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“Lulismo”, atractivo para América Latina

Uruguay, Paraguay y ahora Perú han intentado replicar la política económica de Lula da Silva en Brasil, sin embargo, los tamaños de sus economías les impiden alcanzar el mismo éxito.

23-06-2011, 8:40:20 AM
23 de Junio de 2011

 

La victoria de
Ollanta Humala en los comicios del 5 de junio en Perú dio muestra que cada vez
más países latinoamericanos están interesados en reproducir el modelo de Luiz
Inácio Lula da Silva en Brasil: una
mezcla de políticas pro mercado y programas sociales
.

A este particular
estilo de gobierno se le ha denominado  Consenso de Brasilia o “Lulismo”.

El ex líder sindical
creó una envidiable fórmula electoral durante sus ocho años en el poder, que incluyó
grandes iniciativas para reducir la pobreza
complaciendo a la vez a los banqueros de Wall Street y llevando a Brasil a la liga de potencias emergentes como China e India.

El izquierdista
Mauricio Funes ganó la presidencia de El Salvador en el 2009, liderando un
partido compuesto por ex guerrilleros marxistas, tras convencer a suficientes
votantes de clase media de que su Gobierno estaría inspirado en el de Lula y no
en el del presidente socialista venezolano, Hugo Chávez.

Uno de los
principales estrategas electorales de Lula ayudó incluso a delinear la campaña
de Funes y otros ex asesores del Partido de los Trabajadores (PT) del ex
mandatario brasileño colaboraron con la carrera electoral de Humala en Perú.

En Sudamérica, varios líderes han optado por tomar el
camino de Lula
, siendo el caso más notable el de José “Pepe”
Mujica, un ex guerrillero que fue elegido presidente de Uruguay en el 2009.

El mandatario de Paraguay, Fernando Lugo, también ha
evitado copiar las políticas de izquierda más radicales de la región desde que
se sentó en el sillón presidencial en el 2008.

Y apuntar al modelo
de Lula parece ser ahora lo más inteligente para cualquier candidato
izquierdista en Latinoamérica que busque mitigar los temores de los votantes a
que sea demasiado radical.

“Lula
representa la izquierda madura, moderna del siglo XXI: pro-mercado,
pro-inversiones y pro-inclusión social”, dijo Yehude Simon, un ex
izquierdista radical que fue primer ministro del actual presidente peruano,
Alan García.

Para muchos, el modelo
de Lula ofrece una vía de atender a los pobres e inversores al mismo tiempo.

“Brasil es la
estrella polar, la referencia para un montón de gobiernos como un ejemplo de
éxito”, dijo Michael Shifter, presidente del Inter-American Dialogue en
Washington.

Más fácil decirlo
que hacerlo

Aun así, copiar la
fórmula de Lula es más fácil de decir que de hacer, como Humala podría
descubrir en los próximos meses.

La presidencia de
Lula -que abarcó dos mandatos y finalizó el 1 de enero con la jura de candidata
y protegida, Dilma Rousseff– se
construyó en un largo viaje hacia el centro político por parte del PT, una
sostenida bonanza en los precios mundiales de las materias primas y su propio y
magnético carisma.

En cambio, la
adopción de políticas de centroizquierda por parte de Humala llegó mucho
después y su partido carece de la fuerza institucional del PT brasileño.

El mismo Lula saludó
el triunfo de Humala como un paso más en Latinoamérica hacia la izquierda
progresista, en que incluyó al venezolano Chávez y a sus más cercanos
discípulos y pares, el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa.

¿Lula o Chávez?

Pero ha habido desde
hace tiempo una clara división entre la estampa de socialismo más radical de
Chávez, opuesta a la influencia de Estados Unidos, y la versión más moderada de
Lula.

Últimamente, es el “Lulismo” el que ha ganado terreno, mientras que la
alianza socialista antiestadounidense encabezada por Chávez se ha visto con
problemas.

Las economías del
bloque izquierdista liderado por Chávez se han visto atribuladas, en su
mayoría. Venezuela no ha sido capaz de contener una inflación de dos dígitos y
el crecimiento económico ha sido dispar.

El sector privado se
ha encogido, las empresas estatizadas han rendido pobremente y hay una
frecuente escasez de bienes básicos.

“El Chávez del
2006 no es nada comparado con el Chávez del 2011. Cometió una serie de errores.
Chávez puede ser muy amistoso y encantador, pero a veces es muy
autoritario”, añadió el peruano Simon.

Para ganar la
confianza de los votantes y aparecer conciliador, Humala -quien perdió la
elección del 2006 con una plataforma ultranacionalista que asustó a los
inversores- codificó en una carta a los peruanos sus promesas de combatir la
inflación y mantener una prudente postura fiscal.

La táctica fue
tomada directamente de Lula, quien en su cuarto intento ganó la presidencia en
el 2002 tras mostrarse como un moderado.

Humala también
quiere emular otro pilar del “Lulismo”: las políticas de distribución
de la riqueza que en Brasil han ayudado a sacar a millones de personas de la
extrema pobreza para insertarlos en la clase media.

Perú y otros países
en la región tienen presupuestos mucho menores, lo que limita la capacidad de
sus gobiernos de copiar el fuerte gasto de Lula en programas sociales.

Sus economías también son mucho menos diversificadas
que las de Brasil, de modo que son más vulnerables a impactos económicos
causados por una caída en las materias primas.