Opinión

Nuestra salud en el futuro: un Black Mirror de Disney

Todos deseamos que la tecnología nos permita hacer más (y mejor) con menos recursos, especialmente en temas de salud. En el fondo todo el mundo dice que quiere el cambio, pero nadie quiere cambiar.

30-04-2018, 12:42:29 PM
Black Mirror

Por Frederic Llordachs, Co fundador de Doctoralia

Estamos acostumbrándonos a escuchar que las innovaciones tecnológicas de todo tipo van a hacer que el ser humano pueda vivir sin sufrimiento casi eternamente: semillas mágicas como las habichuelas del cuento, que vivan sin agua y encima sean terapéuticas, píldoras de colores que nos alargarán la vida más allá de los 200 años, terapias génicas que acaben con el cáncer, implantes cerebrales que nos permitan trascender miles de años, que nuestra muerte no suceda y nuestro yo consciente se quede en una nube no celestial, sino en unos servidores virtualizados.

Esperamos vivir en una especie de capítulo de la distópica serie de la BBC Black Mirror (cualquier aspirante a visionario ha visto todas las temporadas), pero como si lo produjera el más dulce Disney y el protagonista fuese Mickey Mouse y quizá un Ungenio Tarconi, el inventor de la familia McPato, muy benigno y edulcorado.

Pero de vez en cuando ese capítulo ideal nos muestra su cara menos amable. Como ejemplo, el sueño de una emprendedora de San Francisco de sacar resultados analíticos sin sacar sangre con una aguja que resultó ser una estafa (el caso de Theranos). Un ejemplo que nos muestra que el dicho de Silicon Valley de “Fake it till you make it” no puede ni debe emplearse en temas de salud. Las regulaciones son severas, y no se puede montar una empresa biotecnológica sin expertos en biotecnología, por muy egresado de Stanford o del MIT que se sea.

Otra noticia menos sonora ha sido la rotura de vínculo del MIT con Nectome, la compañía que pretende poder descargar la mente de pacientes terminales en un terminal de ordenador. El principal motivo: el mensaje de esperanza excesiva que publicitaban, pretendiendo que mantienen la conciencia del individuo. Una vez más es el exceso de expectativas del proyecto en algo tan delicado como la vida de uno mismo y sus seres queridos lo que pone en alerta a los académicos.

A pesar de estas incursiones en el Black Mirror oscuro, todos deseamos que la tecnología nos permita hacer más (y mejor) con menos recursos, especialmente en temas de salud. Muchos de los retos de la OMS tienen como única esperanza de mejora universal  y a corto plazo la tecnología. La extensión de una salud universal en un sistema público reclama sin duda medidas que solo la tecnología puede brindar. Medidas como un traje virtual  mediante Inteligencia Artificial desde sus domicilios harían más eficiente el flujo de pacientes a los recursos sanitarios existentes, que obtendrían cita online de forma ordenada y sin esperas al teléfono.

El NHS está haciendo sus pinitos con Babylon Health en este sentido. También en temas de prevención o en el seguimiento de pacientes crónicos (incluyendo la salud mental) tanto la sensorización como la teleasistencia tienen mucho que brindar. Poblaciones envejecidas tendrán sin duda asistentes y cuidadores digitales que sean incansables y que hayan aprendido a ser empáticos, en el más puro estilo Big Hero 6 de Disney.

A menudo, para disuadir frente a la innovación en sanidad también se habla de los ejemplos de Black Mirror. Se habla de cibersabotaje, cuando es debido a un mal mantenimiento de versiones de software por tacañería y vagancia. Se habla de problemas de protección de datos, cuando en realidad como ciudadanos nos pertenece la gestión de todos nuestros datos, y por tanto debemos poder decidir si queremos participar en estudios clínicos y terapias novedosas. También se habla de la falta de pruebas de validez clínica de la eHealth, poniendo trabas a la salud digital a gran escala en vez de ponerse manos a la obra a testear.

Es fácil y barato poner excusas para que todo se quede más o menos como está. En el fondo todo el mundo dice que quiere el cambio, pero nadie quiere cambiar. Pero todos sabemos que ese cambio tan esperado llegará, porque sabemos que las historias de Disney siempre tienen final feliz.

*El autor es cofundador y socio de Doctoralia, la plataforma mundial líder que conecta profesionales de la salud con pacientes, donde es responsable de Global Business Development.

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