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Opinión

Coronavirus: Cómo ahuyentar la soledad en tiempos del COVID-19

08-04-2020, 7:36:12 AM Por:
Adulto mayor
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La salud urbana contemporánea se mide por la calidad de las interacciones, y nuestras ciudades están ahora transitoriamente enfermas de soledad, y los más vulnerables son las personas de la tercera edad.

Por Cristina Mateo*

Recluidos en nuestras viviendas, idealizamos como nunca la noción de “salir”, definitoria de la experiencia urbana. Salir, ahora también salimos. A través de nuestras pantallas nos conectamos con otros colectivos afines, dentro de los 6 grados de separación que hay entre toda la humanidad, pero eso no es suficiente, ni nos satisface la necesidad de contacto humano. Padecemos soledad, aunque residamos en familia, o solos sin quererlo, como muchos de nuestros ancianos.

La salud urbana contemporánea se mide por la calidad de las interacciones, y nuestras ciudades están ahora transitoriamente enfermas. Desde hace ya unos días nos hemos dado cuenta de que cuando salimos, solo vemos a gente sola, con mascarillas y guantes, y rehuyendo todo contacto.

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Este es el momento de repensar nuestras ciudades de una manera interdisciplinaria. Desde el diseño, las ciudades se han venido adaptado a diferentes epidemias, contribuyendo mediante la planificación urbana y la arquitectura, a lo que se llama una distancia social, para evitar riesgos infecciosos. Y en la actualidad, con la epidemia del COVID-19 ya se habla de que los espacios públicos van a diseñarse con mucho mayor nivel de automatización para evitar posibles contagios: puertas automáticas, ascensores activados por voz, interruptores y controles de temperatura activos sin contacto, etc.

Sin embargo, hay que ser conscientes de que nuestras ciudades sufren otra epidemia que ya estaba aquí antes del COVID-19: la soledad. Una epidemia que sufren especialmente nuestros mayores, colectivo que en particular hay que atender, para evitar que, pasado el confinamiento por el coronavirus, sigan recluidos, aislados y solos.

 Se trata de un segmento de población que está creciendo rápidamente en América Latina, con una edad longevidad promedio en América Latina de 72 años para los hombres y 78 para las mujeres. En Buenos Aires, por ejemplo, la esperanza en 2016 rozaba los 77 años para ambos sexos, lo mismo que en Bogotá y 75 en México, donde se esperaba que alcance los 76.5 en 2050.

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Claro que parece que hay esperanza. Desde la aparición del virus, estamos observando iniciativas que buscan promover la interacción social, reducir la sensación de soledad, salir del aislamiento para buscar sentirnos cerca, apuntando a un tiempo nuevo para la experiencia de lo urbano:

  1. Iniciativas de diplomacia urbana que usan edificios icónicos como mensajeros de solidaridad y apoyo, así como para educar y crear conciencia.

Edificios emblemáticos como el Burj Khalifa en Dubai, se iluminó con los colores de la bandera de España y el mensaje #GraciasProfesionalesSanitarios, pero también el puente Sheikh Zayed de Zaha Hadid, y la sede de ADNOC, diseñado por HOK, ambos en Abu Dhabi, siguieron iniciativas del gobierno chino, que fue el primero en usar pantallas que cubrían edificios completos para crear poderosas imágenes de esperanza y solidaridad.

2. Iniciativas de carácter más o menos espontáneo, y altruista, que buscan reproducir el efecto efusivo que se produce cuando hay encuentros multitudinarios y que temporalmente, generan una sensación de comunidad.

A medida que el virus se ha extendido hemos asistido a una sucesión de cancelación, aplazamiento o traslado al entorno online de eventos, que concitan encuentros e intercambios: el Mobile en Barcelona, el SXSW, en Austin (EEUU), con 34 años de historia, el festival de cine de Cannes, el carnaval de Venecia, que no paró ni con la peste del año 1300, las Fallas, la Semana Santa en España, y los Juegos Olímpicos, por citar solo unos cuantos. Frente a esto, se han producido expresiones culturales de solidaridad que se han viralizado: las canciones desde los balcones y terrazas para animar a la población vecinal, y verdaderos festivales como el #YoMeQuedoEnCasaFestival, con un cartel de más de 40 artistas que emiten conciertos de hasta una hora en los directos de Instagram. Y es que las redes sociales se están convirtiendo en los generadores de una creatividad solidaria. En TikTok, los adolescentes están creando memes que les mantienen ocupados, mientras que en Twitter, el hashtag #HighRiskCovid19 es un agregador de opiniones de personas con situaciones de fragilidad que pueden de esta manera difundir información desde su experiencia personal.

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3. Iniciativas de cooperación, que nos remiten al rol de la vecindad, como generador de afiliación.

Desde intercambios de libros, a preparación y entrega de comida a domicilio difundida a través de Twitter: #YoTeCocino, a la clase de fitness desde el patio central para los vecinos de los distintos bloques, pasando por los vídeos de doctores en Irán, bailando para mejorar el estado de ánimo de sus pacientes, y por supuesto, los aplausos diarios al personal sanitario. Todos ellos denotan el despertar de un aletargado espíritu vecinal que nos remonta a tiempos que quizás nunca conocimos, donde unos vecinos cuidaban de otros, y en los que a diferencia de las primeras generaciones que provenían del éxodo rural, ahora se produce de forma intergeneracional, entre boomers, y generaciones que van de la X, a la Z.

En definitiva, frente a una epidemia que nos obliga a un aislamiento obligatorio, y a salidas dirigidas: al supermercado, a la farmacia… nos sorprendemos por este espíritu a veces espontáneo, a menudo clónico, pero en cualquier caso, lúdico-constructivo que nos obliga a examinarnos críticamente, a nosotros y la soledad de nuestras ciudades.

Este es un tiempo para practicar la esperanza, y para pensar que cuando acabe y salgamos de nuevo, lo haremos para practicar “la deriva” de los situacionistas, que como Guy Debord, buscaban salir de las rutinas diarias y mirar la ciudad de una forma distinta. Una nueva forma que incluya pensar cómo movernos por ella, y cómo relacionarnos entre sí, incluyendo a los más vulnerables, a nuestros ancianos. Un transporte público accesible, aceras niveladas, bancos con sombra donde sentarse, buena iluminación callejera, y baños públicos, pueden fomentar que ellos salgan y se relacionen. La esencia de lo urbano, es la interacción social. La de todos. No debemos olvidarlo.

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*Cristina Mateo es Vicedecana IE School of Architecture and Design

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