Opinión

Los ganadores y perdedores de la coalición PAN, PRD y MC

Sergio Negrete nos presenta un análisis de quién gana y quién pierde con la coalición “Por México al Frente”, integrada por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.

13-12-2017, 8:21:17 AM
Por México al Frente, Mancera, Anaya, Delgado, PAN, PRD, MC, Movimienrto Ciudadano

Oficialmente acabó llamándose “Por México al Frente”. Es un champurrado extraño hasta para el pragmatismo mexicano. Pero es que el tema no es ideológico, sino de poder. Un matrimonio extraño de conveniencia en que hay algo para todas las partes. Pero en este caso las partes que se han servido con la cuchara grande han sido los líderes partidistas, en mucho ignorando a sus propias instituciones. El Frente es un Pacto entre los respectivos caciques. Cada uno aportó sangre para la mezcla en común, pero no era propia, sino de su partido.

Partiendo el PAN

Quizá el mayor perdedor institucional sea Acción Nacional. Ricardo Anaya mostró cualidades de político, aunque quizá no las más atractivas, y sin duda con inusual descaro: se apoderó de la estructura del PAN y la utilizó en beneficio propio. En cierta forma cometió parricidio doble, no sólo aplastando al antecesor que le abrió camino (Gustavo Madero), sino a su propio partido.

Nunca un Presidente del PAN había usado su posición para hacerse con la candidatura presidencial del blanquiazul. Personalidades fuertes (Clouthier, Fernández de Cevallos, Fox) o militantes de muy larga y reconocida trayectoria (Pablo Emilio Madero, Calderón) eran competidores por la candidatura, que había que ganarse, no apropiarse. La candidatura de Ricardo Anaya es para efectos prácticos un autodedazo tan descarado y mal disfrazado como el de Andrés Manuel López Obrador en su Movimiento Regeneración Nacional.

No significa que Anaya no pueda ser un candidato competitivo. Tiene sin duda la ambición que caracterizó a un Fox en 2000 (y falló estrepitosamente a Fernández de Cevallos en 1994). Seguramente trabajará por ganarse al electorado con el mismo denuedo con el que aplastó a sus rivales y la militancia dentro del blanquiazul. Su habilidad con ideas y oratoria son probadas, como le mostró incluso a un viejo lobo de la política como es Manlio Fabio Beltrones. No tiene rubor alguno para utilizar la demagogia con descaro, como ya lo muestra al presentar con enjundia (aunque sin bases sólidas) la idea de una Renta Básica Universal. Con ello reafirma que el pragmatismo (el suyo propio) prima sobre la ideología que podía tener Acción Nacional. El candidato frentista es una peculiar mezcla: el “joven maravilla” y, como le apodan sus detractores, el cAnaya.

La gran incógnita futura es lo que implicará esa ambición para su partido. Anaya no quiso pactar nada, incluyendo una competencia interna que hubiera dado posibilidades a Margarita Zavala y otros. La salida de Zavala, y el alejamiento de sus simpatizantes, incluyendo por supuesto a Felipe Calderón, representan un desgajamiento del PAN. No se sabe si son migajas o un trozo que mostrará haber sido parte central del mismo, lo cierto es que Anaya acabó partiendo a su partido con tal de quedarse con la candidatura. Para ello le vino como anillo al dedo el debilitamiento del PRD.

El Sol Azteca eclipsado

Porque Anaya operó con habilidad despiadada en dos frentes: al interior del partido y construyendo una coalición. Para ello contaba con el beneplácito de Alejandra Barrales, al cabo con una ambición similar, pero enfocada en la capital del país. Pero la líder enfrentaba un obstáculo formidable: el surgimiento de Morena.

Porque Morena, creado por Andrés Manuel López Obrador como plataforma para sus ambiciones presidenciales, había logrado lo que parecía imposible: desbarrancar al PRD de su principal fortaleza, la Ciudad de México. Ayudó, y no poco, la mediocre gestión de Miguel Ángel Mancera al frente del gobierno local. Mancera parecía más interesado en el brillo personal, y en mudarse a Palacio Nacional, que en gobernar. Buscó una agenda nacional (como fue aumentar el salario mínimo) y un proyecto de envergadura, la Constitución de la Ciudad de México. Ninguno tuvo impacto en el bienestar de los capitalinos, en tanto la megalópolis quedó como campo fértil para la criminalidad. La fuerza política de López Obrador y la mala gestión mancerista fueron claves en el eclipse del sol azteca por parte de Morena desde las elecciones intermedias de 2015.

Así, el PRD llegó a la cita de 2018 sin un candidato sólido para Los Pinos. Ningún otro de los gobernadores dio el ancho, a pesar de sus evidentes ambiciones (destacadamente el de Morelos). Para tratar de mantener la capital no quedaba sino aliarse con otros partidos, ahí como el participante principal, pero a nivel federal como socio secundario. Mancera mostró, con todo, que el amor propio puede superar al desempeño alcanzado. Todavía trató de hacerse con la candidatura del Frente, aunque la ilusión le duró poco. Anaya no había llegado tan lejos como para ceder el puesto, y menos competir por el mismo.

Barrales tenía la misma ambición que Anaya: lograr para sí una candidatura. El PAN podría haber ganado por sí mismo la presidencia, pero el PRD se veía inerme ante Morena. Hoy Barrales se perfila para amarrar lo que deseaba, aunque enfrenta la competencia de Salomón Chertorivski, por más que la gestión de este en la Secretaría de Desarrollo Económico haya sido tan carente de resultados como la de su jefe.

Movimiento Ciudadano

El gran ganador a nivel de partido parece ser Movimiento Ciudadano. Dante Delgado se subió con habilidad a un carro en un plano de igualdad, al menos ante la opinión pública. MC habría sido un apéndice de Morena, y en cambio apareció como socio principal del Frente. Sin posibilidad alguna de ganar la presidencia por sí mismo, podrá negociar posiciones en la Cámara de Diputados y el Senado que le aseguren legisladores, y por supuesto presupuesto futuro. Delgado mostró la habilidad, que también sabe desplegar el liderazgo del Verde Ecologista (conocido ampliamente como el Verde Oportunista): encontrar al mejor postor para sus colores políticos. El otro poder dentro del partido, Enrique Alfaro, quien es el puntero para ser el próximo Gobernador de Jalisco, por otra parte se mostró poco favorable a deber favor alguno a PAN o PRD, y rechazó su apoyo. Ciertamente, el Alcalde de Guadalajara no los necesita.

MC siguió su estrategia habitual. Los que entran en un camino desconocido con PAN y PRD, que se unen en una aventura incierta, más todavía porque fue acordada debido a ambiciones estrictamente personales.

*El autor es doctor en Economía (Essex), economista (ITAM) y comunicólogo (UNAM). Profesor, Escuela de Negocios del ITESO, Investigador Asociado CEEY. Trabajó en el FMI.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.