto provocó la estatización petrolera de 1938, como sabemos. Pero la relación entre “Tata” Cárdenas y los petroleros no fue puro amor ni de lejos. Para febrero de 1940 el presidente estaba en conflicto con el sindicato, debido a su programa de “14 puntos” que, básicamente, se proponía hacer que la industria petrolera funcionara bien ganando dinero.

Esto incluía un recorte enorme de personal, supresión de horas extras y limitar otras prestaciones; además, permitía al gobierno movilizar libremente al personal, limitar el escalafón “ciego” y exigir criterios de calificación técnica para puestos de mando. Quedaba claro que el gobierno no iba a compartir la administración de Pemex con el sindicato.

Pemex

Esto le sonó inadmisible a los petroleros, que estallaron la huelga general el 14 de septiembre de 1940 y de paso rompieron con la CTM. El papel de rompehuelgas le tocó entonces a Vicente Lombardo Toledano, de la CTM. Cuenta la historia que prácticamente secuestró a los líderes de las secciones del sindicato petrolero hasta que firmaron su conformidad con los 14 puntos el 21 de septiembre. Ello fue seguido con otra violenta represión policiaca en la ciudad de México el 28 de septiembre.

Las cosas transcurrieron tranquilas mientras se firmó un contrato colectivo en 1942, ya con Manuel Ávila Camacho, pero el gobierno participó en sacar del liderazgo a Jorge Ortega en 1947, para favorecer a Antonio Hernández Abrego, quien hizo los pases con la CTM. En ese mismo año fue derrocado por Eulalio Ibáñez, que volvió a romper con la central. Le duró el gusto hasta 1949, cuando tomó el poder Demetrio Martínez, en una de esas bonitas asambleas cercadas por la policía, para asegurarse el triunfo.

Finalmente, el grupo de quien sería llamado La Quina, el de la Sección 1, de Ciudad Madero, llega al poder en 1953, con Ignacio Pacheco León. Mientras él despachaba en la capital, Joaquín Hernández Galicia desarrollaba su proyecto de tiendas sindicales en Tamaulipas. Fue nombrado secretario general nacional en 1959 y tomó el liderazgo total en 1961.

Los ires y venires con el gobierno, de ahí en adelante, fueron con la misma persona. La Quina no fue muy querido por Adolfo López Mateos, pero en la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz el sindicato se volvió a enfrentar al gobierno. La razón: el director de Pemex, Jesús Reyes Heroles, les quitó contratos directos de exploración y perforación y otras prebendas. No se llegó a una crisis porque La Quina apostó bien en esos años: apoyó a Luis Echeverría como candidato a la presidencia, y le pegó.

Luis Echeverría

Luis Echeverría

De esta manera, los 70 fueron de maravilla para La Quina y los petroleros. El descubrimiento del yacimiento de Cantarell y el auge productor de México trajo tanto dinero que éste fácilmente podía repartirse entre el gobierno y el sindicato, sin necesidad de atender “tonterías” como la eficiencia y la productividad.

Pero llegó 1982, y con éste, la crisis petrolera mundial, la financiera mexicana y el alejamiento del gobierno priista. Hay razones muy específicas para el desencuentro entre Salinas y La Quina. De la mano de la “Renovación Moral de la Sociedad” un lema del presidente Miguel de la Madrid, el director lopezportillista de Pemex, Jorge Díaz Serrano, fue a dar a la cárcel.

El gobierno comenzó a restarle nuevas prebendas al sindicato: los contratos exclusivos de transporte con su flota y, muy doloroso, el 2% que se llevaba como “compensación” por cualquier contrato entre Pemex y un proveedor externo: millones de pesos, que se eliminaron en 1984. Los autores materiales de esto: Salinas y el director de Pemex, Mario Ramón Beteta, a quien La Quina llamó públicamente “banquero de cuarta”.

En medio de este conflicto hay que resaltar el accidente del 19 de noviembre de 1984 en San Juan Ixhuatepec, una explosión en una planta de Pemex que mató entre 400 y 600 personas y que en su momento alimentó varias teorías conspiratorias que nunca pudieron investigarse.

Accidente del 19 de noviembre de 1984 en San Juan Ixhuatepec

Accidente del 19 de noviembre de 1984 en San Juan Ixhuatepec

Así llegó el momento de la elección de Salinas y luego, el Quinazo. Los años que siguieron fueron de franca retirada para el sindicato. Sebastián Guzmán Cabrera, que ascendió en 1989, le cedió el cargo a Carlos Romero Deschamps en 1993, quien permanece hasta hoy, 25 años después.

El pequeño espacio para negociar

Uno de los paquetes más pesados que tendrá en las manos AMLO es el del Pemex y su sindicato. El casi presidente electo se autoencomendó aumentar la producción de petróleo del país, vía Pemex, y hacerlo de forma eficiente. Al mismo tiempo, debe incrementar la generación de gasolinas para volver al país autosuficiente en tres años y eliminar la corrupción y el dispendio en la paraestatal.

Para todo ello no tiene más remedio que trabajar con el STPRM y, por el momento, con Romero Deschamps. Primer problema: el líder es uno de los máximos símbolos de la corrupción del sistema priista que supuestamente habría que dejar atrás. Su gran fortuna y el derroche a la vista de todos tienen a más de un morenista interesado en verlo tras las rejas en un futuro muy próximo.

Carlos Romero Deschamps

Carlos Romero Deschamps

A eso pareció comprometerse AMLO durante la campaña presidencial. Por ejemplo, está el mitin en Minatitlán, Veracruz, reportado el 27 de mayo pasado por Misael Zavala, de El Universal, donde la cita textual dice: “Se acabó el cacicazgo en el manejo del sindicato petrolero, llegó a su fin. Si me entienden, verdad”.

No bien declarado su triunfo en las elecciones, el 8 de julio pasado, algunas organizaciones disidentes, como la Alianza Nacional Democrática de Trabajadores Petroleros, la Gran Alianza Nacional Petrolera y Petroleros Activos en Evolución por un México Nuevo, exigieron la salida de Romero Deschamps, según lo reportó Rocío Olvera, de Sin Embargo.

Otros, como la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros, se aventaron incluso la puntada de proponer a su dirigente, Pablo López Figueroa, como director de Pemex, según consigna Proceso.

Sin embargo, la futura secretaria de Energía, Rocío Nahle, ha tomado un papel mucho más diplomático, desde enero pasado, cuando le decía al columnista Atzayaelh Torres, de El Financiero que “…los trabajadores tienen que resolver su cuestión interna y vamos a respetar la autonomía, pero se va a acabar el dispendio, se van a acabar los excesos…”.

El viernes pasado, 3 de agosto, Nahle ratificó esta posición, al negar (a pregunta expresa) que a Romero Deschamps le iría como a La Quina y asegurar que no habría “cacería de brujas” de líderes sindicales.

Sin embargo, algo tendrá que hacer, junto con el agrónomo Octavio Romero Oropeza, futuro director de Pemex. La lógica de administración y la presión política exigen la remoción del líder de los petroleros. Lo que es más, se tiene que convencer al sindicato de ceder prebendas y otros pagos legales o ilegales, sin una reacción negativa y sin que se pierda el control de los agremiados.

Octavio Romero Oropeza

Octavio Romero Oropeza, futuro director de Pemex

Bajo ese principio los escenarios más probables serían 1) una salida negociada por parte de Romero Deschamps, quien se iría con sus millones al retiro o 2) una salida policiaca que lo deje en la cárcel, junto con una renovación generalizada de cuadros en el sindicato.

Bajo la lógica política, la salida pacífica sería muy viable, a pesar de las protestas de un sector del morenismo. Pero la lógica de una administración sana de Pemex hace más probable un enfrentamiento entre el gobierno naciente y el sindicato, con viejo o nuevo liderazgo. El obvio contubernio entre personal de Pemex y la mafia del robo de gasolina en todo el país es sólo un aspecto de todo lo que hay que limpiar.

Como se ve, es muy pequeño el margen entre dar el Quinazo o dejar las cosas como están, un lujo que la nueva administración no se puede dar.

Perdonarán la extensión de esta columna, pero si les quedan ganas pueden leer más al respecto en las siguientes fuentes consultadas: A la sombra de la Revolución Mexicana, de Héctor Aguilar Camín y Lorenzo Meyer (Cal y Arena, 2008); El sindicalismo petrolero mexicano en perspectiva: 1911-1989, de Jorge González Rodarte y, claro, Historia de la expropación de las empresas petroleras, de Jesús Silva Herzog (IMIE, 1943).

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

También podría interesarte:

Comentarios