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Margarita Zavala impulsa a López Obrador… y al PRI

La pelea entre Margarita Zavala y Ricardo Anaya derivó en una renuncia al PAN que beneficia en las cuentas al candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

09-10-2017, 6:10:35 AM

La salida de Margarita Zavala del Partido Acción Nacional y su búsqueda de una candidatura independiente aumentan las posibilidades de que Andrés Manuel López Obrador esté durmiendo en Palacio Nacional en 14 meses. Sin duda no es su propósito, pero sí es el impacto que puede llegar a esperarse, dada la fragmentación del voto que implicará su acción.

¿Cuántos panistas (y no panistas) marcarían en la boleta electoral 2018 su preferencia por Zavala Gómez del Campo? Imposible de saber. Puede ser que su candidatura independiente “prenda” con fuerza y (como lo consiguieron Jaime Rodríguez en Nuevo León y Pedro Kumamoto en Zapopan) llegue a la victoria. O bien puede seguir el camino de una correligionaria blanquiazul, Josefina Vázquez Mota, y acabar perdiendo mucho del apoyo que hoy parece tener después de una mala campaña. Pero de estar en la boleta, eso es seguro, atraerá sufragios. Esos votos serán por personas, casi todos, que sin duda nunca lo harían por el candidato del Movimiento de Regeneración Nacional.

No es de sorprender que ahora Zavala tenga ahora un ardiente porrista en el político tabasqueño, quien le aplaudió en un tuit ribeteado de machismo:

La posible boleta electoral de 2018

El único candidato seguro y en campaña desde hace años (burlándose de paso de la legislación correspondiente y el Instituto Nacional Electoral) es AMLO. La boleta 2018 es un misterio y las encuestas sólo son ejercicios hipotéticos con nombres de candidatos posibles que probablemente no lo serán (destacadamente el caso de Miguel Ángel Osorio Chong, como en formar peculiar lo dijo López Obrador en el mismo tuit que aplaudió la rebelión de Zavala).

Se puede especular que Ricardo Anaya será el candidato del llamado Frente Ciudadano (PAN-PRD-MC). Después de todo, el queretano ha mostrado que no le importa partir a su partido para lograr su ambición. Independientemente de esa pública costumbre que tiene de apuñalar de frente o por la espalda a otrora aliados (y, claro, sus rivales), puede ser un buen candidato. Tiene ideas y potente capacidad de debate, y con una campaña intensa sus posibilidades de ganar son significativas. La mejor carta que ahora tiene el PAN es otra, igual de un estado central: el guanajuatense Juan Carlos Romero Hicks (actual senador y exgobernador). Pero todo indica que Anaya se impondrá sobre este y otro rival potente, el poblano Rafael Moreno Valle Rosas. Con PAN-PRD-MC unidos (y quizá Nueva Alianza, si le llegan al precio) no es una coalición despreciable.

¿El candidato del PRI? En la recta final aparecen dos: José Antonio Meade (titular de Hacienda) y José Narro Robles (Salud). Meade tiene la desventaja de no ser priista (lo que aleja a ciertos militantes con credencial) y en cambio Narro lo ha sido por largo tiempo. Pero Narro tiene prestigio (habiendo sido Rector de la mítica UNAM) y trayectoria administrativa, pero para efectos prácticos tendría que trabajar mucho para hacerse atractivo entre el electorado. Aparte está el problema de la edad (cumpliría 70 años después de jurar el cargo). Si el presidente Peña Nieto quiere indicar con su dedazo a alguien con posibilidades reales de sucederlo, es Meade. El veterano de cuatro Secretarías de Estado (Energía, Relaciones Exteriores y Desarrollo Social además de SHCP) sería otro candidato potente.

Entre los varios aspirantes independientes que se barajan, puede ser que dos o tres obtendrán las firmas suficientes (casi 870 mil, no poca cosa). Puede esperarse que uno de ellos despierte interés y arrastre. No Jaime Rodríguez (decepción total como gobernador de Nuevo León), pero puede ser precisamente Margarita Zavala. Otra posibilidad es el senador Armando Ríos Piter (ex perredista), si bien tiene que remontar que es un desconocido a nivel nacional, aparte de su triste papel permitiendo un nombramiento a todas luces ilegal en el INEGI. Tanto Anaya como Ríos Piter buscarán presentarse como el soñado “Macron mexicano” (aunque hoy estén a años luz de la enjundia que mostró el ahora Presidente de Francia).

Una hipotética batalla a cuartos

Una batalla entre cuatro (ya no digamos cinco) es el sueño de López Obrador. Su rechazo popular es enorme. En 2012 pesó en su contra su berrinche (y violencia asociada) de proclamarse “Presidente Legítimo” en 2006. Sus cantaletas de fraude sólo tienen resonancia entre sus conversos (Morena se asemeja más a una secta centrada en un mesías que un partido político). Además de todo están sus desastrosas propuestas económicas. La combinación de autoritarismo y demagogia lleva a que muchos tengan claro que votarían, sí, pero contra su persona.

Con un campo fragmentado, y sin una segunda vuelta electoral, el tabasqueño puede ser electo Presidente con 30 por ciento del voto (obtuvo 31.6 por ciento en 2012), con el segundo lugar obteniendo ligeramente menos, y el resto de los candidatos partiéndose el resto (con tercer y cuarto lugar con votos alrededor o arriba del 20 por ciento). Por supuesto, lo mismo puede decirse de Meade, Anaya o Zavala, pero AMLO tiene un voto duro, y lo que se puede dividir entre varios candidatos fuertes es la votación “anti-AMLO”.

El tres veces candidato presidencial no es el único en apostarle a la fragmentación. El voto anti-PRI también es significativo, más considerando un sexenio en que ha campeado la corrupción y además no se ha logrado abatir la inseguridad, que al contrario va de nuevo al alza. Un Meade o un Narro también se verían beneficiados por una candidata como Margarita Zavala, que por definición restaría votos al candidato de una coalición que incluya al PAN.

El “voto útil” fue una realidad en 2000 (contra el PRI, favoreciendo a Vicente Fox) y en 2006 (contra López Obrador, en apoyo de Felipe Calderón). Varios candidatos con fuerza no permitirían cuajar una tendencia similar. Lo cierto es que la renuncia de Zavala al partido político de toda su vida ha modificado significativamente el tablero electoral para el año entrante.

El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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