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Lo que el sismo nos dejó y debemos defender ante EU y Canadá

Después del sismo, es momento de sabernos distintos, y el generar planes ante las adversidades. Sigamos siendo mexicanos en la acción y siendo solidarios y fuertes ante los escenarios negativos.

13-10-2017, 6:00:40 AM
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Solidaridad. Hace tiempo que esta palabra no tuvo tanto sentido para los mexicanos. Hace unos días, la tierra se cimbró y nosotros con ella, mostrándonos a la fuerza y a la unidad como elementos intrínsecos de esta nación.

Para nadie es sorpresa que el mes pasado haya sido catalogado como “septiembre negro”. Iniciamos con Katia, uno de los huracanes de mayor intensidad que a su paso dejó lluvias e inundaciones por casi todo el país. Seguimos con el sismo de 8.2° que sacudió a los estados del sureste y a la ciudad capital. La euforia de las fiestas patrias terminó con un movimiento de 7.1° con epicentro en los límites entre Morelos y Puebla, evento que, irónicamente ocurrió en la misma fecha que hace 32 años, dejando un saldo de más de 360 personas sin vida y severos daños en infraestructura a lo largo de la ciudad y estados.

Las dudas comienzan a agolparse porque es inevitable comparar los hechos de este año con lo ocurrido en 1985, y en ese sentido, se preguntarán por qué los resultados son tan diferentes. La respuesta es que, a partir del terremoto de dicho año, los códigos de construcción de la Ciudad de México fueron significativamente modificados, posicionándolos dentro de los más estrictos a nivel mundial.

Al momento de revisar los reglamentos de ese entonces se buscaron las mejores prácticas, tomando como referencia estándares de Europa y Japón, para así hacer una combinación de regulaciones que mejoraran la resiliencia contra los terremotos, misma que no sofocó el desarrollo de infraestructura. Por otra parte, las herramientas tecnológicas con las que se cuenta actualmente hacen una diferencia al momento de recopilar datos y utilizarlos eficazmente antes, durante y después de los eventos.

No obstante, si bien es cierto que como país hemos mejorado en materia de regulación, así como en la implementación de nuevas herramientas, también debe considerarse que tenemos varias áreas de oportunidad en cuanto a educación social y estrategias de contingencia se refiere. Sin embargo, el hecho de que estas cosas puedan suceder nos hace estar mejor preparados, pero también más resistentes como sociedad. El saber que algo puede suceder en cualquier momento nos vuelve más determinados y mejor capacitados para superar los retos que se presenten. Es en otros temas en los que esa preparación debe ser una constante también.

No debemos olvidar lo ocurrido hace unas semanas, entre otras razones, porque la ayuda tendrá que ser constante, por lo menos en un mediano plazo. Además, en lo sucesivo deberemos entender como una constante el unir fuerzas y tomar decisiones adecuadas para fomentar el desarrollo de los sectores económicos más sensibles para el país.

De esta forma, se nos presenta la pregunta ¿por qué no actuamos así siempre y no sólo ante contingencias de este tipo? La respuesta suele ser amplia y casi de manera obligada nos lleva a cuestionarnos, ¿qué sigue ahora para el país ante la agenda de temas que ya tenía ante sí? En forma destacada está la renegociación del TLCAN que continúa y con ella varios temas en los que debemos poner especial atención.

México ante la cuarta renegociación del TLCAN

En estos días en Washington se está discutiendo la cuarta ronda para la renegociación del TLCAN. En ese contexto nuestro país no se puede dar el lujo de dejar propuestas a la deriva y menos cuando Estados Unidos acaba de formalizar su petición de tener revisiones periódicas del Tratado cada cinco años.

Como en los ejercicios anteriores, una vez más México tendrá que poner sobre la mesa las propuestas que está dispuesto a aceptar y las que no. Pero, ¿cuáles están siendo los ejes rectores de esta cuarta renegociación? Esencialmente el foco permanece en los temas de materia laboral como son los salarios, así como las reglas de origen. Asimismo, se espera que para esta reunión se cierren los temas de competencia, comercio digital, mejores prácticas regulatorias, telecomunicaciones y la facilitación del comercio.

Entrando en materia, el tema que más preocupa a los mexicanos es aquel relacionado al aumento salarial y otros temas de empleo, pues la pretensión de los Estados Unidos es que a partir de esta renegociación exista una homologación de las condiciones laborales en los países miembros del Tratado. A pesar del buen ejercicio que nuestros representantes puedan hacer, es un hecho que lograr una homologación que incluya temas como aumentos salariales son cuestiones realmente complicadas de alcanzar con los pies en la Tierra.

Esto es porque existe una serie de asimetrías entre las tres naciones en cuanto a materia laboral, las cuales no pueden ser resueltas a través de una negociación y de tajo. El Tratado no puede lograr esos fines, como tampoco lo podría si se pretendiera, por ejemplo, negociar la infraestructura, recursos naturales o condiciones climatológicas.

No podemos pretender que en México se haga un cambio porque los otros países involucrados establezcan que por decreto se van a tener que subir los salarios y se van a estandarizar las condiciones laborales, lo cual en pocas palabras resulta absurdo. Lo que se puede hacer es que con el tiempo exista una mayor competitividad y calidad que permita mejorar las condiciones de trabajo, algo con lo cual nadie puede estar peleado.

Hay que señalar que en esta coyuntura se presentan nubes en el horizonte que incluyen la posibilidad real de que los negociadores de los Estados Unidos se quiten la careta y busquen la excusa para dar lugar a la pretensión de su jefe de ir y presentar el aviso de terminación que marca el artículo 2205 del Tratado (denunciar el acuerdo para una salida en 6 meses). Eso no nos puede amedrentar. Debemos saber que por un lado hay pesos y contrapesos en los Estados Unidos que montarían una ofensiva judicial para cuestionar la autoridad del Ejecutivo de hacer algo así (independientemente de lo que diga el Tratado existen leyes que implementaron el Tratado en ese país y que no se pueden desconocer por el Ejecutivo por plumazo).

Por otro lado, también hay enormes sectores económicos y poblacionales en los EU que se verían muy afectados al momento de que el Tratado deje de operar.  Es ese cúmulo de consecuencias las que pueden ser los factores que coadyuven a evitar el fin del Tratado. No obstante, de nuestro lado de la frontera es momento de sabernos con escenarios distintos, y el generar un plan B ante la eventualidad de un Tratado denunciado misión obligada. Sigamos siendo mexicanos en la acción y siendo solidarios y fuertes ante posibles adversidades. Por ello el espíritu solidario y de suma es hoy una necesidad permanente y no una eventualidad.

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Sitio web: Hogan Lovells

Juan Francisco Torres Landa R. es socio director de Hogan Lovells México

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