Historias

Okinawa, espejismo tropical

Es un peculiar rincón de Japón poblada por exóticas especies, castillos de antaño, una rara mezcla cultural y delicias tan peculiares como inolvidables.

14-07-2009, 5:00:00 PM

Para llegar a Okinawa debes volar desde Osaka; el vuelo dura muy poco, la temperatura sube unos cuantos grados y sientes que llegas a una especie de trópico japonés.


Arrecifes y playas solitarias
Los arrecifes que rodean la isla son ricos en vida marina y equiparables a los de Australia. En especial los que se ubican en el área oeste, desde Onna Village hasta la península Hedo Misaki, donde se ubica el Okinawa Coast Quasi National Park, que concentra el mayor atractivo de la isla.


Con tan sólo un snorkel, pudes disfrutar de la vista de extrañas especies que nadan a poca profundidad: damiselas multicolor, cuatro rayas, impresionantes ballestas níger y payaso, peces ángel, y el increíble pez escorpión, entre otros. Por otra parte, la costa oeste ofrece una zona boscosa que contrasta con el resto de la isla. Allí puedes organizar una caminata para conocer las cascadas Hiji, un refrescante recorrido a pie.


Boato de otra época
A lo largo de Okinawa, en sus años de esplendor, fueron construidos varios palacios. Pero hoy, definitivamente el castillo Shuri-jõ, del siglo XIV, es la atracción principal en lo que se refiere a monumentos históricos.


El precioso edificio de madera, que representa la legendaria dinastía Ryûkyû, propone la armonía entre la influencia china y los detalles de la cultura japonesa. El rojo, blanco y amarillo le otorgan un aire de calidez y opulencia. Posteriormente, si deseas conocer más sobre las tradiciones y cultura que unificaron a las islas de Okinawa, debes visitar Ryûkyû Mura, parque temático con réplicas de la atmósfera de esta dinastía.


Extraña fusión
La gente en Okinawa es extremadamente amable y hospitalaria. Quizá la explicación está en los dos importantes conceptos por los que se rigen: el ichariba chodei, que significa “somos hermanos una vez que nos hemos presentado”, y el yuimaru, “un corazón cálido y amigable para ayudarnos unos a otros”.


Así, la ciudad tiene un ritmo distinto y una mezcla cultural única, muy diferente de la que puede apreciarse en el resto del país. El ambiente relajado con el que viven sus habitantes tal vez sea resultado del clima, pero, sin duda, algo tiene que ver la gran influencia que ha recibido –dada la cercanía geográfica– de China y Taiwán. A ello se agrega que, durante las primeras décadas del siglo pasado, el gobierno local promovió la migración hacia Brasil, Perú y Argentina. Con el tiempo, aquellos japoneses regresaron a su tierra con hijos procreados en Sudamérica y con las costumbres que adoptaron en aquellos lugares remotos. ¡Sorprende tanto escuchar a un japonés con acento brasileño y encontrar feijaos en el mercado!


Además, desde mediados del siglo pasado, algunas bases del ejército norteamericano instaladas en Okinawa aportaron una pequeña comunidad norteamericana. Durante un tiempo, me comentó Kano, el dólar fue la moneda oficial en la isla.